por Horacio Rovelli

El 28 de junio de 1966 fue derrocado el gobierno de Arturo Illia por una nueva dictadura que cerró el congreso nacional y provinciales, la prensa de izquierda y peronista, intervino las universidades, quemó libros, disolvió los partidos y prohibió toda actividad política. En Córdoba, la gente sale a la calle en protesta y la policía  mata al obrero y estudiante Santiago Pampillón, el 12 de septiembre de 1966. En agosto de ese año cierran 14 –catorce- ingenios en Tucumán, 55.000 desocupados, 200.000 migrantes, con una represión feroz tratan de frenar el descontento y la movilización, la policía de la provincia mata a Hilda Guerrero de Molina, mujer de un desocupado por el cierre del Ingenio Amalia, en enero 1967.

Era el mes de noviembre de 1970 y el pueblo de Tucumán se rebeló, resuelto a enfrentar a la dictadura de Onganía-Levington y fue el punto culminante de la lucha contra la dictadura en la provincia, en jornadas que tuvieron en jaque a las “fuerzas del orden”.

En ese marco se discutía como seguir y si bien había una fracción que planteaba una política clasista, que con la clase obrera bastaba,  la mayoría se planteaba un frente nacional y popular para enfrenta la dictadura. Uno de los referentes indiscutido por su conducta e inteligencia era el dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba, Agustín Tosco, quién sostenía en el “Electrum”: «El frente de liberación nacional cuyo rol hegemónico lo juega en la práctica, aunque en materia organizativa no se ha llegado al nivel necesario, en esa lucha se encuentran todos los sectores populares y, entre ellos, desde luego, hay sectores burgueses, propietarios de pequeñas y medianas empresas, pero no la oligarquía que está vinculadas al orden imperialista…también los pequeños y medianos propietarios de tierras, todos estos tienen un papel que cumplir”  “La única división que nosotros hacemos es entre los que luchan y los que se entregan[1]

Eso fue ayer, hoy la  discusión parece ser si la viuda de Néstor Kirchner se presenta o no a las elecciones presidenciales y mientras tanto el gobierno de Cambiemos destruye fuentes de trabajo, expulsa gente a la marginalidad, entre ellos a la mayoría de los jubilados y pensionados que no llegan al día 15 de cada mes, a las criaturas cuando el padre se queda sin trabajo y/o percibe un menor salario, etc.  Tras darle pingues negocios al capital financiero internacional, cuando estos se fueron, el gobierno se rindió incondicionalmente al FMI, y allí reside el fondo de la trama, el verdadero objetivo es que la Argentina se desindustrialice, para proveer el mundo de extracciones de nuestro suelo y su cultivo y cría de animales, que significa la cuarta parte de la economía del país y la octava parte del empleo, condenando a su población a una economía de subsistencia, a mendigar trabajo que va a ser cada vez menos y con menos derechos laborales.

En la lógica macrista la subordinación al FMI se explica porque le prestó a ese gobierno la suma de 27.804 millones, con los que pudo cubrir todas las cuentas, todos los pagos  y financiar el déficit fiscal en el año 2018. Y para este año 2019 el préstamo (y siempre y cuando el gobierno ejecute lo que “acuerda” con el FMI) suma 22.658 millones de dólares,  de los cuales 10.843 millones ingresan en marzo 2019 y explica la aparente paz cambiaria.

Pero en la presentación de las cuentas públicas y financieras de la Administración Nacional que hicieron el Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne y, el Secretario de Finanzas, Santiago Bausili, el 7 de enero de 2019, reconocen que las cuentas cierran si se renueva más del 60% de los títulos que vencen en el año, por un valor total de 25.870 millones (roll over) que, ante una elección presidencial y con el demonizado “populismo” como seguro ganador, implicará el riesgo que eso no suceda (que la renovación sea sensiblemente menor y en ese caso se produce un profundo desequilibrio de las cuentas públicas)[2] y dar el marco para lo que ellos denominan “volatilidad cambiaria”.

Por supuesto que en todo este tiempo el FMI garantiza la “libra de carne” y  la primarización del país.  Por eso, para cumplir con las metas acordadas para el 2019 se prevé la venta de activos del fondo público de pensiones. El último informe elaborado por los técnicos del organismo estima que el Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la Anses deberá liquidar este año una suma equivalente al 0,4 por ciento del PIB, aproximadamente unos1.800 millones de dólares, con lo que resiente para siempre la sustentabilidad del sistema.  

