Por: Darío Farag* 

He tenido la suerte de trabajar como odontólogo tanto en el ambiente privado, en mi consultorio particular, como en el subsector público, habiendo transitando en éste último aproximadamente 20 años. Fui residente de odontología, rotando por los diferentes hospitales de la provincia; trabajé en el Sistema Penitenciario Provincial, en el Hospital Néstor Kirchner, donde cumplí funciones instalando prótesis dentales y, por último, soy odontólogo en APS (atención primaria de la salud) en los Caps. Del Milagro y Corazón de María desde hace mas de 2 años.

Esta breve reseña curricular sobre mi transitar profesional no tiene otro sentido que comentar que soy un privilegiado observador que puede ayudar en el diagnóstico del cuadro de situación de la salud bucal provincial, notando diferencias entre lo privado y lo público, y a su vez entre los diferentes niveles de atención en el subsector público (hospitales, policlínicas y caps.)

Este artículo tiene como finalidad brindar un humilde aporte en el mejoramiento de la salud bucal de la comunidad, sobre todo en la más vulnerable, y para que se tome conciencia de la importancia  tiene acortar un poco la brecha en el acceso a la atención odontológica. Es como si existiese una odontología para ricos y otra para pobres; siendo que la odontología es, o debería ser, una sola y accesible para todos y todas. La diferencia está en la posibilidad de acceder a ella con la debida calidad. Las profundas desigualdades entre las distintas clases sociales también afectan notablemente la salud bucal de las capas más bajas.

Como todo sabemos, estamos transitando una pandemia por el covid 19. Pandemia que produjo profundos cambios en todos los aspectos. Cambios económicos, sociales, políticos y sanitarios. La odontología no es ajena a éstos, se modificaron hábitos tanto para el paciente como para el profesional. Considerando la cercanía entre las partes involucradas y, sobre todo, que la vía de transmisión es a través de las fosas nasales, cavidad bucal y ojos, el riesgo de contagio aumenta considerablemente.

Por todo esto, es un verdadero desafío para nuestra profesión asistir a nuestros pacientes. Se modificaron hábitos en la bioseguridad, camisolines, cofias, antiparras, barbijo N95, mascaras faciales, etc., pasaron a formar parte de nuestra vestimenta diaria con el fin de evitar el contagio. Se programaron turnos espaciados para impedir el contacto entre pacientes, las salas de espera repletas pasaron a ser una escena del pasado.

Todo esto hizo que la atención profesional se encarezca, haciendo aún más difícil el acceso a la odontología de calidad para aquellos sectores marginales. La pandemia profundizó las diferencias históricas entre los distintos sectores sociales.

En el subsector público la irrupción del Covid 19 ocasionó también innumerables cambios. Muchos profesionales odontólogos cambiaron sus funciones para cumplir tareas relacionadas con la pandemia: administrativas, detección, atencion telefónica, etc. En mi caso particular estoy cumpliendo funciones en la detección del virus, más precisamente en el hisopado nasofaríngeo. Claro que la actual situación de la salud pública lo ameritaba, pero no es menos cierto que la salud bucal fue dejada de lado.

La salud bucal, que ya venía en franco retroceso en los últimos años, se agravó con la pandemia y la están padeciendo los que menos tienen. La caries dental es una enfermedad muy relacionada con la pobreza, y si a eso le sumamos que muchos profesionales que siguen cumpliendo sus funciones como odontólogos no están asistiendo en tiempo y forma a la comunidad (algunos por miedo, otros por desidia) podemos imaginar el resultado.  Cabe aclarar que esto ocurre sobre todo en el subsector público, porque en el ámbito privado esto no está ocurriendo. Claro está, las condiciones son diferentes; sobre todo desde el punto de vista de la rentabilidad. No persigue este articulo hacer una critica a los colegas, los honorarios profesionales por la labor que cualquier trabajador desempeña son parte de la cuestión. Sólo estoy señalando que, a veces, este mismo profesional que se niega a atender en la salud pública, sí lo hace en su consultorio particular.

En muchas ocasiones la nuestra profesión se transformó en una «Odontología medicadora», indicando exageradamente antibióticos, AINES y corticoides. Muchas patologías odontológicas tales como pulpitis, celulitis, flemones, etc. no se resuelven solamente con medicación. Se resuelven también con la intervención del profesional. Hay que tener en cuenta que algunos flemones o celulitis pueden llevar inclusive a la muerte, si no son tratados correctamente.

Por otro lado, la odontología que practicamos en los caps. y hospitales es una «Odontología mutilante». Se extraen dientes que podrían salvarse, ocasionando que muchas personas jóvenes estén prácticamente desdentadas.

La responsabilidad es de todos, no me gusta caer en el facilismo de echar culpas en la comunidad. Creo que un estado presente puede revertir este cuadro, trabajando en la prevención y en el tratamiento sin llegar a la extracción dentaria. Con una breve charla, previo a la atención del paciente, informando sobre la importancia de los dientes podemos lograr cambiar malos hábitos. Enseñando correctas técnicas de higiene, educando en la alimentación para evitar los excesos de azúcares, lograremos prevenir enfermedades bucales tales como las caries; que devino también es una verdadera pandemia.

La prevención en odontología es de bajo costo y trae muchos beneficios a la comunidad. Una persona que puede sonreír mostrando su dentadura completa, es alguien que mejora su autoestima, puede conseguir un mejor trabajo, puede relacionarse de otro modo con el medio que lo rodea. Hoy alguien que al sonreír muestra que le faltan algunos elementos dentarios, está en desventaja para conseguir un trabajo bien remunerado o encontrar pareja. Una prótesis dentaria de buena calidad para que pueda cumplir todas las funciones de la boca tales como la masticación y el habla debería ser accesible a la población más vulnerable sin trabas burocráticas.

Sería interesante y verdaderamente revolucionario concretar una» cobertura odontológica universal». En el último tramo del segundo mandato del gobierno de Cristina Fernández se avanzó en ese sentido, utilizando tecnología de última generación en la confección de prótesis gratuitas. Lamentablemente el gobierno de Macri desmanteló esta estructura. El desafío para la postpandemia es volver a poner en marcha este auspicioso plan.

Así cumpliríamos la premisa de ese gran sanitarista y primer ministro de Salud de Juan Perón, Ramón Carrillo « De qué sirven las conquistas científicas en salud sino no son accesibles al pueblo«

*Odontólogo – Miembro de la Comisión de Salud del Instituto Patria