Por Ricardo “Lolo” Gomez

“No dejaremos de lado la posibilidad de continuar ejerciendo una lucha permanente por nuestras ideas y nuestra cultura, que aunque no podamos vencer, al menos RESISTIREMOS”.

Los recuerdos siempre permanecen activos, aunque los reprimamos, aunque intentemos modificar el estatuto de las imágenes, aunque tomemos cierto distanciamiento que contribuya a atenuar el dolor. Siempre tuvimos claro, que recuperar el pasado era indispensable, lo que no significa que el pasado deba regir el presente, todo lo contrario, es el presente el que debe hacer uso del pasado como prefiera.

Dicen que la Memoria es una elección Ética, y que además no es sólo responsable de nuestras convicciones, sino también de nuestros sentimientos.

Porque tengo en el registro de mi memoria selectiva, aquel 30 de marzo de 1982 como una fecha mítica,porque hay mitos. Hay mitos sin comienzos ni fin. En la carne de nuestros hombres y mujeres se sembraron los mitos y en esa misma carne han de florecer nueva e incesantemente. Porque falta mucho por cumplir todavía y lo que se cumpla será por la voluntad y la lucha dolorosa de la carne. En ese destello mítico, están esas luchas, en la convergencia de los mitos y los sueños, en los pasos que dimos en nuestra tierra, en las palabras que aún siguen encendidas y se acoplan a luces lejanas y pretéritas que no se han apagado junto a otras que comienzan a encenderse, en los horizontes oscuros que desean mostrarnos, los agentes de propaganda oficial.

“Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas  y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% prometiendo aumentarla con 300 mil nuevos despidos, han retrotraído relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados  que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron”. Así describía Walsh en esa magnífica misiva el escenario en el que se encontraban los trabajadores y las trabajadoras tras un año de dictadura.

La estructura del  nucleamiento de la masa popular, el “Pejotismo”, siempre ha estado muy por debajo de su calidad como movimiento popular, casi siempre represento al movimiento en su más bajo nivel, pero siempre hay corrientes subterráneas de la historia que emergen en el vacío político y social.

Ya en 1977 -unos días antes del primer aniversario del golpe- se había conformado la “Comisión de los 25”, un agrupamiento de gremios de espíritu combativo frente al colaboracionismo de la Comisión de Gestión y Trabajo con nombres tristemente célebres como Jorge Triaca (padre), Armando Cavalieri o Juan José Zanola. Esos espacios serían los antecesores de la CGT Brasil y la CGT Azopardo.

La “Comisión de los 25”, convocó al paro general del 27 de Abril de 1979, una primera señal de que algo se empezaba a mover frente a ese poder omnímodo y capaz de aplastar todo lo que lo desafiara. Los principales dirigentes fueron citados unos días antes en el Ministerio de Trabajo en lo que resultó ser una emboscada, ya que luego serían interrogados y detenidos en la cárcel de Caseros adonde permanecieron tres meses.

De todas maneras el camino iniciado no tenía vuelta atrás. La peregrinación a Luján ese mismo 1979 donde miles de carteles se expresaron bajo el pedido de “Paz y Trabajo”, una nueva huelga -más potente que la anterior- el 22 de julio de 1981 y el acto de San Cayetano 15 días después exhibían una resistencia cada vez mayor. Las imágenes se asemejaban: multitudes crecientes, mensajes explícitos de rechazo a la dictadura y la represión como respuesta. Entre esas escenas, empezaba a despuntar un dirigente sindical que marcaría la década del 80: Saúl Ubaldini.

Una de las grandes particularidades del movimiento obrero argentino es la fortaleza adquirida en los lugares de trabajo. Las comisiones internas, un impulso del primer peronismo, serían un bastión durante la Resistencia y los sectores dominantes tendrían bien claro donde debían dirigir sus cañones, el 40 % de las y los compañeros desaparecidos durante esa dictadura genocida fueron obreros.

Por eso, para que el 79, el 81 y como capítulo no final pero decisivo, el 82, fueran posibles era necesaria una reconstrucción por abajo, subterránea, que aún lejos de recomponer los niveles organizativos anteriores mantuviera viva una llama en el medio de esa oscuridad. Sin la misma, sin esos pequeños conflictos y reivindicaciones que se sucederían con escasa difusión, hubieran sido una ilusión óptica esas movilizaciones que resquebrajaron los cimientos dictatoriales.

“Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar” era el cántico favorito de los y las compañeras. Y junto al lema de “Paz, Pan y Trabajo”, la consigna “Luche y se van” bajaba un claro mensaje del horizonte que sobrevendría prontamente. Aunque dos días después la invasión a Malvinas produjo una efervescencia popular en un sentido que pareció desactivar el rechazo de aquel inolvidable 30 de marzo, esa jornada marcaría un antes y un después en el destino de la dictadura.

Luchamos y se fueron. Así debemos recordar esa gesta.

*Diputado nacional (MC) y dirigente del PJ Moreno