Por Marta Santore.   

Bolivia evidencia hoy con patético horror la estafa que la civilización occidental judeo cristiana hizo a todo pueblo culturalmente diferente. En nombre del progreso y la libertad de la razón sometió y exterminó a los que insistieron en defender su identidad.

      Es la pesadilla de Nuestra América de la que despertamos en algunos momentos pero no lo suficiente para que los movimientos de liberación del siglo XIX se concreten. La independencia cultural no se ha logrado.

Esta civilización se impuso como única, hegemónica con un sistema de valores culturales que sostuvo hasta hoy al capitalismo y su expansión. Única religión, única organización social, único sistema político y el racismo fundamentando siempre su superioridad y su imposición como modelo a seguir.

      La democracia representativa fue impuesta también como única. Actualmente devela la estafa que los pueblos pagan con sangre. Puede sostener tanto una desigualdad obscena como la de Chile y reprimir en su nombre a una población entera que dice basta, como destituir un gobierno votado mayoritariamente en Bolivia y reprimir en forma sangrienta con una perversión que actualiza la Inquisición a la que hoy se suman las iglesias evangélicas. Las interrupciones a gobiernos civiles a las que nos acostumbramos en el siglo pasado fueron militares. En el presente son policiales. Tal vez consideraron que las corporaciones (policía) eran más eficaces que las instituciones (ejército). Hoy empiezan a juntarse abiertamente ante el estallido de sus sociedades.

La crisis definitiva devela otra estafa, la trama de las sociedades laicas liberales tejida con la Religión monoteísta que acompañó la colonización, el catolicismo. Se descontó, se ocultó que los valores culturales que las sostienen son los de la tradición religiosa única en occidente, más allá de variables supuestamente racionales o reformas religiosas necesarias a los tiempos.

      En la actualidad desde se agregan las iglesias evangélicas curiosamente corporativas a diferencia de la Iglesia Católica institución por excelencia. Como el ejército y la policía también se unen ante el estallido social. La inquisición sigue en pie.

      Claro que esto nada tiene que ver con la religiosidad y la fe de los pueblos, pero en el sometimiento la utilizan y pervierten.

Como bien señala Jean  Baudrillard en El Crimen Perfecto, esta civilización ya no tiene alteridad, nadie que piense, puede creer en sus declaraciones. Luego el racismo que la sustenta camina desnudo. Siempre produjeron genocidios en su expansión pero hasta la segunda mitad del siglo XX  producían cultura, había algo del orden simbólico que importaba trasmitir afuera y en su interior. La hegemonía del polo estadounidense y la subordinación de Europa estableciendo el mercado, con la revolución tecnológica y la realidad virtual globalizada a su disposición  generan un grado de fetichización que ni el genio de Marx habría imaginado.

      Sin embargo hay quienes todavía le otorgan alteridad. Se trata de los países colonizados y sus sectores de clases dominantes y lo más grave no solamente. Por supuesto que hay variantes entre los países latinoamericanos respecto de cómo articularon lo cultural propio y “la civilización” Hoy además hay gobiernos diferentes. Pero hay aún un horizonte civilizatorio que nos atraviesa y determina la colonización de nuestras conciencias.

     Hoy ante la develación de la estafa se nos impone ser protagonistas responsables. Se trata de impedir la exclusión de nuestras culturas.

Salir de ser víctimas y/o cómplices.

      Retomar la duda y la hipótesis de si América (La Nuestra como decía Martí), con sus diferencias, ingresó al proyecto histórico occidental en su versión moderna industrial. De lo que no hay duda es de la inclusión como consumidores, ni de las decisiones acordes a los intereses de sus obedientes gerentes políticos.

      La era del mercado y la comunicación en Occidente ha logrado que nuestras naciones hayan copiado y acopiado toda oferta vendida como progreso, sin reconocimiento, ni elaboración alguna.

     Las posiciones serviles de los falsos dirigentes de los países colonizados,   postergan su muerte a costa  de la sangre de los otros. Algo de esto debe seducir seguramente a los humanos.

     Se nos impone re-conocer nuestras historias y recuperar el protagonismo generando interpretaciones propias que rompan la huelga de acontecimientos.

     Felizmente y con todo el dolor de los sufrimientos injustos, hay pueblos que la están rompiendo.

     Salgamos de esta civilización sostén del capitalismo que está probablemente en su mayor crisis.

      Su epitafio posible será “ Aquí yacen los restos, la nada, de una civilización que en su modernidad  no aceptó las diferencias,  no supo qué hacer con ellas. Quedó como única. Fuera de la cultura…No se sabe que fue.

     La recolonización globalizada ya no tiene ni matices, los presidentes colonialistas de Nuestra América tiene el mismo discurso. Claro que no pueden por más que lo crean planificar los efectos en sus sociedades. Los pueblos latinoamericanos con sus insistencias de lucha por los derechos sociales básicos en la desigualdad extrema  a la que están expuestos, están poniendo en práctica la necesaria y anhelada Patria Grande. La región.

     La tan mentada proclama “Civilización o Barbarie” encubría  la verdad de los opuestos. En su expansión la civilización es la barbarie.

  En Bolivia se puso en escena lo que implica estar fuera del orden cultural. Desconocer un sesgo fundante de nuestra condición humana, la conciencia de muerte. A  partir de ella creamos diferentes ritualidades para transitar ese pasaje de angustia inevitable, para aceptar nuestro límite infranquable.

     La perversión de esta civilización genera que haya quienes supongan que no hay tal límite al punto de creer que pueden pasar por alto la muerte. La represión durante un funeral escenifica el final de una cultura. Como entre nosotros lo fue la desaparición de los cuerpos de personas.

    Atención que lo que se está demostrando es que se están generando demasiadas conductas perversas si advertir que ir más allá del límite infranqueable significa la muerte cultural, la única que podemos evitar. Es nuestra condición y responsabilidad.

   Qué más? Hay que preguntarse cómo es que la socialización propuesta desde hace siglos a través de familia, escuela e instituciones afines  pueden generar tanta cantidad de perversos, de deculturados. Porque todo vamos a la misma es cuela ¿no?

   Se impone crear una educación diferente, si es que tiene que llamarse así. Repensar todas las categorías del sistema.Vale recordar que hasta hoy  nosotros sinonimizamos educación y civilización, descontando que hay solo una y lo que está fuera de ella es salvajismo inferior.

   Qué hizo de los maestros y profesores repetidores e ignorantes de su propia historia?    Si queremos pensar y actuar la Patria Grande por lo menos tenemos que conocer su historia para poder intercambiar con otras culturas, ni mejores, ni peores, diferentes.

    La historia de cada pueblo es su cultura. La trasmisión pone en juego el crecimiento por mantener cada vez lo que tiene de eficacia para cada comunidad, transformar lo necesario e inventar lo nuevo.

   La educación en este sentido tiene cada vez que pasar la posta de una generación a otra para que la desobediencia en el crecimiento sea responsabilidad.

   Tal vez nunca más cierto el pensar de Simón Rodríguez

       “Inventamos o erramos”