Por Diego José Rodriguez Vera

Hola, me llamo Diego José Rodriguez Vera, soy tucumano y esta es mí historia. Padezco un retraso madurativo que me obliga a andar por la vida exhibiendo el CUD: Certificado Único de Discapacidad Y
y quiero contarles
que hoy volvimos con mi vieja, (después de mucho tiempo), a salir con una carpeta bajo el brazo. Esa que contiene papeles que guardan documentos de mi historia escolar. Historia larga, que comenzó hace 30 años cuando yo tenia 3 años de edad. Fue en un jardín de infantes de un colegio, a lado de la facultad donde mi mamá estudiaba y a la que asistía después de dejarnos ahí, en el colegio, a mí, a mis dos hermanas y a mi hermano. El colegio cerró cuando yo terminaba el jardín de 5. Mis hermanas Ani y Chechu, y mi hermano Manuel, rápidamente consiguieron asiento en el colegio del barrio, cerca de casa pero a mí no me recibieron y mi vieja tuvo que buscar otro colegio. Yo aprendía y aprendo en mis tiempos, que son diferentes, como los tiempos de cada uno. Hasta los 12 años fui a diferentes escuelas, niveladoras estatales y privadas, haciendo dos veces cada grado,
Hubo un año en que no tenía dónde ir porque ya había cumplido los 12 años y (según las autoridades) no podía compartir con niños más pequeños. A los 13 ingresé a una escuela especial donde terminé mi primaria. A la secundaria la hice en otra escuela porque en la anterior había violencia entre compañeros y las autoridades no intervenían porque, ante la vista de los maestros, de la psicóloga y directora la violencia era «normal».
En el colegio donde hice el secundario especial (SEISE), estudié cocina y muchas otras cosas. Soy bueno bailando, cocinando y en educación física. Egresé de allí a los 27 años en el año 2014 y estaba tan feliz… con muchos sueños y proyectos, entre ellos conseguir un trabajo y formar una familia con Florencia. Pensé que, con mi título, mi experiencia en las pasantías, trabajos particulares y recomendaciones, mi preparación, sería válida para conseguir un empleo.
Todo el año 2015 estuve buscando trabajo, repartí mi currículum en muchos lugares: bares, restaurantes, gimnasios, en la casa de gobierno, en oficinas de empleo y hospitales; mientras también cuidaba a mi ahijada (una hermosa bebé, Catalina) para que mi hermana pudiera trabajar tranquila. Pasó ese año y… sí adivinaron: no conseguí trabajo así que cambié de planes, pensé que estudiar una carrera me prepararía mejor y entonces sí conseguiría trabajo.
Pero esulta que, para estudiar en un terciario, profesorado o tecnicatura, debo presentar documentación que demuestre que terminé el secundario. El colegio me dio sólo una constancia de título en trámite con el que intenté inscribirme en un instituto terciari, pero se niegan a inscribirme, aduciendo que necesitan que presente el título. Mi madrina me acompañó al Ministerio de Educación de Tucumán, donde inicié un expediente en Mesa de Entradae, pidiendo mi Titulo SEISE. Este expediente se convirtió en una carpeta grande con mi historia en el secundario. Años, muchos años de trámites y siempre las negativas por lo que sigo sin mi título.
En una reunión con mi familia y con amigos, contamos que el expediente había sido archivado.En ese momento nos recomendaron una abogada para que me apoyara legalmente en la exigencia del respeto por mis derechos y presentamos un amparo. Después de ésto nos citaron a una reunión con la directora de la modalidad del Ministerio y allí, ella me dijo textualmente: “NO TE VOY A DAR EL TITULO, YO LO ESCRIBI, YO LO FIRMÉ” (se refería a que ella firmó que no me iban a dar mi Titulo de SEISE porque no lo cursé en un secundario común). Ahí me di cuenta que esta directora de Gestión Educativa no escuchaba que mí solicitud era por mi titulo de SEISE, el que yo había alcanzado
Una mañana le envían un mensaje a mi vieja desde el colegio donde había egresado para entregarle un papel (decían que era mi título) extraído del expediente, en mal estado, con manchas de café y perforado. Una falta total de respeto. Ampliamos el reclamo con la abogada, terminando así el 2019.
Hoy, como decía al comienzo, llevé la carpeta con mis papeles, incluido ése, a un Instituto donde me ofrecieron estudiar una carrera pero advirtiendo que mi ingreso no depende de ellos sino me del Ministerio. Le dije a la Sra. Directora que me entrevistó, que llevo muchos, muchos años esperando poder elegir mi propio camino y poder hacer uso de mi autonomía.
Que llevo años, años luchando para derribar estas barreras que impiden el crecimiento de nuestras capacidades.

Todavía no lo conseguí pero sé también que no me voy a rendir.


«Deben ser respetados sus derechos a elegir y decidir por sobre lo que quieran o no hacer.
No se trata de “incluirlos” sino de convivir en nuestras diferencias para que nadie sea excluido.
Las actitudes humanas de segregar al otro considerado como “diferente” son las peores barreras a enfrentar en nuestra sociedad.
Los gobiernos deben cumplir la Convención de 2006 en todos sus artículos y dejar de vulnerar Derechos».
(Marcelo Rocha)