Por El Manifiesto Argentino Tucumán               

 «…que tenemos que hablar de tantas cosas, compañero del alma, compañero»

Miguel Hernández      

La partida prematura de alguien muy cercano siempre nos desacomoda, nos detiene. Nos hace pensar y repensarnos y consigue que el dolor se nos instale en el centro del pecho, donde dicen que nos habita el corazón.

 

Durante largos días nos acosan los recuerdos y nos asaltan las imágenes de los momentos compartidos. Los sentimientos encontrados nos arrugan la memoria y la tristeza llega para quedarse.

 

Marcelo ya no está, se fue sin avisar antes de tiempo, antes de este tiempo tan esperado. Nadie puede asociar los abrazos, los llantos y la alegría de esa victoria, por la que luchamos todos estos años, con la ausencia de Marcelo Villalba. Ningún espacio que esté repleto de militancia y con los sueños, las quimeras y las utopías, desbordando en todos los rincones, podrá no sentirlo ahí, entreverado y sonriendo. Y entonces es cuando la pena nos advierte cuán difícil será continuar lo que queda del camino, sin la participación de uno de los pilares de nuestro colectivo.

 

Y es cuando nos convencemos de que a él le habría gustado vernos ese domingo a todxs amontonadxs, pendientes de los resultados. Discutiendo entre nosotrxs, peleando con el televisor, a los gritos, disputándonos los chorizos y los panes y las lechugas y disfrutando del ruido de las copas que se chocan. Y planificando ese viaje tan ansiado y escuchar juntxs, «en vivo y en directo» los alaridos de felicidad frente a ese balcón tan rosa como recuperado. Hasta quedarnos afónicxs.

 

¡HLVS, amigo, hermano, compañero!