por Miguel Núñez Cortés

Este sustantivo femenino define a un trastorno, debilidad o disminución total o parcial del funcionamiento de la memoria, en la cual el paciente pierde la capacidad de almacenar información y de no recordar distintas variedades y cantidades de momentos.

Otra palabra de formación similar a “amnesia” es “dismnesia” que indica la dificultad de recordar algo en especial.

La presente propuesta está dirigida a poner en evidencia esa variante de la memoria que se llama «amnesia voluntaria», que es aquella en la que el o los individuo/s deciden únicamente recordar aquello que les conviene recordar y, así, fingir con absoluta seguridad su desconocimiento sobre el asunto que le incomoda.

El trasfondo de querer olvidar sin olvidar, es aún más maligno que la duda que nos genera al pensar que lo que conjuntamente se ha vivido, no es más que un recuerdo creado en nuestra memoria, porque lo peor de tener un testigo amnésico no es su incapacidad de recordar, «sino pretender hacernos pensar y sentir que lo que nosotros recordamos no es real».

Por eso hay que poner evidencia lo que es real, lo que existe, en una palabra breve e inmensa: lo que “es”. Son muchas las interpretaciones del ser, a lo largo de la historia de la filosofía, de Parménides a Heidegger. Remite a lo que hace que una cosa sea, es decir, al elemento común que comparten todas las cosas que son.

Por ejemplo nuestra ministra de Relaciones Exteriores y Culto, debería recordar o recuperar de su «amnesia voluntaria» que en el continente blanco se encuentra el Sector Antártico Argentino, que forma parte indisoluble de nuestro territorio nacional.

Lo mismo que la ministra Carolina Stanley, Ministra de Desarrollo Social de la Nación, que olvidó en la propaganda institucional de su Cartera, nada menos que a las Malvinas e islas del Atlántico Sur.

Es muy importante que la ingeniera eléctrica Susana Mabel Malcorra rescate de “su olvido” la existencia de la Ley N° 26.651 cuya promulgación – que lleva la firma de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (B.O. el  16/11/10), – fue y es un paso importantísimo sobre las pretensiones de soberanía que La Argentina tiene sobre el sector antártico.

La Argentina es una nación bicontinental. No sea el caso que volvamos a representar al Sector Antártico argentino arrinconado, casi con vergüenza, en un costado del mapa del territorio nacional hasta hacerlo “desaparecer”. El territorio nacional es un solo bloque, desde Jujuy hasta el Polo Sur, pero en dos continentes: continente americano (Sur) y continente antártico.

Le corresponde a la superficie de la Antártida  casi la tercera parte del total de la Argentina Continental. No es menor conocer este dato. Y verlo representado permite evaluar con justicia la dimensión del territorio. Mientras que el sector antártico se extiende a lo largo de 965.597 kilómetros cuadrados –de los cuales un 70 por ciento representa reservas de agua potable –el continente tiene 2.791.810 kilómetros cuadrados.

Es imprescindible que el pueblo argentino sepa que lo peor de tener un gobierno amnésico no es su incapacidad de recordar, «sino el pretender hacernos pensar y sentir que lo que nosotros recordamos no es real». Estemos advertidos…la política colonial inglesa para nuestras Malvinas puede estar ocultando otros intereses. Actuemos en consecuencia y no permitamos que a la ingeniera eléctrica Malcorra, ministra de Relaciones Exteriores y Culto,  se le olvide voluntariamente la Ley N° 26.651.

¿Y si Esteban José Bullrich, ministro de Educación de la Nación, memorizara y luego dispusiera que a través de su Cartera se garantice la enseñanza, difusión y exhibición del nuevo mapa, tal cual lo manda la Ley?

Quizás así  los ciudadanos atacados de«amnesia voluntaria» tenderían a disminuir, principalmente los que fingen con absoluta seguridad su desconocimiento sobre el asunto que les incomoda, tan propio del actual gobierno.