A lo que le suman, sin miramiento de ningún tipo, la permanente prédica de que se debe reducir el pago de jubilaciones y pensiones: El responsable de programas para Desarrollo Humano del Banco Mundial, Rafael Rofman, sugirió a comienzos de este mes de febrero, que hay que revisar las pensiones por viudez. “Las pensiones por fallecimiento fueron pensadas en un modelo donde un cónyuge trabajaba y el otro era dependiente. Pero si ambos tienen su jubilación, como es el caso hoy en Argentina, habría que repensar el rol de la pensión”. El FMI, a su vez, planteó en su último documento que el país debe encarar una reforma previsional que disminuya el haber de los futuros jubilados. En función de ello es que están estudiando las pensiones por discapacidad para retirarlas en muchos casos, ajustar  las jubilaciones obtenidas por moratoria con un índice menor que el del ajuste por RIPTE e inflación, instrumentar planes de retiro de  empleados públicos nacionales y provinciales, etc., que se suman a la reducción y/o eliminación de subsidios a los servicios públicos y al transporte y la parafernalia de medidas de ajuste que adoptó el gobierno de Macri desde que asumió el 10 de diciembre de 2015.

EL MAÑANA ES HOY

El problema financiero con el FMI es que en el año 2020 solo le va a prestar al gobierno argentino, la suma de 973 millones de dólares por trimestre y a su vez, hay que comenzar a devolver el primer crédito del FMI del 14 de junio de 2018 por 14.458 millones de dólares, en ocho cuotas iguales trimestrales y sucesivas de 1.807,25 millones de dólares (más los intereses), a partir de septiembre 2020.  Y así igual con los otros tramos que comienzan a pagarse nueve trimestres más tarde de haberse recibido. Recordemos que el valor es en DEG[3] y la tasa es variable y depende de la evolución de los DEG, pero se estima que rondaría el 4% anual.

Quiere decir que en el año 2020 se enfrentan vencimientos de capital de deuda por más de 25.000 millones de dólares y, no solo el FMI le prestaría a la Argentina una cuota reducida, sino que hay que comenzar a devolver el crédito.  Esto explica por sí solo que los títulos que vencen después del 2019, como las series de Bonar 2020 (BONOS DE LA NACIÓN ARGENTINA EN DÓLARES ESTADOUNIDENSES  2020);  Bonar 2022; Bonar 2024, etc. todos ellos pagan tasa en dólares por encima del 10% anual (al 7 de febrero de 2019), hay que ver en unos meses cuando entre a “tallar” la volatilidad cambiaria por la fuga de capitales cual va a ser el rendimiento de esos títulos para que existan compradores.

El FMI es el representante del imperio y quiere condicionar al gobierno y al  futuro del país.

No se trata solo de ganar elecciones,  de llegar al gobierno, se trata de gobernar con un plan y con el respaldo organizado de la población.

Con la burguesía rapiñera y parasitaria nuestra necesitamos un Estado fuerte, capaz de elegir  ramas productivas como punta de lanza del crecimiento del PIB.  Un Estado que pueda intervenir extrayendo excedente (vía impuestos y retenciones) del sector privado (fuertemente extranjerizado)  y dirigir y ejecutar inversiones estratégicas para integrar cadenas productivas y a la vez, que permita superar la dependencia de insumos y tecnología del exterior.

Alfonsín ganó las elecciones de 1983 con un plan dirigido por el Dr. Bernardo Grinspun, que partía de investigar el origen de la deuda.  Obviamente los beneficiados por la dictadura se opusieron férreamente, cuentan con prensa (y también beneficiado por la dictadura) adicta. Alfonsín termina aceptando la “presión” de la banca acreedora y de lo que ellos denominaron “capitanes de la industria” y le pide la renuncia al por ese entonces Ministro de Economía, Grinspun,  para acordar con el FMI. Con lo que se terminó aceptando y de esa manera legalizando toda la deuda y, después esos empresarios aumentaron los precios y Héctor Magnetto en persona, le dice en la cara a Alfonsín, cuando éste rogaba que le dejen terminar el mandato,  “usted no se da cuenta que ya es un estorbo”.

Corremos el serio riesgo de repetir la historia


[1] Notas y discursos de Agustín Tosco recopilado por la CTA

[2] En un marco de libertad para importar y fugar capitales, el gobierno de Cambiemos solo puede sostener el esquema con más ajuste. En los modelos de apertura con endeudamiento externo y fragilidad financiera, un problema interno o internacional, puede desatar el desarme de posiciones en depósitos a plazo fijo, Lecaps, o incluso la no renovación de Letes, para reactivar el proceso de dolarización.

[3] Se utilizan los DEG : Derechos Especiales de Giro del FMI, que está compuesto por una canasta de moneda donde las principales son el dólar estadounidense, el euro, la libra esterlina,  y el yen , en conjunto da un  valor menor que el dólar.