Por Rubén Lamas

Corren los  días inmediatos a la  reciente asunción del nuevo gobierno de Alberto Fernández, lógicamente esta situación produce  expectativas en cuanto a la designación de nuevos ministros, y mucho funcionarios de áreas claves del gobierno, que inducen a confirmar un  posible rumbo  del nuevo capítulo histórico.

Adherentes y opositores se posicionan, y en el mientras tanto, aparecen las prioridades, luego vendrá el ocuparse de otros asuntos

Las prioridades esta vez, (y en esto me quiero detener), nos interpelan  con una crudeza que lastima, si algo de sensibilidad humana aún nos queda.

Se ha declarado públicamente que la prioridad es el hambre, que afecta a buena parte de la población  vulnerable que a su vez está sub dividida entre niños jóvenes y mayores, y  además debido a los avances informáticos, esas poblaciones ya están identificadas, y localizadas  de acuerdo a su inserción territorial,.

De manera tal que la primera experiencia puesta en práctica, respecto del suministro de la tarjeta para compra de alimentos llevada adelante por el ministerio a cargo de Daniel Arroyo, recayó en la localidad de Concordia  provincia de Entre Ríos.

Es cierto que por algún lugar hay que empezar, siempre hay un primer paso, pero nos cansamos de hablar de los bolsones de pobreza del gran Buenos Aires, gran Rosario etc., hoy afectados por cierres de empresas  carestía de la vida y tasas de desocupación crecientes y los efectos del modelo neoliberal que claramente perjudicaron mas a los sectores de clase  baja y media, pero me pregunto ¿Qué clase de cataclismo ocurrió en Concordia?

 Entre Ríos cuenta con una tierra fértil, dotada de hermosas y fértiles praderas, con abundante fuentes de agua dulce, nada menos que la proximidad de  los ríos Paraná y Uruguay, una antigua tradición de producción de cítricos, ganadería, avicultura, y cultivos variados en la misma provincia, ¿Cómo puede explicarse que se haya identificado a  Concordia  como una prioridad de la  lucha contra el hambre?

Bueno tal vez sea hora de arriesgar algunas respuestas, primero hay que derribar el mito de que Argentina produce alimentos para 400 millones de personas. Esto es lisa y llanamente mentira.

Entre Ríos es uno de los principales productores de soja del país, grano que se exporta para engordar cerdos chinos, como dijimos es también  uno de los principales productores avícolas locales, y varios  cultivos prosperan en dicha provincia, de manera que hay que pensar en un problema de mala distribución de los recursos, comenzando por las dificultades de accesibilidad a la tierra, la agricultura familiar o de pequeña escala, que si bien  no está diseñada para exportar, bien podría abastecer las necesidades de mercados cercanos, resolviendo algo tan básico como el acceso a una alimentación correcta que garantice una vida sana, como  base fundamental  de cualquier proyecto de vida.

En estas cosas básicas hay que pensar, y poner la  energía para organizar la producción en base a necesidades locales, la participación de los estamentos provinciales competentes, y el compromiso de los municipios o departamentos son esenciales por su cercanía con el territorio su gente y sus necesidades básicas. Es inconcebible una situación de hambre en una localidad dotada de tierras fértiles y agua dulce con semejante potencial.

Tal vez sea necesario re-pensar en la función social de la tierra, para su correcto y racional aprovechamiento y ser creativos rompiendo viejos esquemas cuya inercia nos hizo llegar a esta situación, dicho sea de paso el actual modelo agropecuario, hace de esta provincia uno de los sitios con más incidencia de cáncer e intoxicaciones debido al uso de agroquímicos.

La escuela agropecuaria, con orientación a producciones básicas, la formación técnica agropecuaria, la agricultura familiar, el pequeño productor, incentivado con facilidades provistas por el gobierno local, como el acceso a ferias y mercados, la venta directa, el procesamiento en origen son fuente de trabajo y consumo que pueden reactivar rápidamente las economías locales, y resolver rápidamente cuestiones básicas, como el abastecimiento local de alimentos como frutas y verduras.

Estos problemas no son atribuibles a complejos problemas de la geopolítica internacional ni a misteriosas maniobras de espías secretos, es simplemente no ocuparse de cuestiones básicas y de dejar todo librado a las fuerzas del  mercado, a la vista los resultados.

 En medio de semejante desastre hay una oportunidad re fundacional, comenzar con las cosas básicas como la producción campesina,  de pequeña escala y mercado local requiere  decisión política, organización, y una mínima inversión si se compara con el desarrollo de cualquier proyecto industrial, y esa  es la necesidad de la hora.