Por Miguel Núñez Cortes

Dice el “Cronista Comercial” en su edición del 28/7/2019 que “el 8 de julio de 1884 la Argentina dio un salto de calidad. Eses día se promulgó la Ley 1420 de educación común, gratuita y obligatoria. El presidente era el general Julio Argentino Roca (NR: el de la Campaña del Desierto), pero el verdadero impulsor del modelo educativo fue Domingo Faustino Sarmiento.

Hemos consultado trabajos de los especialistas Pineau, Salvetti y  Ganuza vinculados con aspectos de la ley que cambió la educación en nuestro país, desde sus inicios hasta la actualidad.

Pineau plantea que una primera lectura que se puede hacer de la Ley 1420, es que cierra todo el debate educativo del siglo XIX e inaugura el debate educativo del siglo XX.

Hay que pensar que en el siglo XIX la sociedad argentina termina de pasar del modelo colonial a un proyecto que llamaremos independentista. La idea de formar un nuevo sujeto político, pensado como un ciudadano europeo. 

Esta cuestión de salir de un pasado colonial, presupone una nueva forma de participación política que está en la base de la Ley 1420. 

Y aquella ley es innovadora en la propuesta de gradualidad e igualdad, que vienen acompañadas de la inclusión. Es el concepto más importante que abre la puerta de la educación del siglo XIX. El concepto de igualdad tiene que ser pensado como equidad.

Desde una mirada de mujer educadora, Ganuza se refiere a la situación de la mujer antes de la ley 1420 y de su mejora a partir de su sanción. Muchas mujeres fueron silenciadas por la historia patriarcal.

Antes de la ley 1420, las mujeres de la elite social tenían acceso a educación y cultura, la que se impartía domésticamente con tutores, ya que protocolarmente y en su escala social tenían que ser excelentes acompañantes de los hombres; las que no, debían saber cocinar, bordar, criar hijas e hijos, atender al hombre, ser silenciosas y recatadas. 

Las institutrices francesas, alemanas e inglesas “importadas” por las familias pudientes, ya en el siglo XX, venían a colaborar en la educación de las niñas conforme a la mentalidad del «paterfamilias».

La ley escondía entre sus pliegues la formación a repeticón de las maestras argentinas que serían las que se ocuparían «ad ifinitum” (2021), del perfil adecuado para contrarrestar cualquier pensamiento nacional y popular .

Para ser honestos y consecuentes, valores imprescindibles para propiciar cambios profundos, una necesaria ley reformada debería continuar habilitando espacios que fueran abiertos por la ley 1420.

Salvetti hace hincapié en la gratuidad de la educación a través de la construcción de escuelas, de gestión estatal, en los barrios que van resurgiendo, en las localidades que van aumentando la población. Ya la única opción deja de ser la escuela religiosa y para varones

Se presenta como ineludible crear una nueva mirada en la educación pospandemia. En este contexto actual, de crisis mundial extendida y alta vulnerabilidad, la educación ha tenido que adaptarse a la virtualidad y la no presencialidad.

En la Argentina con el primer gran desafío con el que nos hemos encontrado es el de la conectividad. El haber discontinuado el Plan Conectar Igualdad hizo que chicos y chicas, estudiantes de nuestras escuelas, no tengan los recursos y los insumos tecnológicos. Vale ello para los docentes y alumnos de las escuelas sin conectividad. Lo didáctico también se tiene que trabajar a partir de lo que es virtual. La planificación ha cambiado y hay que adaptarla a la virtualidad, utilizando recursos audiovisuales.

La ley 1420 es un producto político – estratégico-económico e intelectual típico de la década de 1880, del siglo XIX. Una verdadera antigüedad.

Arrancó en una sociedad argentina, que intentaba insertarse en el mercado mundial, para lo cual le hacía falta todo aquello que solo la escuela podía proveer, de tal forma de poder llevar a cabo, sin solución de continuidad, cambios económicos, políticos, culturales y educativos, bajo la conducción educativa institucional, a cargo, salvo anomalías, de una oligarquía terrateniente directamente beneficiada.

Sin lugar a dudas la figura de Domingo Faustino Sarmiento que había sido presidente años anteriores y que, en este momento, tenía otros cargos en la enseñanza, es central para pensar la cuestión, menciona Salvetti.

La repetición que esconde al mal

Si la ley 1420 fue puesta en acto por el general Roca, siendo su especial promotor Domingo F. Sarmiento, se hace necesario que el pueblo argentino – en su conjunto y a través de los más modernos sistemas participativos que nos ofrece la democracia, reformule una nueva ley educativa, que revierta el “formateo” de tantos cerebros de maestros y alumnos, de tanto himno y de tanta épica sanjuanina (higuera y telar de por medio).

Ya no para “formar” a un ciudadano francés, sino para actualizar desde un enfoque latinoamericano las ideas de laicidad, gradualidad, igualdad y equidad educativa. Habrá que entender – sin vergüenza –  que la ley 1420 es una Hidra de Lerna, ese monstruo del inframundo de múltiples cabezas. Y vaya que las ha tenido y tiene en la Argentina. Si se le corta una renace en su lugar una más fuerte que la anterior.

Se busca un/a Heracles

Y el movimiento nacional, popular y democrático, por temor al “que dirán”, no entiende ni se da cuenta que su adversario en constante crecimiento está en la hidra educativa, cobijada debajo de la piedras oscuras y húmedas de la ley 1420 aquella, la del general Roca, nacida en 1880 para perfilar una Argentina “para siempre”.

Y nuestro/a Heracles tendrá que enfrentar a la Hidra con su espada y empezar a cortarle una a una sus nueve cabezas. La historia patria enseña que cuando se intentó cortarle “ad initium” la primera, otra renacía en el mismo lugar más fuerte que la anterior. Siempre hará falta el joven sobrino Yolao, como tuvo Heracles, para quemar el cuello de la cabeza cortada a los efectos que no renaciera otra.Viejas y señoriales instituciones preservan la vida de la Hidra de Lerna en este devenir inacabado y doloroso de la historia patria, y  ella anida en el “substratum” de la ley 1420. Sin duda alguna.