Por Miguel Núñez Cortés

Éramos cuatro en el auto. Conducía un amigo. Yo ando un poco enfermo. Me dieron la prioridad de ser el acompañante del conductor.

Vivo en Barracas…sin «n» intermedia. La de la calle larga, la de la pulpera de Santa Lucía. Pusimos rumbo al Sur, donde habitan los pobres en esas casas que no son tales, la de los muchos enfermos y el poco trabajo. Las veredas olvidadas. Y los innumerables conventillos – centenarios – poco provistos de sanitarios y con alta densidad ocupacional, con hacinamiento.

Decía que volvíamos rumbo al Sur en el auto del amigo. Venía con la ventanilla abierta y miraba al Oeste. En las cercanías del Ministerio de Salud (el de Obras Públicas, para los viejos), vi a la distancia uno de los murales de Eva Perón, esos dos gigantescos retratos de Evita, en acero, instalados en 2011 y ubicados sobre las fachadas norte y sur del citado Ministerio. Estaba iluminado con los colores celeste y blanco.

La miré a Evita y, en un volumen de voz escuchable para mis compañeros de viaje, le pedí: ¡ayúdanos mañana en las elecciones, compañera!

Apenas llegado a casa le hablé por teléfono a mi amigo RR y lo puse al tanto del asunto. A partir de ese instante, constaba en el corazón de otros los alcances de mi rogatoria. Sabía por experiencia que, en otros altares pequeños, en rincones casi ocultos, a lo largo y a lo ancho de la patria amada, otros miles de hombres y mujeres repetirían la ceremonia, frente a las fotos de Evita y de Perón.

En el instante de mi pedido, mirando para arriba, recordé la cara de Evita cuando, sonriendo, nos entregara en un patio de juegos las camisetas verdes y la N° 5 amarilla con tiento.

La compañera siempre escuchó. Doy fe.

No me olvides, compañera

No me olvides, no me olvides
no me olvides,
es la flor de quien se fue.

 

No me olvides, no me olvides
No me olvides,
volveremos otra vez.


Volverán los no me olvides,
volverán en primavera.

¡No me olvides, no me olvides,
no me olvides!
Canta el pueblo de Perón.

 

No me olvides sobre el pecho,
no me olvides pegadito al corazón.

Volverán los no me olvides
cada año a florecer.

 

Con la flor de no me olvides
no olvidando esperaré.

 

No me olvides, no me olvides
No me olvides.
Es la flor del que se fue.

 

No me olvides, no me olvides,
No me olvides
¡¡Volveremos otra vez!!

Arturo Jauretche