Por Ariel Gustavo Domínguez

Nota de la redacción: En la ciudad de San Miguel de Tucumán, el mercado del Norte está siendo objeto de un desalojo compulsivo de sus puesteros aparentemente a raíz de un peligro de derrumbe. (*).

Más allá del perjuicio económico que representa para los puesteros, el pueblo tucumano se resiste a perder un solar que es patrimonio histórico de la ciudad capital. En este número La Barraca muestra el sentimiento de un ciudadano que ve en él, más allá del valor edilicio y comercial, las imágenes de su niñez. Y para los próximos, va a convocar a profesionales urbanistas y a expertos en estructura para que nos den su opinión autorizada sobre la situación.

“Mis padres me llevaban al mercado cada vez que  había que hacer un trámite en el centro. También lo hicieron mis abuelos, por eso mis recuerdos están siempre haciendo nido en el «Mercado del Norte» con su gastronomía de origen medio oriental, medio criolla y medio italiana, que marcara un hito vernáculo desde la multiplicidad de influencias y desde la innovación.

Los titulares de los medios se refieren a la situación tan penosa que está viviendo como gente que se queda sin su trabajo pero no se cuenta además que sumado a la tremenda situación laboral en que quedan los puesteros se trata en realidad de la segunda tercera generación de turcos, árabes, italianos y criollos que pusieron sus puestos hace más de 100 años para ofrecer sus comidas a los tucumanos como ellos, tucumanos por adopción y elección. También de la segunda y tercera generación de cocineros que, perfeccionados, ofrecieron un atractivo turístico más a la provincia.

La comida típica tucumana está llena de sabores árabes (como la sfija o la kafta), que conviven con los italianos (pizza y faina) con los criollos (humita y tamales) y mucho otros etcéteras, en esos grandes pasillos fragantes del mercado que, de alguna manera, determinó la forma de comer de los tucumanos.

Debería ser nuestro compromiso que el edificio, por su privilegiada ubicación, no termine en manos de especuladores inmobiliarios que por no tener en cuenta la terrible pérdida para la provincia, no respeten la historia, tradición y multiculturalidad como símbolo de paz y armonía entre personas de diferentes países, religiones y etnias, que pudieron convivir y enriquecer nuestra gastronomía tucumana.

No podemos entender que en los despachos municipales no se encuentren soluciones emanadas de profesionales expertos en estructura para que las autoridades no nos priven de nuestro patrimonio enriquecido con los recuerdos de una infancia poblada de imágenes que nos atravesó a todos a los tucumanos. Y que está detenida ahí entre los amplios pasillos, entre los barcitos al paso y entre esos puestos de verduras que nos llenan de olores y de colores la memoria colectiva.

Digamos no al desalojo. Digamos sí a la restauración.

(*) El 10 de diciembre de 1939 se inaugura, en el centro de San Miguel de Tucumán, el Mercado del Norte. Este edificio originalmente recibió la denominación de Mercado Frigorífico Central y se constituyó en referente de los diferentes programas arquitectónicos surgidos durante los años ´30 en la provincia. En aquélla época, sus características expresaban un gran avance y modernización de la infraestructura de la ciudad. Con aproximadamente 2.500 metros cuadrados cubiertos distribuidos en ¼ de manzana, se dispuso de 250 puestos organizados a través de calles internas de diferente jerarquía. La racionalidad prevista en su planteo funcional también estuvo presente en la resolución de la fachada, con un lenguaje austero y despojado de ornamentación, propio de la modernidad. Desde su inauguración, hace ya más de 70 años, este edificio se constituyó en un espacio de referencia para los tucumanos. Ubicado en una de las esquinas claves del área fundacional, el Mercado del Norte tiene un peso sustancial en el paisaje urbano. Asimismo, se encuentra integrado al sector pues su apertura hacia tres arterias ha permitido la consolidación de un significativo flujo peatonal independiente de su función específica. Entre sus valores patrimoniales se reconoce la novedad en la propuesta técnica y constructiva; la incorporación de los principios higienistas y la inclusión del lenguaje moderno en la obra pública local. Sin embargo, en las últimas décadas se ha producido una importante degradación del inmueble. Los conflictos entre el gobierno municipal y los puesteros han derivado en falta mantenimiento. Se demolieron puestos, la infraestructura se tornó obsoleta y las condiciones de higiene no son adecuadas. A pesar de esta situación crítica, la actividad en el Mercado ha logrado trascender las dificultades. Surge entonces preguntarse cuáles son los mecanismos que han posibilitado su vigencia y las acciones necesarias para su conservación.

Florencia Murillo Dasso- María Laura Cuezzo- Ana Isabel Lozano Instituto de Historia y Patrimonio. FAU- UNT. Mercado del Norte de Tucumán. Su historia en el presente (1939-2017)