por Rosana Herrera

Cuando mi hija menor era niñita, ante la típica “quevasasercuandoseasgrande” ella siempre respondía “abogada, para meter presxs a todxs lxs dentistas”. Y sentada ayer en esa tan helada como paquetísima sala de espera de mi torturadora, con un dolor intermitente en la muela casi destruída por el paso de las caries, juro que ahora entiendo su frustada vocación (en sus caso, Freud y Lacan le ganaron por goleada a Vélez Sarfield porque no sólo le sacaron el terror al torno y a las agujas sino que la convencieron de que entre los dos sillones, el de ellos era el que le quedaría mejor).

Y me dolía tanto la muy guacha anteanoche que el Caballo como siempre, entre amorosas palabritas y odiosas palmaditas, intentaba calmarme “no pensés, vieja, ya se te va a pasar”. Cabe aclarar que el mencionado equino es ese libre pensador contemporáneo con el que cabalgamos la vida hace más de 40 años y que ante cada comentario similar despierta en mí instintos primarios por demás preocupantes, (como diría la hija, ex futura penalista devenida en psicóloga).

El caso es que ayer, cocinada a analgésicos, consigo un temido entreturno,  ese horario difuso que te dan las secretarias cuando hay una emergencia y la agenda está llena. Entonces te mandás de una nomás pero sabiendo que estás condenadx a esperar que algunx falte o que te atiendan al último. Y si sos precavidx, te vas munidx de un buen libro (en las flamantes Hola y Gente de la mesita ratona, Mario Kempes y Xuxa son tapa), un tejido o el teléfono con mucha batería porque en la tele de allí, como en la de muchos lugares, parece que tienen problemitas con las señales de todo canal que no sea TN. Opté por el celular. Se habrán de imaginar que ya de por sí que te duela la muela es un calvario, pero si a eso le sumamos las opiniones zezeosas de Bonelli o las risas estentóreas de un Nelson cada vez menos convencido del Cambio, es masoquismo explícito. Y entonces empiezo a leer las noticias de internet, asumiendo el consejo del Caballo de no pensar en el dolor. Y es ahí cuando me detengo en otro consejo, esta vez para paliar la crisis económica terminal que azota al país, que fuera PROpinado en el seno de la clase media por una diputada de la Nación y que se convirtiera en viral apenas fuera lanzado al éter: dar PROpinas y no dejar de contratar a lxs que hacen changas, (o…digo coimas). Compleja teoría expresada desde su púlpito con cara de economista keynesiana disertando en Harvard sobre aspectos macroeconómicos del mercado, o explicando el impacto del salario en la composición del gasto. Inmediatamente despúes escucho las declaraciones de un mozo en un programa chimentero  aludiendo a la “generosidad” de la susodicha con el gremio gastronómico y es cuando mi muy sonora risotada los obliga a todxs a mirarme sorprendidxs.  Vos crees imposible tomarla en serio hasta ese momento, hasta que ahi nomás tomás conciencia de lo que su desfachatez representa desde el punto de vista del mensaje y lees el tuit del otrora periodista deportivo (hoy un intratable panelista y analista político de fuste), militando la propina con estadísticas de nuestra “madre patria”: los Iunaites Esteits.(all inclusive)

