por Alejandro Mosquera

Los resultados  de Córdoba reafirman lo que vino sucediendo en todas las elecciones de este año en las provincias: caída vertical de Cambiemos. Ni siquiera habiendo jugado sus principales espadas electorales: Vidal, Rodríguez Larreta, Carrió apoyando a Mario Negri, ni sumando las dos vertientes en las que se dividió Cambiemos se puede ocultar la perdida de apoyo en esa provincia que le había dado a Macri el 71% de los votos en el balotaje del 2015.

El intento de Patricia Bullrich y del candidato oficialista de sostener que no había candidato oficialista suena grotesco. Lo real es que el deterioro de Cambiemos y en particular de Macri preocupa y mucho puertas adentro de la alianza gubernamental y del circulo rojo. Allí deben buscarse las razones de las internas que se desatan. El radicalismo actual solo busca sobrevivir, pero el PRO sabe que una derrota en octubre puede presuponer su derrumbe como fuerza política.

Es evidente que Juan Schiaretti logró una gran elección y no conviene restarle ningún merito porque ello puede llevar a errores de apreciación voluntaristas. También es cierto que logró atraer el voto desencantado de Cambiemos y al voto Kirchnerista. Nadie duda que tendrá un importante papel en las posiciones de peronismo, se verá si globalmente o solo en la variante de alternativa federal.

Si quedó claro como se entusiasmaron desde el circulo rojo y desde los medios hegemónicos ante la posibilidad que el triunfo del gobernador cordobés expresará una fuerza política que enfrentara a CFK ante el derrumbe del presidente Macri. Cada vez más ven que el presidente se debilita electoralmente, ya no sueñan con un balotaje donde el gorilismo y el odio derroten a la expresidenta a favor del actual primer mandatario, sino con un frente y un candidato de la tercera vía. El intento se ve perjudicado por las presuntas negociaciones de Massa con el Kirchnerismo porque hasta aquí es el que detenta una fuerza electoral importante en Alternativa Federal. También el plan se ve afectado, a mi entender principalmente, por la decisión de Macri de ser el candidato y el jefe de esa fuerza. El mensaje es no hay Macrismo sin Macri. Sin duda la situación puede cambiar, pero por ahora…

El debate sobre el significado de las elecciones provinciales se seguirá discutiendo hasta las PASO nacionales. Me divierte escuchar a los periodistas auto-percibidos como progresistas y de cuño anti-kirchneristas tratando de analizar todas las elecciones en clave de un rechazo a Macri y Cristina. Y que todo este dado para el surgimiento de la tercera vía.  En muchos casos parecen que tienen una necesidad de apoyar/propagandizar algún candidato conservador/moderado para justificar su actuación tan sesgada y repleta de prejuicios en los 12 años de gobierno del Frente para la Victoria, aunque eso hipoteque su estética progre.

Creo que lo principal a mirar de este proceso eleccionario 2019 en las provincias es que nuestro pueblo está respaldando a las variantes que más pueden expresar un triunfo frente al Macrismo/Cambiemos. En algunos casos tiende hacia frentes de amplitud, en otros a los caudillos de movimientos provinciales. Se podría afirmar que la etapa popular pone en el centro derrotar democráticamente a Macri y sus socios, porque sin ello no hay discusión de un rumbo para salir de la catástrofe sino un abismo que nos arrastrará a todos.

Muchos creen que la voz de orden para ganar las elecciones es la moderación. Pienso que la cuestión no va por allí. Sino que el frente amplio no es un solamente un problema de ingeniería de dirigentes, sino centralmente de expresar a inmensos sectores sociales, culturales, económicos, políticos que, si bien tienen contradicciones entre si y conflictos importantes, deben articularse para derrotar al nuevo ciclo neoliberal y lograr un consenso suficiente para impulsar los caminos para salir de los dolores que nos dejan. Eso exige de la inteligencia para lograr la confluencia nacional y popular más amplia, los consensos sobre el rumbo y una estrategia para expresar a ese bloque histórico que permitía una Argentina más justa, más igualitaria, más democrática.

Esta es una concepción que nos aleja de la casa segura de un testimonio valioso pero incapaz de construir las mayorías reales que se necesitan para transformar el país y también del famoso teorema de Baglini: “Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven” o su otra versión: “Cuanto más cerca del poder está, más conservador se vuelve un grupo político”.

 Sigo prefiriendo a Néstor cuando el 25 de mayo del 2003 habiendo sido electo solo por el 22,25% de los votos por la renuncia a la segunda vuelta de Menem para no permitirle que tuviera un gran apoyo, en su discurso de asunción de la presidencia sostuvo:

“Formo parte de una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias, me sumé a las luchas políticas con valores y convicciones a las que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo, eso constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo.”