Por Rosana Forgas

 El peor precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres.

Platón

 …Por estos tiempos de monárquica virtualidad, tener una charla amena -barbijo a barbijo- con un jovencito laburante, inteligente y criterioso, es sanador. Créanme.

Maximiliano tiene treinta años, es albañil todo terreno, chiquitito, locuaz, padre orgulloso de un bebito y hace poco me robaron el celular -esa fue su presentación- En casa veníamos de tropiezo en tropezones con los operarios que elegimos para hacer unas reparaciones y fue por eso que la Marce y Gustavo nos lo recomendaron. Y yo no quiero que se vaya nunca más.

Porque desde que el Maxi entró en nuestras vidas, llegó la primavera. Esa de las churitas -como decimos en tucumano básico a las cosas lindas-. De las que te hacen enamorar de los aromas y deslumbrarte con el estallido de color de las azaleas de la Bea y sucumbir al atropello de los lapachares en las avenidas. No de esas otras que te hacen estornudarte todo antes de llegar a la farmacia y tener la nariz más colorada que Piñón Fijo. Porque este vaguito te transporta a esos lugares donde sentís que no te puede pasar nada -nada que no se cure con un antihistamínico –

Entre Ponete el barbijo cuando entrés, Maxi. Sí, doña Rosana ya me lo dijo dos veces. Sí pero no te lo ponés, hijo y ¡Ufa, ya vuelvo! Y ¿vio que le traje la planta del arrocito para la galería? me encontré sabiendo que terminó la secundaria, que iba a un colegio religioso del barrio porque tenía una beca, que quiere estudiar para ser maestro mayor de obras, pero con este temita del bebé, por ahora no puede, que es el menor de tres hermanos, que todos trabajan bien en blanco, doñita y Walter entró en la policía y cosas por el estilo.

La verdad es que apenas nos solucionó lo de las tejas yo ya sentí que iba a formar parte de mi colección de protagonistas de estas crónicas que están bien a resguardo en mi mesa de luz. Lo que no supuse nunca es que se iría a parar al lado de las gotas nasales taaaan rápido, apenas segundos después de su tímida ¿Qué es verdad que ustedes aquí son peronistas?

Me tomó unos segundos responder porque ¿qué hacía yo si el vago me lo militaba para la contra? habiendo gugliado que, aunque demorada, la tormenta de Santa Rosa sí llega y al techo me le faltaban varias tejas para arreglar, era mejor ser precavidos novayaisea que se me lo enculara y sonábamo con el cielorraso. Así que decidí indagar más y ver como sobrellevaba semejante situación. Cuando el tipo se larga con frases como la vida que queremos, la patria es el otro y no entiendo por qué los ricos viven en modo indignados (sic).  Cuando me cuenta el esfuerzo que está haciendo este gobierno para sacarnos de la peste que nos trajo este bicho de mierda -con perdón de la palabra, doña Rosana. Cuando siguió ennumerando los logros de la década ganada -mientras me pedía sal porque hoy le salieron insulsos los tallarines- yo ya no pensaba más en la tragedia de los techos a medio hacer. Yo quería saber a qué se refería con eso de “modo indignado”, así que dejé la ropa a medio colgar y le dimos a la lengua entera –maquéamediasniochocuartos- Lo que siguió fue una clase de sentido común que me obligó a compartir mis sentipensares con los lectores de La Barraca -que crecen y se multiplican- como las ganas acumuladas de abrazarlo a Maxi que tengo.

El caso es que me quedé pensando en lo del “modo indignado” cuando leí las patéticas declaraciones de Vidal, la perversa niña buena, que marca obscenamente las desigualdades: ni la marihuana debe ser lo mismo en Palermo que en Sarandí. Para la perversa niña buena hay que ocuparse de la educación -que su espacio se ocupó muy bien de destruir cuando fue gobierno -y no del placer, de la alegría, del goce que la picardía de Tolosa Paz convierte en memes. Esa felicidad que sentimos hasta cuando nos derrotan, esas carcajadas que nos despiertan hasta nuestras propias cagadas.

Porque a la política se la siente en las tripas, porque es una forma de vida, porque con la política vienen los mejores amigos, porque de la política una se siente orgullosa, porque es la única herramienta que ha sido “fabricada” para transformar la realidad. Porque es a través de la política que una es capaz de pensar en el otro como un semejante, aunque piense distinto. Y no como un enemigo, aunque piense lo mismo.

Un endemoniado Milei agraviando a Larreta con palabras irreproducibles, una desencajada Carolina Lozada refiriéndose a los propios de su partido como kirchneriiiiiistas amarillos -arrastrando las ies para enfatizar el insulto- son algunas muestras de la incapacidad de amar y de disfrutar que tiene la derecha, pero ¡basta! porque para muestra basta un botón -como fueron muchos de ellos en la dictadura-

Y ahicito nomás me imagino que habría sido de nosotros por esos años tan oscuros si hubieran existido las redes, ¿será por eso que se indignaban a capela?.

Y ya se acaba el cuento, lo útimo que les cuento es que como soy uno de las viudas de Galeano, me ronda siempre eso de que el mundo se divide entre indignos e indignados y que ya sabrá cada uno de qué lado estará.

Bueno…según Maxi, -cuando le hablé de la frase del Eduardo- ¿éstos? ¡¡¡de los dooooos, Doñita, de los dos lados. ¡Estos la quieren a todas para ellos!!!!