Mi primera reacción fue la carcajada, la segunda y que duró apenas un instante, fue suponer que se trataba de un video editado por algún opositor travieso, de esos que no faltan, así que compulsivamente busqué en todos los portales digitales hasta certificar que en realidad era otra de sus ya famosos insultos a la inteligencia de lxs argentinxs. Inclusive de esa apabullante mayoría de porteñxs que la votaron y de lxs que ella se ríe en todo momento. Nadie de sus propixs votantes, en su sano juicio, puede dar crédito a sus palabras siempre tan poco serias. Y nadie, con dos dedos de frente, que conozca su historia política puede no espantarse de sus dichos. Ni no enfurecerse por la impunidad que le brinda el perverso escenario de la derecha gobernante para expresarlos públicamente tan desafiante como orgullosa. Porque no nos equivoquemos, esta individua no está loca, nunca lo estuvo, está en sus cabales y cumple a la perfección el papel que le marca el guión, el de decir lo que se le da la gana cuando y dónde se le antoja. Porque ella es esa guardiana que la república y su republiquita necesitan para emerger del estado de deterioro y de postración en que la dejara la década robada. “Fundamento” que venimos escuchando todos los días desde hace dos años, seis meses y veinticinco días; desde ese día en que el 51% de lxs argentinos empezó a vivir la denominada REvolución de la alegría. Esxs ciudadanxs de a pie, entre lxs que hay muchxs que se rindieron al infernal aparato fagocitador de neuronas montado por los medios hegemónicos, asesorados por un ecuatoriano siniestro. Pero entre lxs que también hay muchxs que por fin sacaron a pasear su odio congénito e incurable, ése que durante el populismo se ocuparon de ocultar, temiendo tal vez perder los beneficios que estaban disfrutando. Pero este segmento de la población no tiene remedio y no creo inteligente ni provechoso siquiera discutir con ciudadanxs a los que este modelo liberal representa acabadamente. Lxs que sí me generan mucha lástima, son esxs paisanxs que fueron cómplices de este escandaloso presente sin saber que lo eran y que también vienen siendo sistemáticamente  esquilmadxs, como los que sí sabíamos a que venían estos sinvergüenzas.

 Y oyendo el consejito de Carrió pienso en el contraste tan cruel que ofrece su condición, con la maravillosa lucha de millones de mujeres en todo el planeta, reescribiendo la historia, contagiando entusiasmo y arremetiendo victoriosas en las conquista de derechos. Y tampoco puedo dejar de comparar la creciente magia de ese movimiento internacional de mujeres con la miseria local de las otras mujeres del “mejor equipo”. Esas con cargos de tanta responsabilidad ciudadana como la vicepresidenta, la gobernadora de Bs As, la ministra de Desarrollo Social y la propia “Primera Dama”, todas desparramando una impiedad para con lxs más vulnerables muy parecida al odio de clases. Porque en el almacén de imágenes de este bestiario, se me mezclan las declaraciones violentas y provocadoras de Michetti (que rozan la ilegalidad) al referirse a las mujeres violadas y su conveniencia de no abortar; con Stanley intentando justificar la quita de pensiones por discapacidad; con las confesiones de Vidal sobre la inconveniencia de tener tantas universidades públicas y con la sonrisa tilinga de una Awada “brotada de solidaridad” que regala los retazos inservibles de tela a los pobres, en vez de tiralos.

Y siento tanta vergüenza de género y tantas ganas de llorar que no me acuerdo más de mi dolor de muelas porque me empieza a doler mucho más intensamente la Patria. Y casi llorando, pienso en el 49% del padrón, ese porcentaje más memorioso constituido por lxs que no sucumbimos a la anestesia mediática, lxs que desde entonces estamos esperando la DEvolución de la alegría. Lxs que no bajamos los brazos porque nuestras propias historias y la historia colectiva nos obligaron a permanecer de vigilia obligatoria. Y me acuerdo que apenas pasaron 31 meses desde que se empezó a vivir la “DESpolítica”, una metamorfosis semántica, conceptual e ideológica tan violenta que no sólo llegó a REvolucionar el lenguaje sino que hizo INvolucionar a un país entero. Pero… ennumerar en esta humilde columna cuales son las angustias, las preocupaciones y los miedos que día a día nos genera la perversión de este modelo noventista, acentuada por la total impericia del “mejor equipo de los últimos 50 años”, no resultaría oficioso aquí, menos teniendo expertos barracos que se ocupan de su pormenorizado análisis. Y porque el sólo pensar en ellxs para compartirlos en esta suerte de catarsis, me da aún más impotencia que la de ese irrefrenable sollozo que me atacara justo, justo, en el momento en que una vocecita detrás de un barbijo me invitara por fin a entrar al consultorio.