Por Leda Amorín

¿Las canciones pueden influir en la conformación de una conciencia política en una determinada coyuntura histórica? ¿Nos incomodan? ¿Nos interpelan? ¿Pueden producir cambios que nos impulsen a luchar por una sociedad más justa e igualitaria?

 

Hoy vivimos una etapa de democracia consolidada, con amplia libertad y respeto por los derechos humanos (aunque pareciera que ciertos opositores compiten por el premio al absurdo, denunciando lo contrario con total libertad). En este contexto da la sensación de que no hay canciones con tanto peso específico, como las que hubo en otros momentos en nuestra música popular, que influyan en la conformación de una conciencia política crítica para el cambio. No quiero decir con esto que no puedan surgir canciones más críticas o que ya no existan, solo creo que hoy ninguna cumple ese papel.

Me aventuro a arriesgar que quizás esto suceda no solo porque muchas injusticias del pasado encontraron su reparación, gracias a las luchas populares cuyas consignas se transformaron en políticas de estado, sino también porque existen amplios espacios para la militancia, la opinión y la participación, en los cuales podemos discutir y expresarnos en libertad. Probablemente la mayoría de las canciones críticas de estos tiempos acompañan el proceso político de cambio y de ampliación de derechos, y no se posicionan en la vereda de enfrente, sino que hacen visibles las asignaturas pendientes o interpelan a la sociedad por una profundización de los cambios.

Pero en épocas de dictadura, no tan lejanas, sí era necesario y urgente rebelarse contra al discurso hegemónico del poder militar y corporativo. En particular en la última dictadura —la más sangrienta de nuestra historia— esto podía implicar un peligro, por la violencia y la censura que el terrorismo de estado había instaurado.

Canciones y política1

Algunos artistas de nuestra música popular corrieron el riesgo y se expresaron, dejando obras que quedaron grabadas en la memoria colectiva, que despertaron la conciencia y fueron catalizadoras del cambio. Menciono aquí algunos ejemplos de canción política (también llamada “canción de protesta”) del período que va desde principios de los 60 hasta fines de 1983: Si se calla el cantor (de Horacio Guaraní); varias del Movimiento del Nuevo Cancionero (dado a conocer en febrero de 1963, con autores como Armando Tejada Gómez e intérpretes como Mercedes Sosa, entre otros); canciones de Atahualpa Yupanqui, José Larralde y Facundo Cabral; El fantasma de Canterville, Alicia en el país y  Los dinosaurios (de Charly García); Solo le pido a Dios, Hombres de hierro y La navidad de Luis (de León Gieco); Como la cigarra (de María Elena Walsh); Padre Francisco y La marcha de la bronca (de Miguel Cantilo); Para el pueblo lo que es del pueblo (de Piero); canciones del grupo La fuente (mezcla de folclore, canción acústica y murga); Pensé que se trataba de cieguitos (de Pipo Cipolatti), entre tantas otras. Y en democracia: Todavía cantamos y Sobreviviendo (de Víctor Heredia); Queso ruso y Todo preso es político (de Los Redonditos de Ricota); Señor cobranza (de Hernán de Vega, difundida por el grupo Bersuit Bergarabat y censurada durante el Menemato); La memoria (de León Gieco) y Los salieris de Charly (con letra del mismo autor y música de Luis Gurevich), entre otras.

El caso de Charly García es paradigmático. En sus canciones Alicia en el país (grabada en el álbum “Bicicleta” de Serú girán, en el año 1980) y Los Dinosaurios (grabada como solista, en el álbum “Clics modernos”, en el año 1983) expresó ideas profundas y necesarias con gran contenido poético. En una entrevista que le realizaron Jorge Dorio y Martín Caparrós (en 1987, programa “El monitor argentino”), ante la pregunta acerca de sus canciones de fines de los 70/principios de los 80, Charly decía: “Había gente que me entendía, se jugaba un poco también con ´Charly está loco, a los locos hay que dejarlos´. Siempre fue una cuestión de despistar, pero la gente que venía a los conciertos sabía de qué se trataba. Decía algo que tenía que ser dicho, era político. Era una época donde había un enemigo muy claro; quizás lo que se decía era basta”. Frente a la pregunta de Caparrós sobre cómo veía su lugar en la cultura, por sus letras que circularon mucho y que quizás hayan formado algunas maneras de pensar, Charly respondía “Me veo como un tipo que aportó un poquito a la conciencia general, que hizo que alguna gente se dejara el pelo largo, que alguna gente se rebelara contra ciertas cosas, que forma parte de un movimiento de gente que en algún momento dijo no a un montón de cosas y sí a otras. No soy un héroe pero algo dije.”

