por Eduardo Dalter

Confundir una puerta de salida
con una gran boca de lobo,
se paga (y puede pagarse de por
vida);
confundir al amigo o al vecino
con un aprovechador taimado o
con un contrabandista
que está dispuesto a todo, se
paga
(acaso con marcas y venenos
que quedarán
hasta en los huesos);
y se vio: confundir una luz roja
con una luz verde
lleva a estos accidentes
lastimosos
(y oprobiosos)
que sólo la ceguera y el odio
hacen posibles.