Por Rosana Forgas

Amiga, nos diste con un caño el otro día. Eso me reprochaba una colega luego de leer mi columna de hace quince días, reproche que no me sorprendiera en absoluto, al punto que lo insinué ya en el título que elegí.

Pero si bien sus expresiones no me llamaron la atención, me llenó de satisfacción el confirmar que su gorilismo congénito no le impide leer publicaciones como la nuestra que proponen, semana a semana, desarrollar la glándula del pensamiento crítico como un hábito saludable, ya que, desde el punto de vista fisiológico, sino se lo hace, se atrofia (y desde el punto de vista político, cuando está atrofiada se vota a gobiernos neoliberales).

Pero como después de una primera siempre sigue una segunda parte, hoy me quiero referir muy especialmente a un temita controversial: los llamados medicamentos genéricos, que desde se instalara en la rutina de la ciudadanía, es motivo de confusión. Deliberada, de parte de varios funcionarios del Estado que responden a intereses espurios de la industria farmacéutica, irresponsable, de parte de algunos profesionales de la salud que se ven favorecidos por la falta de controles del Estado, e inconsciente por culpa de la ignorancia de muchos ciudadanos de a pie.

Antecedentes jurídicos:

El acceso a la salud es un derecho constitucional y la implementación de medidas que tengan que ver con su prevención, promoción o cuidado es una facultad no delegada en la Nación. Es por ello que las distintas jurisdicciones provinciales, en el legítimo marco del régimen republicano y federal, sancionan sus propias legislaciones o se adhieren por ley o por decreto a las sancionadas a nivel central.

Es así como la Nación sancionó el 28 de agosto de 2002, la ley 25649 (publicada en el Boletín Oficial del 19/9/02), norma que se reglamentara por Decreto 987/03, el 28 de abril de 2003, e invitó a las provincias a adherirse, con parcial acatamiento. -Tucumán es una de las jurisdicciones que tiene ley propia (7230/02, Decreto Reglamentario 150/MSP)-

 

Alcances de la ley:

El contar con marco jurídico de estas características permite que los medicamentos compitan entre ellos por sus precios y no por sus marcas. Es decir, faculta al profesional farmacéutico a que ofrezca al ciudadano, todas las alternativas de nombres de fantasía de un mismo principio activo -e idénticas condiciones de biodisponibilidad-, para que pueda escoger el que más le convenga a su capacidad de bolsillo.

No fomenta como se cree -y se repite en los bares- la aparición de medicamentos baratos, incurriendo así en la falsa asociación de precio con calidad, inmensa falacia porque todos tienen los mismos controles por parte del Estado a través del Ente Fiscalizador la ANMAT: Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica.

Esta ley, en su letra y espíritu, garantiza tres protagonismos bien marcados:

1) el saber del médico, que vuelve a las fuentes bibliográficas y deja de lado la propaganda comercial suministrada por los valijas –término cuasi despectivo con el que se designa a los Agentes de Propaganda Médica -APM- o simplemente visitadores médicos.

2) el saber del farmacéutico, que deja de ser un mero despachante para convertirse en el asesor del paciente en cuanto a dosis, oportunidad de administración, conservación, interacciones y demás etcéteras.

3) el del consumidor, otrora pasivo y actualmente informado, quien, conociendo su derecho otorgado por ley e informado por el farmacéutico que lo que cura -o alivia- es el principio activo y no la marca, decide él mismo cuál comprar.

Desde luego que todo lo expresado en estos párrafos, corresponde a un escenario ideal que no condice con la realidad de todos los días. Por cuanto la perversidad del sistema hace que tanto profesionales como empresas farmacéuticas como obras sociales, se confabulen para hacer realidad esto de hecha la ley, hecha la trampa. Y entonces la posibilidad que tiene el médico de sugerir una marca termina siendo un requisito obligatorio de alguna prepaga u obra social. O empezamos a escuchar respuestas de mostrador como sólo dispongo el de este laboratorio que palmariamente terminan debilitando una ley que hace un tiempo, en un contexto de una profunda crisis económica, se sancionaba para garantizar mayor equidad en el acceso a un bien social como es el medicamento.

