Ese dedito, frágil, curioso, encuentra en la fría placa a su abuelo Ricardo, el “Tata”. Es muy pequeño todavía para que le quede en su memoria que el 19 de septiembre de 1975, una bestia que se llamaba Antonio Bussi lo mandó asesinar en Tucumán.

Su memoria se irá construyendo en el tiempo, con la presencia de ese abuelo en el recuerdo de la familia, en el testimonio de sus padres, en la escuela, (mientras la dejen). Quedan fotos, prendas, objetos que evocan. Queda la lucha de las valientes de los pañuelos blancos. Queda la voluntad de un pueblo a no olvidar.

Y así, ese niño con el tiempo tendrá a su abuelo, el abuelo “Tata” . No una placa.