por Gabriel L. Bermejo*

El trabajo del futuro como cuestión incorporada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) frente al próximo centenario de la creación de la misma; en 1919, a partir del Tratado de Versalles y como pretensión de dar acabada respuesta a los problemas en las relaciones laborales; no resulta ser un tema menor.

El escenario global actual indica diversidad de características en distintas regiones del planeta, donde encontramos robotización creciente, cambio climático y envejecimiento poblacional, entre otros factores, y donde el avance tecnológico impondría estrategias para intentar dosificar la velocidad de los cambios y dar tiempo, a la par, a los trabajadores, a adaptarse a los mismos.

Sostienen los estudios en la materia que, desde hace décadas, la productividad mundial crece más que el empleo y que, aunque la nuevas tecnologías crean nuevas ocupaciones, un informe reciente de la OIT proyecta que en 2018 se sumarían 2,7 millones de desocupados a los 201 millones con los que terminaría 2017, fruto de que el número de quienes buscan ocupación crecerá más que la cantidad de puestos, en tanto que las ocupaciones vulnerables representan el 42% del total.-
Suele usarse como ejemplo de lo antedicho el caso de Uber, como ejemplo de debate acerca de si existe o no relación laboral, y en su caso como debería regirse?. Philip Jennings, secretario general de la Unión global de sindicatos de servicios , con sede en Suiza ha afirmado……..nos dicen que alguien que trabaja en un coche como conductor es autónomo, cuando en realidad está empleado…

Y es del caso que la problemática en cuestión impone respuestas distintas conforme se analicen los países centrales o los países en vías de desarrollo o periféricos, y nuestra región en general o nuestro país en particular.
De ahí la asimetría en la materia, en la medida que la mayor productividad está lejos de configurarse en Argentina, donde se intenta ostensiblemente imponer un proceso de reprimarización de la economía, y donde día a día se cierran fuentes de trabajo, donde se desmantela el circuito de investigación tecnológica, elemento esencial de todo desarrollo industrial; , todo ello acompañado de una extraordinaria política regresiva en materia de distribución del ingreso.
Frente a esta realidad; quienes propugnamos la defensa desde el derecho del trabajo, de los sectores más vulnerables, debemos observar las nuevas formas de relaciones laborales que se irán gestando, e ir contribuyendo, a la búsqueda de variantes creativas de protección de los trabajadores, que deberán volcarse en los cambios normativos que inevitablemente deberán surgir.-
La realidad socioeconómica que atraviesa décadas, impone la emergencia y visibilidad ya institucionalizada de un nuevo sujeto de derecho, cual es, el trabajador informal; ello a tenor delas previsiones del artículo 14 bis de la Constitución nacional que dispone la protección el trabajo en todas sus formas, sin distinguir entre trabajo formal, informal, cuentapropista, etc.-, que ya ha generado receptividad, obligada o no, en la dirigencia sindical tradicional.

Es decir, que los llamados ¨piqueteros¨, ya conforman un subsistema gremial de trabajadores que no poseen relación de dependencia.
Fruto entonces de la presión del sindicalismo, incluida la CGT, y las organizaciones sociales, nace la ley Nro. 27.345 de emergencia social, que supone el fortalecimiento de la llamada economía popular, y luego de meses de demora, y ante la difusión de los datos el crecimiento de la pobreza durante la actual gestión presidencial, (ver informe del Observatorio de la deuda social de la UCA) el gobierno decidió reglamentar mediante el decreto 159/2017 que define a la economía popular como…¨toda actividad creadora y productiva asociada a mejorar los medios de vida de actores de alta vulnerabilidad social, con el objeto de generar y/o comercializar bienes y servicios que sustenten su propio desarrollo o el familiar¨.

También señala que ¨La economía popular se desarrolla mediante proyectos económicos de unidades productivas o comerciales de baja escala, capitalización y productividad , cuyo principal activo es la fuerza de trabajo¨.-
Sirva este último concepto, resaltado con negrilla para lograr el comienzo de un proceso de reversión en la estigmatización con que vastos sectores sociales propenden a descalificar a estos trabajadores cuyo único pecado fue nacer en familias vulnerables, habitantes de un país muy injusto y destruido por políticas neoliberales.