Por el chacho matthews

A mi madre

Doña Blanca Cuello elabora mermelada de naranjas agrias en la cocina de su casa en Salta. Cepilla los frutos, uno por uno, «para sacarles toda la mugre» dejándolos como pepas gigantes de oro. A juzgar por el aspecto de la rugosa cáscara estima que la pectina es abundante. «El secreto está en la pectina que es la que agruesa la mermelada».  Con su vieja balanza (que ya le dijeron que miente) pesa el azúcar. «Esa es la cantidad justa para seis naranjas grandes o siete medianas». En la despensa solo le quedan dos frascos. El año pasado no pudo conseguir la fruta «ésa que me traen de una plaza de no sé dónde». No sabe bien si será cierto lo que le dijeron: “Una noche, misteriosamente, desaparecieron”.  

A las cinco de la mañana Marcial Argentino Coronel percibe que los días venideros circularán por otros cauces. Para las diez de la mañana la CGT ha organizado el primer paro con movilización en lo que va de su mandato.

-Ésta será la primera pulseada, vamos a ver cómo les va a estos mierdas -dice para sus adentros. La Plaza Independencia es el escenario elegido. 

Doña Blanca toma siete naranjas medianas, les rebana los polos y hace cuatro escisiones meridionales «para desprender la cáscara en cuatro partes». A cada una la filetea en tirillas finitas «para que una vez terminada la mermelada, se las vea transparentes» toma los frutos y los circuncida «sin que el corte llegue al centro, para no cortar las semillas» con una torsión separa las mitades. A continuación, quita el hollejo y separa las semillas. Pone la pulpa y las tirillas de las cáscaras en la cacerola. «Con diez vasos de agua, como en el que mi papá tomaba su jerez» A las semillas las introduce en un jarro con dos vasos de agua. Lava los utensilios y tapa la cacerola con un repasador, enciende el televisor y se ausenta con la película de la trasnoche del sábado.

El martes a la mañana Marcial Argentino Coronel se comunica con el Ministro del Interior, quien condiciona el envío de la gendarmería a la existencia de un pedido previo por parte de la Provincia.

-Adelánteme la nota por FAX y créame que haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarlo -miente el Ministro. 

-Este hijo de puta me está cagando, qué distinto sería si a uno de su palo le ocurriera lo mismo.  Al fin y al cabo, la Constitución y esta democracia de mierda son sólo un estorbo para los únicos que podemos hacer la grandeza de la Patria.

El domingo, doña Blanca se despierta temprano. Desde la cama organiza la actividad del día, es el breve ocio que se permite y arranca nuevamente. Troza los pollos. Sin piel los acomoda en una fuente. Los sala y los rocía «con sólo un chorrito de aceite». Pela las papas y las cebollas, lava los pimientos, corta bastones gruesos y organiza la verdura como si estuviera pintando.

Con una bolsita de lienzo cuela el agua de las semillas, cuidando que el líquido caiga en la paila. Cierra la bolsa y la introduce en la olla atándola con un piolín a una de las azas «para no quemarme cuando la saco». Pone la cacerola en el fuego «hay que darle un primer hervor con las semillas, para que larguen toda la pectina». 

-El paro de mañana obedece a razones políticas ya que no existen motivos valederos para medidas extremistas. Este Gobierno ha dado muestras de su vocación patriótica y acatamiento a las leyes en vigencia. Llamo a la cordura de los dirigentes gremiales y los invito al diálogo. Éste es un gobierno de puertas abiertas, pero no permitirá, en salvaguarda de la seguridad nacional, que ningún tipo de acción de agentes apátridas, que se esconden en las sombras, altere la paz y el orden establecido -declara el gobernador a los medios.

Doña Blanca habla por teléfono con su sobrino para que no traiga empanadas. «Después sobra la comida y a mí me enferma que se tire comida».

En la reunión de Gabinete el tema exclusivo es el acto del miércoles.

-Señorita, a menos que sea el Ministro del Interior no me pase ninguna llamada -ordena Marcial Argentino Coronel.

-En estos momentos se está haciendo efectivo el pago de haberes atrasados a la Fuerza de Seguridad -informa el Ministro de Economía. 

El Ministro de Gobierno -alertado por los servicios- declama alarmado:

-La Fuerza de Seguridad de la Provincia es insuficiente para impedir actos subversivos. Se sabe positivamente que infiltrados apátridas repartirán naranjas agrias para realizar una incalificable afrenta en la persona del señor gobernador.

-Ese es un tema de su área, señor Ministro de Agricultura. Qué solución propone al respecto.

-Este… yo opino que la situación debería tratársela en el marco del Decreto de la Barrera Fitosanitaria y… -no logra completar la frase, un exabrupto estalla en la sala de situación:

-¡Dejesé de hablar cagadas y situesé señor Ministro! -grita, el primer mandatario.

-Permiso señor Gobernador, si usted me permite… –dice el ordenanza sirviéndole un café.

Marcial Argentino Coronel lo mira con desprecio por sobre los anteojos – ¿Cómo se atreve este negro de mierda a interrumpirme en la reunión? -piensa.

– ¡Pero, a ver! A usted. Sí a usted, qué se le ocurre. A ver, hable.

El ordenanza lo mira sorprendido y, balbuceante, dice:

 -Y…  mande a sacar las naranjas…

Doña Blanca, observa que la olla borbotea y apaga la hornalla. Desata el piolín y saca la bolsita. Pone el dulce a enfriar y se sienta a tomar un cafecito. «¿por qué no llegan todavía? Seguro que fueron a comprar empanadas, este carajito siempre se sale con la suya».

Agrega el azúcar a la cacerola y la pone al fuego nuevamente «con la llama al máximo». Destapa los frascos y los coloca bordeando la olla «para que estén calientes y larguen toda la humedad».

Bien entrada la noche, casi bordeando la madrugada del miércoles, Marcial Argentino Coronel grita:

-¡González!, cómo va la cosecha. Mande un piquete más con dos camiones de Construcciones Escolares.

A las cinco de la mañana la recolección de las naranjas de la ciudad y sus alrededores ha concluido.

Doña Blanca pone la fuente en el horno justo cuando llegan sus invitados con una bandeja de empanadas. Come tres, acompañadas con una copa de torrontés de Cafayate: «A mí, la comida que más me gusta son las empanadas» agrega, imperturbable.

En el momento en que la mermelada está a punto apaga la hornalla y la trasvasa en caliente a los frascos. Con un trapo húmedo limpia las chorreaduras «después se pegotea y es difícil sacarla». Deja que los frascos se enfríen y los sella con parafina.

La Coordinadora de la CGT informa que el acto fue un éxito, a pesar de la antidemocrática acción del gobierno que depredó los naranjos.

Terminando el domingo, doña Blanca Cuello, mientras teje, fuma un cigarrillo de origen brasileño que compra a los bolivianos de la feria. Con satisfacción observa los reflejos dorados de los frascos con las tirillas de las cáscaras transparentes y exclama:

«¡Mierda qué salió linda la mermelada!»