Por Rosana Forgas

Los hombres son todos parecidos en sus promesas, sólo es en sus acciones dónde difieren.

O.W.

Dudé mucho esta vez con el título. Una de las cosas que nos obsesionan a los escribidores -la otra son los finales- son justamente cómo titular nuestras notas. Les recuerdo lo que vengo repitiendo en esta columna desde siempre yo jamás me animaría a llamarme escritora. El escritor es un profesional que tiene una matrícula otorgada por el talento, la vocación sólo nos da licencia para compartir sentipensares en voz alta a algunos audaces, como yo, que debemos renovar texto tras texto. Pero me decidí por éste y la verdad es que, una vez escrito, me cambió la nota casi completamente de la idea original.

Es que no puedo dejar de retratar, desde la limitación del lenguaje, la historia cotidiana y simple, protagonizada por actores de la vida real tan cotidianos y simples como sus historias, pero que logran hacer saltar el emocionómetro que tenemos todos los que sentimos en las tripas que La Patria es el Otro.

En mi barrio, muy cerquita, al fondo de la casa de varios ciudadanos que son todos familiares entre ellos, hay un club de fútbol. Los ocho hermanos, propietarios del terreno, decidieron que era muy importante que los hijos y los nietos estuvieran contenidos con el deporte y entonces, al final del largo terreno común, están los arcos de la cancha en la que se reúnen todos los niños y adultos de la zona.

Hasta aquí no tendría nada de particular esto que cuento porque todos los clubes de barrio, a los que el macrismo destruyó, nacieron de la iniciativa de los propios vecinos y fueron -o no- creciendo con el ahínco y el esfuerzo de sus dirigentes y del Estado presente.

El Higueritas Fútbol Club no escapa a esa mística que tiene el deporte más popular del planeta sólo que, en el caso de la familia Villagra -y todos los que comparten con ellos el ejercicio consciente de la solidaridad- la tragedia también más popular del planeta, llegó para que sus esfuerzos se multipliquen en el intento de paliar la crisis que sufrieran los trabajadores de la construcción que conforman su vecindario.

Entonces, las manos y las mentes empezaron a imaginar un espacio común para dar de comer a los que no tenían ingresos y lograr la tan necesaria contención social: al aire libre, la pelota los une en la necesidad de que la calle no haga de las suyas frente el desempleo y la falta de clases. Y debajo del techo, conseguido con donaciones y aportes de los que tienen cierta estabilidad laboral, se tienden los mesones para que se llenen los recipientes con, en muchos casos, la única comida del día.

Y en ese barrio, como en tantos otros diseminados a lo largo del territorio nacional, la comunidad organizada, el deporte y la necesidad de luchar contra la pandemia, son aliados estratégicos para sobrevivir sin perder la sonrisa, aunque continúe escondida detrás de los tapabocas y desinfectada con alcohol. Con ese alcohol que, a tantos otros privilegiados, sólo les sirve para embriagarse y, tal vez, así tapar sus propias limitaciones para amar y construir proyectos colectivos. Es en estas circunstancias donde adquieren relevancia el rol de las agrupaciones de la sociedad civil que acuden en sostén de este tipo de iniciativas de los vecinos.

Ayer, en un acto tan sencillo como emotivo -expresión nunca dicha-, las autoridades de la Asociación Civil Yungas de Pie, (YDP) que preside la Lic. María Laura Paz Posse, se hicieron presentes en el club Las Higueritas, para formalizar su ingreso al Programa Eco Solidario RECICLAR ES CUIDAR con un nuevo punto verde que va administrar el propio club, y que se suma a la red de Eco Puntos que depende de YDP. Una asociación civil con sede en Yerba Buena, que no tiene relación alguna con el estado municipal y del que no recibe ningún tipo de apoyo. Una paradoja, porque los municipios son los pagos chicos donde el palpitar de la necesidad de los pueblos golpea fiero en el pecho de los dirigentes sensibles, y permite exhibir la capacidad de gestión o desnuda la inoperancia de quienes tienen la máxima responsabilidad en la conducción.

Tucumán es un caso paradigmático, donde las desigualdades son más que evidentes y donde la pobreza cachetea a diario, sin embargo, hay otra localidad cercana a la nuestra: Tafí Viejo -situada unos 10 km hacia el norte, que nos llena de orgullo a todos los tucumanos porque representa el modelo de ciudad en el que todos quisiéramos vivir.

Es la cabecera de Departamento homónimo, el más grande de la provincia -en extensión y en niveles de bienestar- su intendente es Javier Noguera, quien también preside la Federación Argentina de Municipios– y su ciudad cuenta con una planta de reciclaje de residuos sólidos urbanos con gestión estatal, donde se procesan 150 toneladas al mes y que crece y que se expande de manera exponencial, logrando un circuito verdaderamente virtuoso porque ejecuta las políticas ambientales en todo su alcance: cuidar al medio ambiente generando empleos genuinos. En la actualidad se desempeñan allí más de 200 trabajadores y su planta recibe los residuos que acopia la Agrupación YDP y la red de eco puntos que mencionábamos párrafos antes.

La iniciativa de María Laura Paz Posse y su equipo, logró que ahora también Las Higueritas Fútbol Club pueda enredarse para cumplir el sueño de sus socios: a través de la educación ambiental, del reciclaje de los residuos y del desarrollo local, mejorar la calidad de vida de los vecinos.

Esta es apenas una postal, de los miles de historias similares, que al grito de no nos prometan nada, sólo queremos trabajar y ayudar a la gente, como lo hacemos desde siempre, nos hizo la tarde inolvidable, sin siquiera darse cuenta que estaban reafirmando aquello de que de la mala política, sólo se sale con más y mejor política.