Por Miguel Núñez Cortés

La belleza es el resplandor de la verdad,

y como el arte es belleza,

sin verdad no hay arte.

Antonio Gaudí

Hay hombres singulares en la historia de la humanidad ¿nombrar a algunos? Siempre daría lugar a cuestionamientos.

En esa lista interminable de seres extraordinarios, hay uno que no puede faltar: el arquitecto Antonio Gaudí. Nació en Reus el 25 de junio de 1852 y falleció en Barcelona el 10 de junio de 1926.

Son seres extraordinarios, Julio Verne, Leonardo Da Vinci, Albert Einstein y otros miles, pero no puede faltar, en esa nómina, Antonio Gaudí.

Quien visita su enorme legado arquitectónico que es la Catedral de la Sagrada Familia en Barcelona, podrá observar rápidamente el especial tratamiento que de la geometría y el volumen que aplicó Gaudí en su construcción.

Hay gente que valora tanto a Antonio Gaudí que está tramitando su beatificación ante Roma (beato como nuestros Cura Brochero y Ceferino Namuncurá)

“El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia (Temple Expiatori de la Sagrada Família, en catalán), conocido simplemente como La Sagrada Familia.

 “Desde 1915 Gaudí se dedicó, casi exclusivamente, a la Sagrada Familia, (que supone la síntesis de toda su evolución arquitectónica. Después de la realización de la cripta y el ábside, todavía en estilo neogótico, el resto del templo lo concibió en un estilo orgánico, imitando las formas de la naturaleza, donde abundan las formas geométricas regladas. (tomado Wikipedia)

Durante los restantes 43 años de su vida trabajó intensamente en la obra, los últimos 15 años de forma exclusiva. Además, los últimos ocho meses antes de fallecer vivió en el taller del templo-

La primera piedra se colocó el 19 de marzo de 1882 y dejó constancia de esta sentencia:

“No le es posible a una sola generación de alcanzar todo el Templo, dejemos, pues, una tan vigorosa muestra de nuestro paso de modo que las generaciones que vengan sientan el estímulo de hacer otro tanto; y por otro lado, no los atemos para el resto de la obra (…). Hemos hecho una fachada completa del Templo para que su importancia haga imposible dejar de continuar la obra”

Antoni Gaudí

Gaudí trabajaba hasta entrada la tarde con sus ayudantes. Al acumular tantas horas de trabajo y el vivir solo y sin quien lo cuidara, tanto su salud como su aspecto general se fueron deteriorando.

Su jornada terminaba – todos los días – en la iglesia de San Felipe Neri. Luego se iba a su casa. Cuentan que el tramo entre la Sagrada Familia y Felipe Neri era en bajada, cosa que le permitía hacerlo sin mayores esfuerzos. Desarrapado y enfermo, Gaudí parecía más un vagabundo que un artista extraordinario.

El 30 de enero de 1938, la iglesia de Felipe Neri – durante la Guerra Civil Española – fue escenario de un intenso bombardeo por parte de la aviación franquista, que dejó únicamente en pie la fachada y parte de la estructura de la iglesia. Como consecuencia, hubo 42 víctimas mortales, en su mayoría niños que eran alumnos de la escuela San Felipe Neri, al hundirse el techo del sótano donde se habían refugiado. Actualmente pueden percibirse con claridad los impactos de metralla del bombardeo en la parte baja de la fachada de la iglesia.

Gaudí se dirigía a la iglesia de San Felipe Neri cuando fue víctima del trágico accidente. Iba indocumentado y por su aspecto descuidado varios transeúntes y conductores lo confundieron con un mendigo y no acudieron en su auxilio. No se percataron de que ese anciano caído en la intersección de la Calle Gran Vía de las Cortes y Bailén, era el creador de la Sagrada Familia, la Casa Batlló o el Parque Güell. Autor del proyecto más visitado después del Vaticano.

«Los temores que se tenían respecto a un desenlace funesto en el estado de D. Antonio Gaudí se han confirmado, desgraciadamente», decía el ABC en su portada. El genial arquitecto había fallecido el 10 de junio de 1926, tres días después de haber sido atropellado por un tranvía en la calle de Cortes de Barcelona

Fue un guardia civil quien obligó a un conductor a trasladar al herido y no le abandonó hasta que los servicios sanitarios se hicieron cargo de él, según contó este diario. Hasta el día siguiente no se conoció la importancia de las lesiones. Tenía varias costillas rotas, una contusión en la pierna derecha y una grave hemorragia interna.

En cuanto se supo su identidad y la noticia de la desgracia circuló por la ciudad, una multitud de personas se acercó a enterarse del estado de salud del ilustre arquitecto, que resistió durante más de 60 horas.

Se cuenta que fue un estudiante tan irregular como inquieto y que simpatizó de joven con el socialismo, «pero lo abandonó como también su actitud de distinguido dandi en la noche barcelonesa; adoptó un modo de vida espartano: comidas frugales, caminatas de diez kilómetros diarios, sencillez y hasta ayunos que le pusieron a las puertas de la muerte».

Quiso el destino que Gaudí muriera en un hospital donde terminaban sus días los pobres de toda pobreza y que el destino de esa, su última caminata, haya sido blanco del brutal ataque de la aviación franquista algunos años después de su muerte.

  • Foto de portada: Frente actual de la iglesia de San Felipe Neri, destino diario de Antonio Gaudí