Por Rosana Forgas

…pareciera muy extraño, ¿no?  pero que bien se siente una hoy, entre “desconocidos” …

Inés Torné

Los cuentos infantiles empiezan con un icónico “había una vez” que va preparando el escenario acorde a la curiosidad de los niños. Las crónicas más rigurosas, las históricas, por ejemplo, suelen hacerlo con un típico “corría el año…”

En este caso me encuentro en la disyuntiva sobre el inicio de esta columna porque lo que pretendo compartirles este viernes son una serie de reflexiones que, entreveradas con las sensaciones, le asestan un golpe mortal a la objetividad que necesariamente debe tener una periodista al momento de presentar las noticias.

Y es en estos momentos cuando lamento que lo mío sea sólo gánico y vocacional porque, a turucuto de mis ganas y amparada en los fueros que me da la vocación es que, de puro atrevida, acepté encontrarme semana a semana con ustedes. Siendo solamente una escibridora y cuyo único mérito es tener hiperdesarrolladas la glándula de la observación, la de la escucha y la de la memoria.

Lo que vivimos este sábado en este rinconcito tan norteño de la Patria que es nuestra Tucumán, es una historia de María Elena Walsh con música de noticiero. O, mejor dicho, se trató de una reunión política con gusto a caramelo que nos dejó a todos melosos de ternura y más convencidos que nunca de que estamos parados en el mejor lugar: el campo nacional y popular.

Entonces, debería contarlo empezando con algo así como: corría el mes de febrero de 2021 cuando había una vez un puñado de tucumanos que nos indignamos y, de manera espontánea, nos “autoconvocamos” por las redes para emitir un documento conjunto en apoyo al intendente de Tafí Viejo, el querido compañero Javier Noguera, que estaba siendo presa repetida de la feroz interna partidaria. A partir de esa carta pública (que consiguiera velozmente más de dos mil adhesiones), muchos de nosotros, viejos militantes “sobrevivientes” de otros espacios políticos y otros ciudadanos sin experiencia en la militancia grupal, decidimos reunirnos y organizarnos en una nueva agrupación política provincial: TRABAJEMOS POR TUCUMÁN (TxT). Pero no fue sino hasta el 18 de setiembre pasado, cuando recién pudimos encontrarnos, barbijo a barbijo, para conocernos y reconocernos con las enormes ventajas que brinda la presencialidad.

Entre aquella primera convocatoria virtual y esta asamblea plenaria pasó una vida entera; el escenario político, del país en general y el de nuestra provincia en particular, sufrió una metamorfosis tan abrupta como nunca antes, lo que hizo que, quienes estamos en la conducción de TxT, dudásemos sobre la oportunidad del primer encuentro de discusión de rumbo, habida cuenta que eran todas incógnitas respecto del futuro institucional. Porque algunos pensábamos que, luego de analizar un extenso temario de prioridades, no estarían dadas la condiciones para arribar a ninguna de las conclusiones necesarias, y que la reunión se iría por el lado de la coyuntura.

Menos mal que dos queridas compañeras de la Mesa de conducción (Marta Valoy y Viviana Torres) se pusieron firmes al argumentar No debemos jugar con las expectativas de los militantes, están muy entusiasmados con participar. dejemos que la reunión fluya y si no se puede hablar de los proyectos, pues no hablemos. Nos escuchemos.

Todavía no les conté que para la ocasión alquilamos un lugar emblemático: el bar VIVA PERÓN, un cálido bodegón del Abasto dedicado íntegramente a homenajear al peronismo, con una mística que te atrapa apenas se abre el ancho portón negro. Porque de más está decir que la escenografía, la música y la cordialidad que pone a disposición el kumpa Gustavo Brunet, su propietario, te invitan a empacharte de marchita cantada a los alaridos, de frases del general, de fotos y videos de Evita, de choripanes humeantes y de todos los etcéteras que ya, de inicio nomás, te predisponen a disfrutar de tu estancia.

Lo que siguió es verdaderamente muy complicado de explicar porque fue un tsunami de emociones encontradas. Decidimos empezar sin discursos grandilocuentes, sin orden del día, relajados y pidiéndole a cada uno que se presentara y dijera por qué estaba ahí. Y entonces, con el primer testimonio, empezamos a sentir que estamos atravesados por una misma historia colectiva, a la que llegamos desde nuestras diferentes historias personales. Y que teníamos ganas de compartirlas y de gritarlas para que obren como lazos que nos amarren para siempre.

Y de pensar en la planificación del futuro, a pura magia de cada voz quebrada, puños apretados y sollozos indisimulables, pasamos a vivir un presente inolvidable que nos fue conduciendo al pasado. A ese pasado al que todos nos prometimos no volver.

Y nos convencimos que estamos en el mejor lugar para militar los sueños y que estamos con quienes elegimos estar. Y que si la vida quiso que nos encontráramos y reencontráramos ahora, debe ser porque el camino que nos queda por transitar entre todos, es el único que nos va a permitir llegar al destino que nos propusimos: Honrar la militancia trabajando por Tucumán, contribuir con nuestros haceres y saberes (y desde nuestros “sentipensares” a construir una provincia mejor que la que recibimos.

Sin morir en el intento.