Por Iván Chambouleyron 

Un plan nacional de ciencia y tecnología no es sólo un problema científico, sino un proyecto político estratégico de toda la sociedad.

Introducción

Para numerosos autores, sobre todo quienes opinan en los medios de comunicación, ‘crecimiento económico’ y ‘desarrollo’ de un país son conceptos equivalentes. Se trata de un malentendido formulado, cultivado y puesto en acción por un pensamiento explícito o implícito de tipo neoliberal, sobre todo cuando quienes lo sostienen ocupan el poder político. Se trata, por lo tanto, desde una mirada crítica, de disiparlo, como tarea de higiene filosófica con consecuencias políticas.

Por de pronto, basta una primera y rápida mirada a nuestra región para señalar que, por el contrario, un país puede sostener un sólido crecimiento económico -expresado en términos de su PIB- sin que por ello su población tenga un adecuado desarrollo en cuanto a bienes elementales como la salud, educación, vivienda, y otros indicadores sociales. Es el caso de países cuya riqueza principal proviene de la exportación de recursos primarios, energéticos, minerales, o agrícolas, sin ningún valor agregado. En parte es nuestro caso o, a menos, es lo que sostienen como presente y como futuro sectores ligados, precisamente, a tales recursos, una especie de condena inaceptable: a presentar otras posibilidades se dirige, pues, esta reflexión.

Empecemos por señalar que un proceso de desarrollo que tenga objetivos sociales y humanos es de otra índole e implica otros compromisos. Como punto de partida, debemos considerar los cinco “capitales” que todo país posee: capital natural, capital humano, capital (u organización) social, infraestructura y capital financiero. Veamos cada uno de ellos.

  1. a) Capital natural, también llamado “capital ecológico”, es la reserva o el flujo de energía y materia que produce o ayuda a producir bienes y servicios. Incluye diferentes tipos de recursos, algunos renovables, como agua, madera, pesca, granos; otros no renovables: combustibles fósiles y nucleares, reservas minerales. También lo que brinda la naturaleza: clima, radiación solar, vientos y lluvias, ríos, calidad de los suelos.La Argentina es un país bien dotado en este aspecto.
  2. b) Capital humano: tiene que ver con el nivel educacional de la población en general y de la competencia de sus profesionales y técnicos y es fundamental para todo proceso de desarrollo, es el caso de Japón y de los Tigres Asiáticos, países avanzados con poco capital natural pero mucho capital humano. Los países subdesarrollados, en cambio, padecen de graves falencias educacionales ya sea por carencias intrínsecas ya, como ocurre en la Argentina, como consecuencia de la destrucción sistemática de la educación pública y el menosprecio a la ciencia.
  3. c) Capital social: es el conjunto de estructuras, instituciones y relaciones que permiten a los ciudadanos mantener y desarrollar el capital humano: familias, comunidades, iglesias, sindicatos, organizaciones sociales y políticas, cámaras de productores y comerciantes, sistemas de educación y salud. La madurez del capital social incide en y respalda la participación de la población en las acciones de gobierno y aumenta la eficiencia de las instituciones públicas.
  4. d) Capital de infraestructura: abarca los instrumentos y los bienes materiales que hacen funcionar la sociedad, la maquinaria, los edificios, las escuelas, los hospitales, los pueblos y las ciudades, los sistemas de comunicación y de transporte, el agua y la energía, así como las tecnologías con las que se producen bienes y servicios. En otras palabras, es el soporte físico que permite la vida económico-social.
  5. e) Capital financiero: la suma de recursos necesarios para sostener la producción, y la transformación de los otros órdenes del capital. Desempeña un papel importante en la economía pero, a diferencia de los otros, no posee valor intrínseco. Su valor es sólo representativo de los capitales humano, natural, social y de infraestructura.

Panorama actual

Si bien es sobre estas categorías del capital que se asienta la vida de la sociedad es necesario considerar la existencia de determinados emergentes que las unen y que parecen estar por encima de cada una en particular: la expansión de la energía nuclear, la revolución informática y biotecnológica que, entre otros, hicieron que el crecimiento económico dependiera, en creciente medida, de la innovación tecnológica, lo cual debe ser considerado en una doble dirección.

Por un lado, el avance tecnológico está íntimamente ligado al avance del conocimiento y, sin duda, proporciona en diversos campos mejor calidad de vida; libera al ciudadano de problemas básicos y le otorga oportunidades crecientes en aspectos sociales, económicos, culturales y artísticos. En los países industrializados, donde la mayoría de la población tiene satisfechas sus necesidades elementales, la innovación tecnológica y el crecimiento se sostienen debido a la rápida circulación de bienes, consumo alentado por productos de sofisticación creciente respaldados por elaborados programas publicitarios.

Por otra parte, el sector productivo de los países en desarrollo usa, en general, tecnologías importadas, la demanda de I&D local es pequeña lo que genera dependencia pero cuando existen políticas de I&D, la mayor parte del dinero destinado a estas actividades proviene de fuentes gubernamentales y alimenta institutos de investigación y universidades públicas que luchan con la limitación de recursos. A su vez, la capacidad instalada existente no logra acercarse a las necesidades de actualización y/o innovación tecnológica que por su lado requiere el sector productivo, en particular las pequeñas y medianas empresas. De esta situación resulta una limitada economía de bienes y servicios que refuerza la dependencia tecnológica, salir de la cual no es tarea fácil porque crear una indispensable cultura científica, sobre la que esa tarea debería ejecutarse, exige, entre otras cosas, grandes inversiones en educación nunca suficientes a causa de las dificultades que obstaculizan a estas sociedades para producir la riqueza indispensable para salir de la dependencia.

