Por Moira Goldenhörn

Algunas palabras sobre las formas de festejar la victoria desde el sentir ¿popular?

Luego de 28 años, Argentina campeona de América (¿o debería decir “campeón” para no bajarle el precio al triunfo?). Con una inmensa alegría desbordante (lamentablemente sin barbijos y, en lo local, con algunos destrozos), el pueblo dio rienda suelta a su alegría puertas afuera.  Y más allá de mi sorpresa ante las varias irresponsabilidades sanitarias que reconocen una nueva vertiente, y del inusitado patriotismo que brotó por la pelota y no tanto por la vacuna o el cansancio de mé[email protected] y docentes, resulta curioso que, en la alegría de los festejos de anoche, una vez más hayamos tenido que presenciar algunas prácticas sociales tan naturalizadas e invisibilizadas, como graves son en los tiempos que corren.

Y es porque confío en en [email protected] [email protected] como enorme potencia transformadora que somos como cuerpo político, que quisiera invitarles desde aquí a hacer conscientes las formas machistas, cargadas de sexismo y violencia, a las que históricamente se recurre para hacer metáforas sobre la victoria.

Es que estas formas puede ser que tengan lugar en el fútbol, en otros deportes, pero también en la política. Y aquí es donde se vuelve más problemático aún, porque el ejercicio machista del poder político, la asunción de una politicidad machista, nos sigue impidiendo acceder a nuestros derechos políticos como mujeres, personas LGTBIQ+ o varones no jerarquizados en el orden patriarcal y capitalista.

El enorme torrente de memes que aparecieron nos deja en claro que es un orgullo masculino el exhibir la potencia sexual violenta como victoria. Pueden parecer duras estas palabras, es por ello que las elijo sin maquillajes, porque me  gustaría que pudieran hacer consciente esta forma de ejercicio del poder machista que las mujeres vivimos soportando a diario en mil escenarios diferentes: el poder del macho, el poder (simbólico o físico) del falo, ejercido sobre el cuerpo de la víctima o su voluntad. Demostrar la superioridad mediante la única forma de virilidad posible: la que ejerce orgullosa la violencia sexual ante el aplauso de la platea de congéneres que otorgan así la legitimidad de ese poder ejercido.

Es decir que siempre, para ganar respeto social entre pares y sobre mujeres, niñ@s, [email protected], y personas LGTBIQ hay que «ser p*r*nga» y demostrar el poder que se ejerce a través de su uso violento, quebrando voluntades y corporalidades. Cultura de la violación pura.

Y hablo de muchos escenarios diferentes porque el falo no siempre es físicamente el órgano viril, sino que es la actitud fálica, el símbolo de poder, que se impone para demostrar poderío: manspreading en los medios de transporte, la música al palo en espacios públicos, la “libertad” de comportarse como dueños del espacio público y de los ámbitos públicos, sin importar las consecuencias ni voluntad o el consentimiento de las demás personas, sobre todo de las mujeres.

Pero volvamos al deporte, al gran deporte argentino, y traigamos los mensajes del ganador en los festejos, o ante la competencia, la amenaza por excelencia: “les rompimos el ‘…….’”, o “les vamos a romper el ‘…….’”:  la amenaza y el festejo grupal de la violación, como muestra por excelencia de la superioridad física y no sólo sobre mujeres, también sobre varones subordinados, e incluso coloreada con tintes racistas.

 ¿Debo entonces explicar por qué a las mujeres se nos margina de las prácticas deportivas y políticas, desde estas lógicas imperantes? ¿Cómo podríamos las mujeres, [email protected] niñ@s, las feminidades, amenazar con violar a alguien? ¿Cómo podemos ganarnos el respeto social en el deporte y en la política sin portar un falo ni ejercer violencia a través de él? Por otro lado, refiriéndonos a los varones, ¿debemos explicar por qué es humillante “perder”, cuando lo que se pierde no es un juego sino “la hombría” y el status que trae aparejada? ¿Es el exitismo una forma de exhibición de la virilidad y el poder sexual?

Entonces, nos pregunto, porque nada podremos transformar si primero no nos transformamos a [email protected] [email protected]  ¿Seguimos, en pleno Siglo XXI, haciendo metáforas de violaciones para expresar una victoria deportiva?  ¿Es la única forma de orgullo deportivo que se puede sentir, aquella que refiere a violar al adversario?

Pensémoslo, por favor. Recordemos que volvimos para ser mejores, también mejores campeones.

PS: Agradecemos a la compañera @soy.mora por permitirnos el uso de su viñeta para ilustrar esta nota.