por Alicia Alvo

En un futuro reciente, en diciembre del año XII después de Letterkei, la República de Argentum se ha dejado seducir por el discurso de unos encantadores de serpientes. Como consecuencia de ello, ha quedado al frente del país el Gran Simulador. A poco de haber asumido, Argentum ha perdido su brillante nombre y honor, endeudándose con el Fondo de Genuflexión, al que ha entregado todo lo que está a ras del suelo, en el aire y bajo las aguas, para hacer buenos negocios privados. Mediante un plebiscito, Argentum ha pasado a llamarse la Aldea Feliz y su destino está regido por los Felices y por el Gran Simulador. Hacia el final de su mandato, es obligatorio realizar unas elecciones, cuyos principales protagonistas son los Felices, los Resistentes Nacypop y otras pequeñas comunidades de pescadores y cazadores de oportunidades electorales. Los Felices las consideran una mera formalidad y están seguros de salir vencedores, pero por las dudas y las deudas, a principio del año electoral, el Gran Simulador y su Gabinete de los Supremos Scoundrels, sesiona a la madrugada, para celebrar un contrato con Manipulatic, una Empresa informática privada que ya ha prestado servicios en países cuyos gobernantes son conocidos por adherir a una de las chanzas de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”.

Para llevar a cabo la tarea de contar los votos obtenidos por los contendientes, alrededor de novecientos jóvenes son contratados por Manipulatic, que a su vez terceriza los servicios de selección en otras empresas. Chicas y muchachos, desesperados por conseguir cualquier trabajo, en medio de una enorme crisis de desempleo, ajuste, hambre y cercenamiento de derechos, en la Aldea Feliz, aceptan ser Cargadores de falsadata, ingresando en las computadoras los resultados de la votación. Manipulatic los contrata en los más duros términos de precarización laboral.

En un primer momento, lxs jóvenes son convocadxs para realizar varias jornadas “de capacitación”, durante las cuales esperan interminablemente a que alguien les explique algo o les diga qué hacer, en un cuarto, sin teléfonos móviles ni pertenencias personales, con sólo una galletita en el estómago y mucha incertidumbre en los bolsillos, intentando aguantar hasta el final. Se trata de ver quiénes salen airosos de estas pruebas de paciencia o supervivencia darwiniana del más apto.

Finalmente, lxs sobrevivientes firman un contrato que lxs obliga a trabajar largas horas, con salarios indignos para cualquier ser humano de otras latitudes, pero esplendorosos para los Felices. Terminada la votación, acarrean a todxs en un colectivo y lxs llevan hasta las oficinas que tiene el Correo de la ex República de Argentum, hoy Aldea Feliz, en la localidad de Monte Grandote.

Una vez en el lugar, los llevan al Salón Amarillo del Sublime Panóptico. Allí, inician la tarea de carga de falsadata, en condiciones de trabajo inhumanas, sometidxs a malos tratos, frío, aislamiento total de lxs otrxs compañerxs y horas interminables (fuera de todo rango legal) trabajando en una computadora. Deben permanecer sentadxs frente a las pantallas, en silencio, con la espalda perfectamente recta, el escritorio absolutamente vacío, sin comunicarse con nadie. Está prohibido tener cerca alimentos o bebidas de cualquier tipo. Ni un caramelo, ni una botellita de agua. Tienen que cuidar de no dejar la pantalla inactiva en ningún momento, aunque no haya falsadatos para procesar, pero tampoco pueden tocar demasiado la computadora, “para no alterar nada”. Lxs Vigiladores controlan permanentemente a grupos de diez trabajadores, en un clima tenso y malhumorado, ordenándoles que enderecen la espalda,  que no apoyen ningún elemento personal  (ni aún pañuelos descartables) en el escritorio o que “no murmuren”. Las vejigas parecen globos de cumpleaños, porque los permisos para ir al baño son escasos y difíciles de conseguir.

A su vez, lxs cancerberos,  son sometidxs a las mismas condiciones, sin comer, beber o descansar, ni apartarse del guión de vigilancia. Las tareas a cumplir están totalmente segmentadas, para fomentar la desinformación. Los Cargadores, no sólo no saben lo que hacen lxs compañerxs sino que tampoco conocen el sentido de las órdenes que reciben para la carga de falsadata ni comprenden la dimensión de su responsabilidad ciudadana en lo que están haciendo. Todxs aquellxs que fueron contratadxs reciben credenciales de sus empleadores. No caben preguntas, dudas o quejas. A cumplir o reventar. Así funciona el Ministerio del Miedo Interior del Gabinete de los Scoundrels.

Durante la primera hora de carga de falsa data, todo se desarrolla según lo previsto y –aunque los Cargadores perciben inconsistencias en los resultados de la votación, ni siquiera se preguntan qué está pasando. Dan por sentado que ganarán los Felices, que ya están preparando una fiesta de proporciones principescas, a la que están invitadxs los Felices, los Creyentes, los Odiadores, los Castigadores y los Abducidos por Trolls. Sólo están ausentes los Esquiadores, que están sudando en las pistas de Esquí de verano, pero vendrán pronto, porque los ha mandado a llamar con urgencia la Reina Roja. A partir de la segunda hora de carga, aún a los Cargadores más automatizados les resulta evidente que pasaron cosas y los ganadores son los Resistentes Nacypop.

Al finalizar la segunda hora de tarea, llega desde los altoparlantes la orden de suspender la carga de falsa data. Despiden a todxs y les indican que cobrarán sus salarios el día menos pensado. Los funcionarios de Manipulatic se retiran, negándose a modificar lisa y llanamente los resultados de las elecciones, como les solicitaban los Felices, temerosos de perder su credibilidad y no poder colocar su producto en otros destinos geopolíticos.

El Gran Simulador, empalidece, tartamudea, oscila entre la ira y la depresión, habla por los principales canales de Formateo Feliz y –con mirada hipnotizada- da la orden a la Aldea Feliz de que se vayan a sus aposentos a dormir…dormir…dormir, por un período mínimo de cien años. En las diversas provincias de la Aldea se quita el cotillón y se cierran los locales de festejo.

Mientras tanto, en cada rincón, los Resistentes no tienen miedo, sino esperanza. Han logrado reunir a miles de ciudadanos, de todas las edades y profesiones que –cada uno desde sus casas- y sin más incentivo que el urgente deseo de recuperar Argentum, desde sus minúsculas computadoras, se han convertido en Cargadores de veradata. Al poco tiempo, mientras el Gran Simulador ordenaba irse a dormir, el panorama es claro: han ganado las elecciones los Resistentes. El triunfo genera una corriente emocional tan alta, que desde algunos países vecinos aplauden a Argentum por la belleza y el despliegue de los fuegos artificiales, encendidos por los abrazos.

Pero no todo es deleitable. Entre la noche del domingo de las elecciones y la madrugada del lunes, el Gran Simulador ha creado el Ministerio de la Venganza. Niño caprichoso y cruel, consustanciado con el Hada Maléfica, al enterarse de los resultados adversos, había mandado a dormir a todxs lxs Aldeanxs felices y luego, furioso por la desobediencia y los festejos de los Resistentes, entre gestos ampulosos, abrió fuego con maldiciones de hambre y sufrimientos, que perjudicaron a propios y ajenos. Todas estas desgracias les ocurren porque no me votaron y ahora la pagarán, vocifera, en el estilo de los malos de película. Pero es inútil. A su alrededor, empieza a crearse un vacío. Sus antiguos aliados lo han dejado solo. Algunos han huido con lo puesto, ya que sus riquezas están  en lejanos paraísos.