Colaboración: Rosana Herrera

(A Evo)

Se callaron las voces que entonaban utopías,

ya los latidos son retumbos de sombras.

Las doradas vainas de los días que sembraban promesas, aletean lejanas.

En las horas de brotes regalé mi piel y me desposé con la vida.

Juntos bebimos de sus odres hasta que las parcas amortajaron los cardenales de mi sangre.

El credo de la primavera agonizó en esa noche de desvarío.

Y quedó instalada la tristeza.

Pero aún con esta herida de espanto y desconcierto,

me rondan sueños de cicatrices que acarician mi pena.

Y cuando mi última lágrima se evapore

en el vientre sensual de la esperanza,

florecerán los retoños de futuro

haciendo del dolor, un raído tapiz deshilachado.

Entonces me haré luz y llenaré de rubores

las penumbras de aquella fe perdida.