Consideraciones Generales:

Los medicamentos, vulgarmente llamados remedios se pueden nombrar de tres maneras: 1) por su nombre cíentifico:  N-acetil para-aminofenol   2) por su nombre genérico: paracetamol o acetaminofeno 3) por sus nombres comerciales o de fantasía: Tafirol, Geniol, etc.

Pero si queremos referirnos a los principios activos responsables de su acción terapéutica, debemos hacerlo solamente por los dos primeros, ya que el tercero es una suerte de apodo que le pone el laboratorio que lo fabrica.

El nombre genérico también llamado DCI= Denominación Común Internacional, es el que se conoce en todo el mundo y es el que por imperio de la ley nacional y/o leyes provinciales debe obligatoriamente usar los profesionales médicos y odontólogos, -los únicos facultados legal ya académicamente para hacerlo-, al momento de prescribir o recetar fármacos, (los dentistas sólo pueden hacer recetas de antinflamatorios y/o antibióticos).

Pero si bien la normativa rige desde hace casi dos décadas, el grado de acatamiento en todo el territorio nacional es bastante desparejo, habida cuenta que las relaciones de muchos de los prescriptores con la industria farmacéutica -recordemos que es la industria lícita más poderosa del planeta- no está cimentada propiamente en vínculos virtuosos. Y eso configura la normalidad desde tiempos inmemoriales, que cuenta con la complicidad de los propios usuarios de los servicios de salud.

Corresponde aclarar dos conceptos que son usados como sinónimos y no tienen nada que ver ni entre ellos ni con lo que establece este marco legal. Comúnmente se llama genéricos a los medicamentos que tienen marcas comerciales que el gran público no reconoce y lo que es peor, suelen decírseles genéricos o monodrogas, a aquellos medicamentos cuyos nombres de fantasía no están impuestos en el mercado.

Medicamento genérico es un producto farmacéutico que aparece en el mercado después de haber caducado la patente del original. Esta patente lo protege de las copias durante un lapso variable entre 10 o 20 años, según se trate- Y al vencerse ese plazo de tiempo, el producto puede empezar a elaborarse por el mismo laboratorio que lo patentara o por un tercero. Tema muy complejo y para otra nota por el tipo de ley de patentes que posee la Argentina.

Y el término monodroga hace alusión a la cantidad de principios activos que tiene un fármaco en su formulación, si posee dos o más es una asociación farmacológica. Ejemplos: la trimebutina (Miopropan) en cualquiera de sus nombres de fantasía es una monodroga. Si por el contario se la asocia con otra droga, por ejemplo, simeticona, es una asociación, cualquiera sea la marca que tenga (miopropan S).

Calidad, seguridad y eficacia:

La ANMAT y el INAME: Instituto Nacional de Medicamentos son estamentos con poder de policía sanitario, tienen la responsabilidad del control y la fiscalización de todo lo que se fabrica, comercializa y consume en nuestro país, fueron creados en 1992 y son entidades modelos y pioneras en toda América Latina. Las preparaciones magistrales, preparados hospitalarios o medicamentos elaborados en laboratorios estatales, son en cambio, responsabilidad de la autoridad sanitaria de la provincia a la que pertenecen.

Un medicamento debe ser seguro, eficaz, de calidad y ACCESIBLE. Las tres primeras condiciones son garantizadas por la ANMAT, la accesibilidad también por parte del Estado, pero a través de una política pública de medicamentos para todos y todas. De nada sirve un fármaco seguro eficaz y de calidad sino puede ser consumido por quienes lo necesiten.

Es por eso que la política de genéricos implementada por iniciativa del ex Ministro de Salud de la Nación, el Dr. Ginés Gonzáles García, debe ser rescatada, promovida y ejecutada porque lo que cura no es la marca, sino el remedio y el nombre genuino del remedio es el nombre genérico.

En una próxima nota prometo abordar las alternativas con las que podríamos contar para modificar este escenario de legislación incumplida o cumplida parcialmente.

Pero ahora mejor voy terminando, esperando que esta vez sean los amigos médicos los que se sientan ofendidos con mis reflexiones, como lo hiciera Adriana, la colega que lee La Barraca, a pesar de su militancia a favor de un modelo de exclusión y de desigualdad. El que plantea la derecha en el planeta entero y que no tiene entre sus prioridades garantizar la salud pública universal y gratuita, tal como quedara demostrado en los cuatro años del gobierno de la alianza Cambiemos.