Colaboración: Oliverio Jitrik

En esta última semana los hechos se comienzan a precipitar a mayor velocidad, falta muy poco para el domingo 27 en el que se supone que presenciaremos la caída en catarata de Macri, si se logran atajar las posibles maniobras de fraude, no hay que descartarlas.

Las imágenes del sábado 19 se suceden y ya se arriaron las banderas del acto del Millón/Sísepuede en la gran avenida. Los estridentes “Sísepuede” empezaron a atenuarse, melancólicos, y se dispersaron por Corrientes y Córdoba. La Nación, con muchas ganas, hizo un estimado de 360.000 asistentes: su sobreestimación fue de un factor de 2 por lo menos. De todas maneras, el diario trabajó bastante en su análisis, con cálculo de densidades en función de la distancia y orientación del palco. Sea lo que fuere, más o menos, allí se juntó una fracción importante de todos los votantes macristas porteños. 

Eran muchos más que en Barrancas de Belgrano, pero esta vez no hubo Casero ni Brandoni (o estaban pero no fueron destacados por videos) o sea que sólo había ciudadanos de a pie, sin mayor relieve mediático pero bien dispuestos esta vez a manifestarse, aunque supieran que la suerte está echada. Se exhibe de nuevo, un poco menos que en Belgrano, la Argentina pigmentocrática: la correlación entre ideología, melanina y estructura capilar es notable. Abundaron las cuarentonas lacias y rubias, que suelen ser las más agresivas, tal como lo pudo comprobar Ezequiel Guazzora quien, valiente, se metió con su camarógrafo en el corazón de un ceremonial en realidad simplote en sus consignas pero respondón, como lo probaron el “no vuelven más”, los “peronachos”, y el uso de la melodía de la pretoriana MMLPQTP pero con letra cambiada -desde luego-.

Hay que destacar que varios machos presentes -simpatizantes globescos desde luego- celebraron a Guazzora por “sus huevos” y la verdad es que tuvieron razón.

A pesar de que se vieron muchos colectivos escolares anaranjados sugiriendo la presencia de acarreados hay que reconocer que este subconjunto de la sociedad consiguió concretar el acto más numeroso de la era PRO y probablemente de toda su historia.

Caras emocionadas, fervorosas, coreando a pedido de Larreta las consignas de “vamos a volver”, “esto se da vuelta”, etcétera, preparándose para, a la hora de la locución de Mauricio, emitir el “Sísepuede” a todo pulmón, el mejor hit de Cambiemos en la era post-PASO y pre-27 de octubre.

Una parejita cuyos nombres desconozco comparte la tarima con HRL y sus manos se entrelazan tiernamente, no con las de Larreta desde luego, pero a él lo contemplan con arrobo. Ella está bastante mejor que su pareja, lo que comprobaría de paso una curiosa debilidad no sólo por el macrismo sino por él, un representante corpóreo, “el macrista” en estado puro, tanto que tuvo ganas de subir al escenario con su mujer. ¡Por ahí eran «sólo» empleados de la ciudad pero eso no llegaría a quitarle lo recontramacrista!

Me entero por La Nación que se intenta emular la marcha millonaria en otras ciudades, como México por ejemplo. Puesto que paso buena parte del año en esa ciudad, trato de identificar en las fotos de instagram a algunas cataduras acaso reconocibles pero no, son ignotos para mí, aunque hay algunos veteranos de la clase “epa, che, pero mirá que hay tipos grandes” que, si tienen años acá podría yo reconocer, aunque también esta clase de argentinos se nuclea más bien en la zona de Polanco y en Tecamachalco (algo así como el equivalente funcional de Belgrano y San Isidro, respectivamente), son más empresariales que “académicos” o “psi”, esas estirpes más abundantes en la época de los numerosos exiliados de los años 70 pero que hoy escasean, en buena medida porque la mayoría volvió después del 83 y los pocos que se quedaron posiblemente se aburrieron de la realidad argentina, acaso suponiéndose bien integrados en los circuitos mexicanos. Dicho de otro modo, entre los argentinos en México, al igual que entre los españoles, hubo y hay varias grietas y eso será otro tema a estudiar.

El domingo 27, pues, votaré en la Ciudad de México y, con suerte, me podré encontrar con algún colgado como yo. En mi caso, invierto bastante tiempo en recargarme con las noticias argentinas aunque, para tener todo el cuadro completo hay que leer La Nación. Algunos artículos de dicho diario están fuera de mi alcance porque son exclusivos para suscriptores, no entiendo por qué sus mandos pensarán que sólo el fiel suscriptor merece leer a Morales Solá, Pagni o Sirvén, que serían considerados más “picantes” o «contundentes» que Beatriz Sarlo. Como mi fruición al leer a estos fanáticos no llega a tanto, me perderé al Joaco o al gallego Fernández Díaz que se dice amigo de Pérez Reverte. Tampoco puedo abrir las notas del simpático bufo Carlos Roberts que debe estar exprimiéndose la duramadre para sacar algo gracioso a días de la debacle después de haber imaginado con esfuerzo un definitivo “No vuelven más”. Carlitos, te cuento confidencialmente que no solamente “vuelven más”, sino que se sospecha que lo harán muy colmados por cuatro años, ya no digamos de agravios de la comunicación macrista, el aumento de la pobreza o la corrupción infinita, sino por causa de la martirización del discurso cotidiano, los globitos, las balas de cañón “coloniales” en muchas veredas y el tuteo insoportable en la propaganda larretiana.

Pero, compañeros macristas, tranquilos que nada de eso se insinúa en las palabras de los Fernández y no se tienen contempladas Conadeps del periodismo. Es muy probable que en el futuro próximo se intente deliberadamente resanar la espantosa “Grieta” con el perjuicio de que se pierdan los lentes que permitían exhibir de forma nítida el grado de sabotaje al país que perpetró esta administración, en cada uno de sus planos. Se puede imaginar un gobierno FF “sin venganzas”, un poco al estilo (en cuanto a esta cuestión) de López Obrador en México, que no se mete demasiado con los causantes de la herencia actual (hacerlo con el narcoestado paralelo no pareció buena idea en Culiacán) y esperamos que su “abrazos, no balazos” triunfe algún día.