Por Enrique Aicardi

No fue campeón de nada pero llegó a lo más alto, fue ídolo y se metió en el corazón de su pueblo. Él generó el amor y el odio con suma pasión. Su vida y sus contradicciones fueron paralelas a las mismas de la sociedad, envuelta en los años del peronismo. Miles lo amaron, miles lo odiaron. Rápidamente pasó del barro al esplendor y de allí regresó a su origen.

A sus 37 años pisó el último peldaño de la vida en una cama del hospital Rawson. Varios días antes acompañó a un amigo, Emilio Juan Sánchez, que vendía muñequitos a la salida de la cancha de Independiente. Él quiso subirse al colectivo de la línea 295 en la esquina de Herrera y Luján en Barracas, le fallaron las piernas y las ruedas del colectivo le pasaron por encima terminando en un estado dramático.

Gatica nos remite a emociones muy profundas. Multitudes vibraron al conjuro del coraje de un analfabeto, resentido, rencoroso, que a fuerza de trompadas se abrió paso por la vida.

Nació el 25 de mayo de 1925, en Villa Mercedes, San Luis y falleció el 12 de noviembre de 1963. A los 7 años llegó a Buenos Aires en un tren de carga con su madre y un hermano mayor. A los 10 años a trompada limpia pudo lograr un lugar en Constitución como lustrabotas. Un peluquero de la zona lo vio en sus andanzas pugilísticas en defensa de su puesto de trabajo y quedó impresionado por su fuerza y agresividad. Era Lázaro Koczi, relacionado con el mundo del box y lo invitó a pelear por plata, por 20 pesos.

Había una casa de la Misión Inglesa para marineros, “The Sailor´s Home”, en Paseo Colón y San Juan, barrio de compadritos, donde paraban malandrines y los que habían perdido sus barcos. Aquí se resolvía todo a trompadas. Un taura podía ganarse veinte pesos. Lázaro lo llevó a Gatica y se cuenta que en el lugar el lustrabotas limpió a varios marineros grandes y corpulentos. En su lucha por la conquista de derechos había conseguido uno más. En ese tiempo ya había dejado su laburo de lustrabotas.

Su complicidad con la historia del peronismo hace que el 7 de diciembre de 1945 debutara en el Luna Park con su primer combate profesional en el que noqueó a Leopoldo Mayorano. En ese mes ganó dos peleas más, y ya con algo de fama, al año siguiente ganó las siete peleas que hizo, una de ellas con Alfredo Prada, su archirrival y con el que se encontraría cinco veces más en el ring. El público se había dividido, el ring side abucheaba a Gatica, querían verlo en la lona, y la popular rugía alentando al morocho de ojos azules. Los apodos de la tribuna eran diferentes según de dónde provenían, “Tigre” para la popular “Mono” para el ring side. A los periodistas les gustaba más “Mono” y es así como se lo recuerda. Los aficionados de clase que concurrían al ring side deploraban su falta de clasicismo.

Tuvo etapas de grandeza con un rival eterno sobre el ring: Alfredo Prada. Cuenta la historia que Alfredo Prada decía “si uno va a la montaña y grita Prada, el eco le devuelve Gatica”. Combatieron 6 veces y ganaron 3 cada uno, la última el 16 de septiembre de 1953 significó su gran derrota y el comienzo de una patética decadencia. Su campaña fue fructífera, 96 peleas en total, 86 victorias por nocaut, 7 derrotas, dos empates y una “no presentado”.

Al producirse el golpe de estado de la Fusiladora Revolución Libertadora contra Perón, le quitaron la licencia, lo que lo obligó a pelear en forma clandestina.

Es casi imposible comprender el amor que emana del pueblo hacia un personaje humilde, orillero, sin grandes conocimientos pero con un sentimiento que lo hizo nunca olvidar a los de su clase.

Posiblemente lo que ocurrió con Gatica puede pensarse en paralelo con la decadencia de las clases populares, estudiando la vida de Gatica, veremos la época de felicidad del pueblo argentino, del 45 al 55.

Toda su carrera fue como un tango de Pichuco, vibrante, emocional, se inició con el crecimiento de los trabajadores, el tango era la música de la época, el fútbol era la pasión de los laburantes y el Tigre subía al ring con su bata con la inscripción “Perón Evita”. Se cuenta que habría ganado más de dos millones de pesos pero cuando lo criticaban por ser desprendido él decía “aire, aire, cuando Gatica tiene, todos tienen”, pagaba casamientos en las villas, repartía dinero entre prostitutas y lustrabotas, les compraba todos los diarios a los canillitas, él seguía metiendo la mano en el bolsillo.

El 5 de enero de 1951, Ike Williams, el campeón mundial de los livianos lo tiró y noqueó en el Madison Square Garden, de principio el Mono lo atropelló y en un gesto de sobrador le puso la cara y bajó los brazos, el desafío terminó en el suelo. Después de este hecho su vida cambió, lamentablemente el Mono se desmoronó.

Cuentan que en este tiempo había perdido los favores del gobierno. Pero siguió combatiendo (1952, 1953) ganó 13 combates y fue vencido por el gran Federico Thompson.

Todo fue como su vida, los triunfos con los brazos abiertos hacia el cielo y las derrotas de rodillas, solo y humillado.

En Constitución tomando café con Eva, su hija mayor, la ahijada de Perón y Evita, le decía “cuando tenía plata me decían Don José y ahora que no tengo plata me dicen Don Nadie, pero no importa, vos siempre mirate en mi espejo. Vas a ver cuando vuelva el General”.