Por Rosana Forgas

…Si a las sombras del pañuelo le van anudando distancias, si te consuela y te miente, esa zamba es tucumana.

Cuchi Leguizamón

Hay circunstancias en la vida que a una la obligan a hocicar la banquina y dagüeltar en chancletas -como diría mi abuela Ina- para retornar a la autopista. Y entonces, raudamente hay que reconsiderar el tema previsto para esta columna semanal, o al menos reperfilarlo -como diría algún trasnochado ministro neoliberal-. Y entonces prendemos youtube y nos dejarnos acariciar por la Negra Sosa y su zambita bieeeen tucumana, dejando al pago de Peteco, donde entramos sin golpear, para que nos acompañe el viernes próximo

Pasa que a veces -por tercera vez en este caso- hablando de pagos, nuestra castigada provincia, esa de la que tanto renegamos siempre, nos sorprende siendo la primera, junto con la de Buenos Aires, en implementar medidas que confirman que las políticas públicas que se diseñan en resguardo de los derechos colectivos y del bien común molestan a algunos paisanos taimaos.

En 2002 Tucumán sancionaba, (apenas unos meses antes que la ley 25649 en la Nación), la ley 7230 que obliga a médicos y odontólogos a recetar los remedios por su nombre verdadero y sólo sugerir el apodo. O sea que se los obliga a prescribir medicamentos por su nombre genérico o DCI: Denominación Común Internacional, pudiendo sugerir algún nombre comercial. Una política farmacéutica que varias veces hemos defendido aquí y que ocasiona, aún hoy, no pocas dificultades. Y nos convertíamos así los tucumanos en los primeros en aceptar que el pueblo es el soberano.

Años más tarde, el 29 de junio de 2005, Tucumán sanciona y promulga la ley 7575 que establece la prohibición de fumar en espacios públicos y que, si bien fue sujeta a varias modificaciones y ampliaciones,

(actualmente está en plena vigencia la ley 8894 de agosto de 2016) con un elevadísimo nivel de acatamiento desde entonces. La iniciativa de la provincia y la fiscalización de su efectivo cumplimiento por parte del IPLA, se genera antes que la Nacional 26687 entrara en vigencia en 2006.

Una vez más los tucumanos a la vanguardia de normas que cuidan la salud pública y que despiertan resquemores y manifestaciones de todos aquellos quienes, en nombre las famosas libertades no perciben que en ninguna situación nos salvamos solos. Ninguna. Que no aceptan que no existe ningún escenario colectivo donde el éxito se cimente en conquistas individuales. Y somos los populistas incorregibles quienes militamos este principio en todos los órdenes de la vida, porque efectivamente creemos que “La Patria es el Otro” es algo más que la frase de una remera o un slogan de campaña.

El caso es que ayer, distraída como estaba en la redacción de la NO nota para mañana, (que guardé como incompleta), me sorprende el llamado de una compañera pidiéndome que me fijara en lo que se estaba discutiendo en uno de los grupos de guasap. Justamente se discutía la efectividad de las vacunas en el espacio que militamos permanentemente la cuarentena, la campaña de vacunación y todas las políticas sanitarias tan exitosas de nuestro gobierno que son las que permiten que estemos hoy aquí. Rotos, embadurnados de tristeza por los que marcharon, con la impotencia enhiesta e incólume, flojitos de ilusiones y con los sueños remendados. Pero con los remiendos con lentejuelas.

Porque somos los mismos que lo hacemos incansablemente desde marzo del año pasado cuando un bicho monárquico nos encerraba, nos ocultaba las sonrisas y los alcoholes, con los anteojos y las pastillas de la presión, se nos acomodaban en la mesa de luz, en la guantera y en los bolsillos y nos invadían a chorros o en gel sin lograr ni por un instante, desinfestarnos los miedos.

En ese grupo se celebraba y se agradecía la decisión del gobierno provincial que nos catapulta nuevamente al podio de los pioneros en políticas públicas en salud: la de implementar el pase sanitario para mayores de 13 años que ayer nos sorprendió gratamente en forma de DNU (*) y que obliga a la población a circular con él para poder acceder a la vida en comunidad y ¿pueden creer que una ex integrante (desde ayer hay tres exs) osaba desde un planteo de libertades y de derechos al estilo Milei, batirse en un duelo dialéctico con el resto de la cumpada que, amable, respetuosa pero infructuosamente, trataba de hacerles entrar en razones a ella y a su esposo que se sumaba a la contienda?.

Debo decirles que fue un momento horrible porque yo nunca había visto un antivacunas tan de cerca, nunca, para mí, el fundamentalismo se había escapado de las páginas de alguna publicación leída por ahí.

A decir verdad, estos personajes eran como el cuco o el viejo de la bolsa, esos con los que mi tía Ester, (la que tenía bigotes y me pinchaba cuando me besaba) nos metía miedo si no tomábamos la sopa. Y descubrir tres (otra los aplaudía en sordina) en nuestra propia organización y…me dio cosita, quequeréhquetediga

Porque es incompatible pensar en el otro, trabajar para el otro, construir, soñar y convivir con el otro pensando solamente en mí y en mis dogmas. Tenemos 130.000 razones para entender que a la pandemia la venceremos entre todos o pereceremos juntos. Tenemos 130000 razones para entender que la empatía es un ejercicio consciente y cotidiano. Que no hay lugar para titubeos, mucho menos para temores inducidos por la catervada de información infame y venenosa que está a disposición de todo el que no haya aprendido el verdadero sentido de las conquistas colectivas.

Hoy más que nunca siento que me reivindico contándole al mundo que nací en una provincia chiquitita, la más chiquita, llena de contradicciones y de miserias, con una dirigencia política que no siempre nos honra pero que por tercera vez en la historia de la salud pública, tomó la delantera para cuidarme y permitirme vivir mejor. ¡Y laputaquenoespocacosa!

Y es entonces cuando quiero bailar brindando con aloja, con achilata, chuparme unas cañitas a la vera de la ruta, comerme uno de esos alfeñiques que rompen los dientes y abrazarme fuerte con mis cumpas tan churitos mientras cantamos la marchita, nos engullamos unos choripanes y de yapa…unas empanaditas de carne cortada a cuchillo. Eso sí, sin papa, ¡¡¡papááá!!