Por Norma Guinudinik

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo

Benimaclet es un barrio de Valencia, con una plaza dominada por una iglesia y casas bajas alrededor, que te hace sentir lejos de la ciudad, a pesar de que su centro está a solo 20 minutos de caminata.

Es en ese lugar donde el BBVA y otra promotora urbanística planeaban construir 1.300 viviendas con hasta 14 pisos altura, convirtiendo en urbanizables, suelos de la tradicional huerta.

En 2010, cuando el estallido de la burbuja inmobiliaria y la consolidación de la crisis económica, todo esto queda en papel mojado y entra en acción la Asociación de Vecinos de Benimaclet.

Resumiendo mucho, los vecinos y las vecinas deciden transformar en parking los terrenos abandonados por la mencionada entidad bancaria y, de manera poco ortodoxa, todo hay que decirlo, introdujeron dos máquinas,  y construyeron 100 plazas de aparcamiento. A cambio del reconocimiento de la propiedad, el dueño de dicho solar aceptó el uso y mantenimiento por parte de los vecinos.

Entusiasmados por el éxito de la primera ocupación de los terrenos, los vecinos y vecinas se propusieron crear huertos urbanos, diseñando en principio cerca de 50 parcelas, logrando que el Ayuntamiento de Valencia y el “Tribunal de les Aigües” cediesen terreno y acequia a cambio de dinamizar gratuitamente una zona en desuso.

Es ahí donde empiezan los problemas entre la banca, BBVA, y la resistencia vecinal.

El vecindario partidario de la implantación de los huertos urbanos comienza las acciones: retiran cuentas de la entidad bancaria, dejan escombros en la sucursal del barrio y meten máquinas en el terreno para aplanarlo…

La banca responde vallando los terrenos y poniendo guardias las 24 horas del día.

En respuesta los y las vecinas traspasan las vallas y comienzan a sembrar. El BBVA pone la primera denuncia a la asociación de vecinos por ocupación ilegal.

Nuestra respuesta, (porque es en esa época que la que suscribe, de “nacionalidad tucumana-valenciana”, se incorpora a la historia), movilizaciones, manifestaciones, recogidas de firmas y la creación de un huerto vertical en las vallas, estas fueron nuestras armas, o sea, las de toda la vida, en todo el mundo.

La persistencia da fruto: los cuatro partidos con representación en el Ayuntamiento de Valencia firman a finales de 2011 una moción a favor de la ocupación de los huertos urbanos y el Fiscal General de Valencia emite en las mismas fechas un alegato a favor de este tipo de prácticas y en contra del desuso por parte de las entidades propietarias.

Al final, el BBVA, tras reunirse con el partido gobernante, PP, cedió 5.000 m2 a cambio, por supuesto, de la misma cantidad de terreno en suelo edificable.

Las 60 parcelas originales se amplíaron a 100, aproximadamente 10.000 m2. Trabajan allí alrededor de 300 personas. Un huerto está destinado a una asociación que trabaja con personas con daño cerebral, otros dos están destinados a colegios públicos y otro a una asociación de jóvenes en riesgo de exclusión social. Al resto lo trabajan los vecinos y las vecinas en forma individual, algunos en familia y otros, en grupos.

Construimos una zona común con un horno moruno, una parrilla, una zona de compostaje, plantamos muchos árboles, hoteles de insectos, un cobertizo…

También construimos un gallinero que se mantiene con la venta de los huevos y los excedentes van al fondo común.

Uno de los árboles es un roble valenciano que plantamos con la “Asociación valenciana por los DDHH en Argentina dentro del marco de la campaña “Plantemos Memoria”.

Los huertos urbanos de Benimaclet son una propuesta alternativa de educación ambiental, fomento de la agroecología, urbanización sostenible, soberanía alimentaria…

Es un proyecto comunitario, autogestionado que fortalece el tejido asociativo, genera lugares de encuentro, lúdicos festivos y reivindicativos.

No es fácil resumir 10 años de lucha y trabajo, emociones e ilusiones, tristezas y alegrías, con finales felices, pero con permanentes amenazas que nos acechan, pero eso ya, si acaso, lo dejo para otra vez.