por Miguel Núñez Cortés

 «El valor de un hombre no se determina por lo que posee, ni aún por lo que hace, sino que está directamente expresado por lo que es en sí mismo» – Aristóteles “En el “Caballo y el gaucho”, una serie de seis cuentos, su autor Pablo Katchadjian relata que “primero el profeta curó a alguien que no sabía que estaba enfermo, y esto en dos casos diferentes: en uno, curó a un enfermo que desconocía su enfermedad; en otro, curó a un enfermo sin saber que el enfermo estaba enfermo. Es decir, en un caso el enfermo no sabía y en el otro no sabía el profeta, pero en ambos casos hubo curación. 
«Luego, en una tercera variante, curó a alguien que estaba enfermo sin avisarle que lo había curado; es decir, el profeta vio a alguien con una enfermedad incurable caminando por la calle y lo curó sin decir nada, casi de costado, y esto también en dos casos: en uno el enfermo sabía que tenía una enfermedad incurable y en otro el enfermo desconocía su enfermedad.

 “He escrito muchas veces, algunas de ellas me fueron respondidas con severas y airadas críticas, que la buena gente de los pañuelos verdes tiene un universo de aplicación que no va más allá del segundo cordón del Gran Buenos Aires. De ahí provienen sus cuantiosas manifestantes, dotadas sin excepción alguna de un inmenso interés por la protección de la mujer golpeada, ultrajada, asesinada. Significantes valores de lucha y entrega, pero de poca superficie de cobertura.

 “En este enero de 2019, se publica una noticia aterradora. El diario El Esquiú de Catamarca se hace eco de ella, teniendo como fuente una edición del portal “minuto uno”.

 “La madre entregó a su hija de 14 años a un hombre de 59, a cambio de  una moto”

 “Dice el artículo que la denuncia la realizó el 18 de diciembre de 2018, hace menos de un mes, la abogada María Alejandra Moure Delicia en la División Violencia Familiar y Género.

 “De acuerdo con la denuncia, la chica, que ya está embarazada de OCHO meses, reveló que su madre, Eva Egues, «la obligó bajo amenazas a que vaya al domicilio de ese hombre a trabajar como empleada doméstica y que la cambiaba por una motocicleta».

 “Ciertas definiciones causan risa, cuando son tan de claustro, tan alambicadas. Verbi gratia: “el valor de un hombre lo constituye un proyecto de vida sobre una escala de valores que permita equilibrar sus aspiraciones sin poner como única meta de la vida la consecuencia del éxito material. Lo que poseemos o lo que hacemos ha de permitirnos valorarnos en la misma medida que trascendemos en ser bondadosos y útiles al prójimo”. ¡Aplausos por favor!  ¡pla!  ¡pla!  ¡pla! 

 “Esto es maravilloso, pero no para muchos lugares de nuestra patria amada.

 “Y si alguno se ve tentado a repetir la monserga que dice que la solución es la “educación”, les advierto que hasta aquí hemos llegado con la educación que tuvimos y que tenemos, devenida desde la época de nuestros venerados padres fundadores de fines del siglo XIX y principios del XX.

 “Guillermina Tiramonti, investigadora del Área Educación de FLACSO, ha descrito en “Los diez mitos de la educación argentina” que CIEN AÑOS de educación (NR: algunos años más) demostraron que ello no repara la injusticia social. La sociedad tiene que actuar en distintas dimensiones para lograr la verdadera justicia social. En sociedades muy injustas, muy polarizadas como la nuestra, la escuela tiende a reproducir esta diferencias, aun cuando el objetivo declarado sea la ampliación de derechos”

 “Entonces ¿de dónde van a surgir maestros distintos, policías distintos, médicos distintos, barrenderos distintos, políticos distintos, dirigentes sociales y gremiales distintos, militares distintos, vecinos distintos?

 “Acaso ¿tendrá que obrar el profeta del cuento, curando a los enfermos sin que ellos se enteren o habrá que decirles de una buena vez a los enfermos que están enfermos y que tienen que ser curados? … ¿y quién se los dirá?

 “Esta patria argentina de millones de dolientes, lactantes, niños, jóvenes, trabajadores y ancianos, no hubiera llegado hasta aquí, con certeza de gravedad terminal y fecha definida de defunción, si realmente nuestra sociedad no estuviera como está, profundamente enferma.

 “Al que le quepa el sayo… que se lo ponga”