por  Miguel Núñez Cortés

“Un 13 de enero de 1898 Émile Zola dio a conocer una poderosa y significativa carta a la que tituló: “Yo acuso” (J’accuse)

 “En el artículo, Zola no duda en acusar a oficiales del ejército, jueces militares y dirigentes políticos de haber promovido una abominable injusticia, ya sea por malicia, desidia o torpeza, tanto con la condena a Dreyfus como con la absolución de Esterhazy.

 Y el presente  “Yo acuso” se lo espeto a este gobierno en nombre de millones de jubilados y pensionados a los que les cayó la vindicta de tantos bribones y malandras.

 “¿Por qué el gobierno comete corrupción de mayores? Por malicia, desidia y torpeza, cuando les engaña, aprovechándose de su menguada maduración evolutiva.

 “Porque el  mejor equipo de los últimos 50 años, aplicando técnicas de manipulación mediática, ha logrado la captación de los ancianos inermes.

 “Dice la Organización Mundial de la Salud (OMS) que además de los cambios biológicos, la vejez se caracteriza también por la aparición de estados de salud complejos que suelen presentarse solo en las últimas etapas de la vida, estados que sin ser mórbidos, se los caracteriza como síndromes geriátricos.

 “Esta fragilidad, que en los ancianos se propaga sin diferencias sociales, el gobierno la aprovecha sometiendo a los viejos argentinos a verdaderos “pogromos”,  (palabra de origen ruso que hace referencia a las agresiones multitudinarias hacia algunos colectivos), en el caso argentino, los jubilados.

 “Y entonces los “amarillos y sus globos” se aprovechan del deterioro de funciones cognitivas tales como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento de la información de estos disminuidos seres humanos.

 “Cuando uno es viejo, es más difícil entender y darse cuenta.

 “La preocupación permanente de Eva Perón por los ancianos hizo que escribiera y anunciara, el 28 de agosto de 1948, el «Decálogo de la Ancianidad«, una lista de derechos de los ancianos que fueron incorporados, como se citara, en la Constitución en 1949.

 “Los individuos envejecen y con el envejecimiento cambian los perfiles psicológicos, convirtiéndose en personas adultas mayores. “Y el gobierno aprovechándose de esta situación de flaqueza corrompe a los ancianos, engañándolos, mintiéndoles, quitándoles derechos.

 “Y es tan débil el grado de percepción en este segmento senil de la sociedad que no opone resistencia alguna  a la rebaja de sus magros ingresos mensuales, modificación de fórmulas establecidas por ley para la actualización de haberes, la quita de medicamentos, el deterioro de los sistemas médicos asistenciales, la ausencia de estructuras de apoyo para solos o abandonados.

 “Yo acuso a este gobierno, haciendo propias las palabras del papa Francisco:

        “Gracias a los progresos de la medicina la vida se ha prolongado: ¡pero la sociedad no se ha “prolongado” a la vida! El número de los ancianos se ha multiplicado, pero nuestras sociedades no se han organizado suficientemente para hacerles lugar a ellos, con justo respeto y concreta consideración por su fragilidad y su dignidad.

       “Mientras somos jóvenes, tenemos la tendencia a ignorar la vejez, como si fuera una enfermedad, una enfermedad que hay que tener lejos; luego cuando nos volvemos ancianos, especialmente si somos pobres, estamos enfermos, estamos solos, experimentamos las lagunas de una sociedad programada sobre la eficacia, que en consecuencia, ignora a los ancianos. 
 
        Y los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar. (Catequesis del Papa Francisco sobre los ancianos)
Yo acuso a este gobierno de propiciar deliberadamente el olvido y el destierro, material y cognitivo, de nuestros adultos mayores,  llevados a  escenarios de indignidad, aprovechándose de sus deterioros físicos y psíquicos.
Yo acuso a este gobierno por tutelar una escala de valores cuyos estereotipos sociales no van más allá de considerar a la persona en función  de su  juventud,  eficiencia,  vitalidad física y plena salud. En una “comunidad organizada” los viejos tienen su lugar y forman parte nuclear del entramado de una red que se fortifica en mallas entrelazadas que es el quid de su fortaleza.

 “Yo acuso a este gobierno de abuso, iniquidad, atropello e injusticia, por acorralar a la ancianidad argentina.

 “Yo acuso a este gobierno por corrupción de mayores, por el doble mensaje, falaz y tramposo,  porque mientras los matan inmutables leyendo un “telepromter”, los ancianos, aun muriendo, les devuelven una sonrisa agradecida.