Por Enrique Aicardi

Al proponer a la Cámara de Diputados en mayo de 1951 la posibilidad de homenajear al poeta Homero Manzi, el diputado peronista John William Cooke dijo: “su pasión de pueblo lo volvió sin cesar a su fuente y en ella abrazó su arte con la cálida verdad que expuso del mundo palpitante que lo rodeaba”.

Homero Nicolás Manzione había nacido el 1º de noviembre de 1907 en la localidad santiagueña de Añatuya, era el quinto de ocho hermanos, hijos de un modesto empresario rural. Homero se mudó con su madre a Buenos Aires cuando tenía 9 años. Pompeya fue el mundo de su infancia, el que le inspiró el amor por lo barrial.

De joven empezó a escribir poemas, escenas teatrales y sus primeros tangos, pero a su vez, plasmaba en el tango la poesía de la clase humilde y su militancia política. Partidario del abstencionismo y la insurrección, en su combate contra el régimen de la década infame su casa se convirtió en una especie de comité clandestino, donde llegó a albergar pólvora para la fabricación de bombas caseras, por ello una vez tuvo un accidente que estalló en pedazos su baño.

En una de sus frases memorables dijo “alguna vez alguien que sea dueño de fuerzas geniales tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América, para recién entonces poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos” … “por eso ante ese drama de ser hombre del mundo, hombre de América, hombre argentino me he impuesto a la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, de amar todo lo que llega al pueblo, de amar todo lo que escucho del pueblo”.

Entre 1948 y 1950 junto a Aníbal Troilo, dio a conocer sus tres composiciones capitales: “Sur”, “Che Bandoneón” y “Discepolín”.

En SUR descubrimos a Manzi como un hombre de Buenos Aires, con un sentimiento profundo por su tierra y con la convicción de que la tradición es la fuente para conocer la fisonomía de un pueblo.

Poeta, periodista, guionista, dramaturgo, director cinematográfico, Manzi revolucionó el tango transformando sus letras en poesía.

A partir de 1935, insatisfecho con la dirección alvearista de la Unión Cívica Radical participó en la fundación de Forja (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) junto con Arturo Jauretche, Luis Dellepiane y Raúl Scalabrini Ortiz. Forja fue un movimiento que preconizaba el retorno a los principios federalistas de la Constitución, hispanoamericanista y antimperialista, criticó duramente la política del gobierno durante la década infame. Manzi resaltó los efectos perniciosos para con el interior de la introducción de capitales extranjeros, decía “Santiago del Estero no es una provincia pobre sino una provincia empobrecida”.

Sus acciones le valieron ser expulsado de la Facultad de Derecho.

Escribió guiones como Nobleza Gaucha, Todo un hombre (con Francisco Petrone). Adaptó para el cine en colaboración con Ulyses Petit de Murat la novela La Guerra Gaucha de Leopoldo Lugones, que dirigió Lucas Demare.

El historiador Horacio Salas al referirse a la evolución política de Manzi decía “incluso durante la campaña de 1946 Homero Manzi seguía militando en la UCR y en contradicción con sus posturas frente al alvearismo, ni siquiera se alejó cuando el comando Unionista dispuso la formación de la Unión Democrática”.

Cuando en el 47 Manzi se acerca al peronismo es expulsado del radicalismo, lo que motivó sus palabras en Radio Belgrano del 16 de septiembre de 1947: “Perón, como dijo Farías Gómez es el reconductor de la obra inconclusa de Don Hipólito Irigoyen, mientras siga así nosotros continuaremos creyéndole, seremos solidarios con la causa de su revolución que es esencialmente nuestra propia causa. Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores, somos revolucionarios”.

Poco antes de su muerte compuso dos milongas a pedido de Hugo del Carril, Milonga a Perón y Milonga a Evita. El 3 de mayo de 1951, el cáncer pudo más que la cárcel y sus persecuciones, murió en Buenos Aires a los 43 años.

Qué difícil es elegir, pero hay algo que predomina:

SUR,

paredón y después…

sur,

una luz de almacén…

ya nunca me verás como me vieras,

recostado en la vidriera

y esperándote.

Ya nunca alumbraré con las estrellas

nuestra marcha sin querellas

por las noches de Pompeya…

Las calles y las lunas suburbanas,

y mi amor y tu ventana

todo ha muerto, ya lo sé…

San Juan y Boedo antiguo…