Por Rubén Lamas

La globalización es un fenómeno mundial que conocemos y sufrimos en nuestra condición de globalizados, sus consecuencias las vemos a diario en sus variadas manifestaciones, migraciones forzadas,  exclusión, desigualdad, concentración de la riqueza en pocas manos, guerras comerciales o de monedas, flujos intensivos de capitales especulativos etc.

Lo que más afecta a la Argentina es que su producción agropecuaria, es producto y consecuencia de las decisiones de un puñado pequeño de empresas multinacionales fuertemente concentradas, que dentro de su “plan de negocios”, desarrollaron paquetes tecnológicos, que se pusieron en acción con la necesaria colaboración de “socios locales”

Es decir que no han sido las políticas de estado ni de los gobiernos de turno y sus decisiones quienes diseñaron que y como producir en materia agropecuaria

Este accionar cobró fuerza en la década del setenta, donde una oleada liberal, abrió las puertas al surgimiento de un entramado de grupos agropecuarios y financieros, luego de haber liquidado buena parte de la estructura estatal, junta nacional de granos y junta nacional de carnes, solo por mencionar algunos, desde entonces el modelo se viene profundizando

Estos grupos consolidaron posiciones como socios locales de los planes estratégicos de las grandes empresas mencionadas, de modo que importadores de agro insumos, sus distribuidores, sus cadenas de comercialización han sido y son beneficiarios, de un modelo de primarización de la economía ya que solo produce comodities, cuyos valores tanto de cereales como de carnes se fijan en el extranjero, principalmente en el mercado de Chicago.

Otros protagonistas de la actividad rural cobraron relevancia, pero no todos tuvieron el mismo destino, y así algunos comenzaron a crecer y otros a desaparecer.

Los contratistas de maquinaria agrícola, han tenido un crecimiento muy significativo, alcanzando un rol destacado, y hasta imprescindible en este modelo productivo, constituyendo de hecho una tercerización del trabajo rural, se movilizan por todo el país y realizan  una gira de labores en distintos campos, que  termina a veces muy lejos de donde comenzó.

En cambio, los pequeños y medianos productores han sido la variable de ajuste de este modelo, al punto que han ido perdiendo protagonismo social, y rentabilidad de manera que lenta y silenciosamente han ido desapareciendo, perdiendo animales, tierras, maquinarias y herramientas. Otros los que quedaron mejor posicionados se transformaron en rentistas, ya que conservan la propiedad de los campos, peroles resulta más beneficioso y libre de riesgos, cobrar sus alquileres, que afrontar la actividad con su trabajo y sus recursos limitados.

Los sectores beneficiados, o sea los socios locales, se han hecho poderosos no solo económicamente, sino también han cobrado protagonismo en los medios y en la política, los programas agropecuarios que se transmiten por los medios constantemente reproducen sus quejas y reclamos.

Al tiempo que sus organizaciones influyen mas allá de lo imaginable, en la formación de opinión pública, capacitación de dirigentes, participación en cargos políticos y confrontación con el gobierno de turno, en defensa de sus intereses.

Las consecuencias directas, de esta transnacionalización de la producción agropecuaria, se ve fácilmente en el encarecimiento de los alimentos,y la concentración de la propiedad de las tierras agropecuarias, en este sentido los datos del último censo agropecuario, no dejan dudas, envejecimiento de la población rural, miles de casas rurales abandonadas, mas hectáreas en producción y menos cantidad de establecimientos.

Otros factores preocupantes, son la escasa contratación de mano de obra del actual modelo, el uso y abuso de agro tóxicos, con sus consecuencias de intoxicaciones y otras enfermedades, como el cáncer.

Es muy difícil desandar este camino, debido a los fuertes intereses involucrados y a la virulencia con que reacciona el sector de los agros negocios, ante cualquier crítica, o intento de modificar algo, pero desde estas páginas trataremos de generar conciencia.

Hay que pensar si queremos una producción rural con rostro humano, llevada adelante por miles de familias y trabajadores rurales dispersos por toda nuestra geografía, o si nos resignaremos a nuestro rol de meros observadores de un modelo depredador.