León Gieco, en una entrevista con Gerardo Rozín (en el año 2012, para el programa “Esta noche, libros”) dijo: “Cuando llegué a Buenos Aires todos los chicos se politizaban, iban a parar a partidos políticos, y nosotros politizábamos la canción, por eso yo compuse mi primera canción, “Hombres de hierro”, que está compuesta para el Mendozazo“. “La poesía hecha canción es potente, es un arma. Por eso la canción es prohibida en gobiernos dictatoriales. A lo mejor los libros de poesía pasan, pero la canción cantada la entiende hasta un analfabeto”.

Se han intentado muchas definiciones del arte en general. Se dice que el arte agrega belleza y sentido a la vida, que trasciende a sus creadores y se transforma en un patrimonio cultural para todos, que perdura en el tiempo, traspasa fronteras y conmueve, incluso, a los que hablan otras lenguas.

También se dice que una obra es artística si nos incomoda, cuestiona nuestras certezas, despierta la conciencia social y nos impulsa a llevar adelante cambios colectivos. Para que eso siga sucediendo con las canciones podríamos considerar:

  • Que es importante tanto la creación de letras y músicas de calidad (de parte de letristas y compositores), como la creación interpretativa de parte de cantoras y cantores comprometidos con su tiempo, que las incorporen a sus repertorios. Mercedes Sosa decía “Nosotros, los cantores, tenemos la obligación de mostrar las obras de los nuevos autores y compositores”. La elección de un repertorio es un compromiso político, no partidario, sino con la sociedad de la que somos parte, con las ideas que defendemos y con aquellos que ya no están y arriesgaron mucho para conquistar la democracia y la libertad.
  • Que es necesario un mayor aporte de los medios de comunicación en la difusión de esas nuevas canciones para que lleguen a públicos más amplios, ya que esta carencia hoy obstaculiza el trabajo de los músicos y cantores independientes. Para lograr este objetivo se debería desafiar más la lógica conservadora y comercial a la hora de difundir el trabajo de los artistas o programar música en las radios; sería positivo y lógico que esto suceda, especialmente, en los medios sin fines de lucro, independientes o alternativos (algunos medios ya lo hacen hace tiempo y en particular ciertos programas de radio y revistas; no sucede lo mismo con la televisión).
  • Con respecto al público cito a Alejandro Dolina que expresa, con la excelencia que lo caracteriza, algo que comparto: “Si la gente no consume lo que hace el artista, mala suerte. El artista decente tiene que hacer lo que él quiere, no lo que la gente consume. El tipo decente hace lo que le gusta a él, mejor todavía, lo que no puede dejar de hacer, lo que siente que tiene que hacer. Después si la gente viene, mejor. A veces el público puede ser conservador, a veces hay que pelearse con el público.”

 

Y para finalizar esta reflexión voy a referirme al comienzo del proceso creativo. Cuando el artista está creando su obra pone en juego talento, inspiración, estudio y trabajo. Pero a todas esas variables sería muy interesante que se incorpore el intento de responder algunas preguntas (por ejemplo ¿qué? ¿por qué? ¿para qué?), aún corriendo el riesgo de que algunos aplausos sean menos entusiastas, de no ser tan apreciado por sus pares, de no acceder a determinados medios de comunicación o de no obtener la cantidad deseada de “me gusta”, que parecen más una versión actual de las espejadas aguas en las que se reflejó el joven Narciso que una prueba de talento, compromiso político sincero y calidad artística.