Los pueblos que no participan del desarrollo científico-tecnológico se vuelven, económica, social y culturalmente, subalternos de los países que lo lideran. En una aproximación grosera, pero ilustrativa, podemos decir que el mundo está hoy dividido en dos. Por un lado, existe el primer mundo avanzado, con buen nivel de vida y un alto dominio de la ciencia y de la innovación tecnológica. Por otro lado, el tercer mundo -donde la miseria abunda- que no domina la ciencia y sus aplicaciones. Un primer mundo que piensa científicamente, crea, inventa, produce, descubre, presta con condiciones o esconde avaramente sus proezas  tecnológicas; y un tercer mundo que viaja, se comunica, se divierte, cuida la salud y muere, utilizando las ropas, vehículos, teléfonos, Internet, televisión, deportes, medicamentos y armas que inventa el primero.

La dependencia tecnológica no es solo económica; es también cultural.

Para conseguir un país con ciencia, y no sólo con científicos, la educación universal, gratuita y obligatoria es la componente fundamental. Sólo ella hará que la población entienda que el bienestar general depende de la búsqueda constante y de la apropiación del saber. En un proyecto educativo para el desarrollo es necesario incluir a toda la población en esta empresa para generar una masa crítica de talento que potencie un sistema productivo comprometido con el progreso y la equidad social. En otras palabras, la existencia de ciencia en un país depende no sólo de la fracción del PIB aplicada a becas y salarios, a la compra de telescopios, espectrómetros, microscopios electrónicos, computadoras y otros sofisticados equipos que pueblan los laboratorios del primer y del tercer mundo sino fundamentalmente de la visión del mundo que tiene su sociedad.

Sin inclusión social no hay país con ciencia.

El gran desafío del próximo gobierno argentino es promover el crecimiento económico y reducir la desigualdad social. Como acabamos de señalar, el aumento del nivel de educación de la población es parte esencial de este proceso. La integración del pueblo a la construcción de un país con ciencia y tecnología es la condición básica para alcanzar una economía moderna en una sociedad justa y democrática. En otras palabras, el desafío principal que enfrentamos es el establecimiento de un sólido sistema de educación pública que permita incluir a todo el país en el desarrollo de una ciencia y una tecnología que no estén disociadas de los grandes problemas nacionales. La movilización de toda la sociedad es necesaria para que los recursos invertidos en I&D puedan fructificar, tanto en relación a la contribución que la ciencia pueda dar para el avance del conocimiento y la independencia tecnológica, como en relación a la mejoría de la calidad de vida de la población. La participación decidida de educadores, investigadores y tecnólogos es de fundamental importancia para conseguirlo. 

¿Qué hacer?

En un país como el nuestro, las limitaciones de tamaño, las penurias económicas y la existencia limitada de recursos humanos, plantea la necesidad de decidir: ¿Cuánta ciencia? y ¿Qué ciencia? debemos hacer. La respuesta a estas preguntas está determinada por el modelo que el país elija.

Toda investigación científica busca alcanzar dos objetivos: calidad y relevancia. La calidad se mide en el ámbito interno del área en la que la investigación se desarrolla. Establece su profundidad y alcance determinadas por la luz que lanza sobre diferentes asuntos y por la solución de problemas y desafíos históricos en procesos evaluados y reconocidos en el campo científico mismo. A su vez, la relevancia se juzga a partir de un punto de vista externo al académico y está relacionada con la aplicabilidad del resultado obtenido en áreas de interés, sean de carácter productivo o social: la relevancia depende del contexto en el que se desarrolla la investigación; lo relevante para un país en un momento dado puede no serlo en otro, o en otro país. En países con poca vinculación entre la academia y la actividad productiva o la problemática social la relevancia tiende a ser confundida con la calidad, aunque existe una correlación entre calidad y relevancia no es necesariamente así: casi todo lo que tiene mucha calidad acaba siendo relevante y, probablemente, nada que no tenga calidad tendrá alguna relevancia. Pero existen notables excepciones. Ambos juicios son imperfectos, pero no se conoce nada mejor.

Una política nacional de ciencia y tecnología debe buscar resultados relevantes en el campo económico-social; las acciones de gobierno en la materia atraviesan todas las actividades del país y están conectadas, indisolublemente, con los cinco ‘capitales’ referidos en la introducción pero es difícil, para un país como el nuestro, pensar que la relevancia que pueda tener la producción científica y tecnológica esté desvinculada de todo plan industrialista así como de los objetivos que se pretenda alcanzar en las áreas de educación, salud, vivienda, energía, defensa, recursos naturales, producción agropecuaria, redistribución del espacio nacional, economías regionales.

Seguramente las innegables limitaciones presupuestarias llevarán a priorizar temporalmente algunos proyectos en detrimento de otros, quizás no menos importantes, lo que no quita que las prioridades y el destino de los recursos disponibles son acciones de gobierno que implican, necesariamente, la coordinación y participación activa de ministerios y agencias. Esta acción coordinada torna indispensable la existencia de un organismo centralizador del más alto nivel.

En suma, se trata de tener en cuenta una pluralidad de aspectos si, como es esperable en la nueva etapa que se abre en el país, el desarrollo científico es entendido en su verdadera dimensión, mezcla de posibilidades y de limitaciones, con variados recursos y escasa inserción en la realidad cultural del país.

* Ex Rector Interventor de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Argentina. Ex Vice Rector de Investigación de la Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP), SP, Brasil.