por Ruben Lamas

A veces las cosas obvias son las màs difíciles de explicar.

Hablar de América  ya sea  del Norte, del Centro y del Sur, es referirse a un territorio invadido y conquistado a sangre, fuego y espada.

El conquistador  español,  pretendiendo llegar a las Indias erró el camino y llegó a América, ésta fue considerada como una fuente inagotable de riquezas, oro, plata, cobre, estaño plantas,  y animales exóticos,  al tiempo que su territorio se encontraba ocupado por pueblos y culturas hasta entonces desconocidos.

Esos recursos hoy son litio, gas, madera, petróleo, pesca  y deuda, mucha deuda  y a largo plazo, casi para siempre.

En Norte América se impuso la conquista Franco inglesa en el actual territorio Canadiense, los ingleses  se quedaron con Estados Unidos, Belice, y algunas islas caribeñas, como Antigua  Barbados, Bahamas, Caimán, Jamaica.

Desde México hasta Tierra del fuego,  todo ese inmenso territorio  quedó bajo dominio Español y portugués, a excepción de las Guayanas.

Cada conquistador impuso su impronta cultural y su modo de dominación a su propio arbitrio, los españoles saqueaban el oro  de los incas o los aztecas,  los piratas ingleses saqueaban los galeones españoles, y así las riquezas de América comenzaron  a engrosar las arcas Europeas,  Mas tarde, Hollywood  prepararía su versión de los hechos con películas de piratas e indios, que siempre resultaban los malos de la película.

La mayoría de los pueblos originarios, quedaron pues sometidos a trabajos forzados,  servidumbre, persecución,  y confinamiento.  Los historiadores no se ponen de acuerdo al estimar el número de vidas que costó la conquista, pero las cifras oscilan entre 10 y30 millones de almas, en cualquier caso un genocidio gigantesco.

Al mismo tiempo que  avanzó la conquista, los pobladores originarios  fueron perdiendo sus territorios,  en Norteamérica, esas tierras fueron asignadas a familias inmigrantes de Inglaterra, conformadas por los así llamados “campesinos libres”, que podían llegar a ser propietarios en América y dejar de ser explotados por la nobleza terrateniente  inglesa, muy posteriormente, los nativos terminaron habitando reservaciones.

En América Latina, la conquista no trajo inmigración de familias, sino de aventureros, soldados y comerciantes, razón por la cual desde aquellos  primeros días, no se puso en marcha ningún plan para el asentamiento ni para el reparto de tierras.

Pocos años antes de la revolución de mayo, las tierras tenían poco valor y cualquiera por poco dinero podía comprarlas, sin que esa posesión implicara un rango o jerarquía especial en la sociedad.

Años después del establecimiento de la constitución de 1853, se produce en nuestro territorio la así llamada “conquista del desierto” eufemismo si los hay, pues en un desierto no hay nada que conquistar, alguien puede establecerse pacíficamente en èl sin incomodar a nadie.

Hablar de conquistar un desierto es negar la existencia y la identidad del conquistado, es parte de una ideología negacioncita similar al caso del desaparecido, ambos son despojados de identidad  y existencia real.

Desde entonces, en nuestro país ningùn gobierno se ha ocupado  seriamente de resolver los derechos de propiedad de nuestros pueblos originarios, a pesar de  que la constitución asì lo contempla en su artículo 75.

Los abusos contra estas poblaciones minoritarias, paupérrimas, olvidadas, son cosas de todos los días, como también lo es el  reciente caso del campesino Corvalàn de Santiago del Estero quien murió pocos días después como consecuencia de las quemaduras que sufrió cuando también incendiaron intencionalmente su rancho, cosa  que hizo la policía junto a quien se adjudica la propiedad de esas tierras.

Nuestro benemérito poder judicial  ¿será capaz de aplicar castigos similares como en los  casos en que varias mujeres fueron atacadas y quemadas en resonantes casos de dominio público? ¿Le importa a alguien la vida de un campesino?

Hay miles de conflictos territoriales denunciados por varias organizaciones territoriales ligadas a la agricultura familiar y campesina, y a esta altura demasiados  Maldonado, Nahuel y Corvalàn, por estos días.

Todos perecieron, víctimas de la “puja territorial” nuevo eufemismo para denominar al latifundio, y a esto hay que agregar el caso de  Fabián Tomasi por causa de los agro tóxicos, uno entre miles de  enfermos que resultan víctimas de los pueblos fumigados.

Todos los casos mencionados constituyen el costo social, de un modo de reparto inequitativo del recurso tierra y del modelo agro exportador,  costo que no figura en los balances de las empresas de los agro negocios.

La lucha por la tierra está entre nosotros desde hace rato, tan invizivilizada como su acopio irracional, junto al deterioro ambiental sea por vía de contaminación, desmonte  o inundaciones.

Se impone la necesidad de plantear una nueva agenda sobre política y producción agropecuaria.