por Alejandro Mosquera

Se comienza a desplegar el año electoral. Junto con las campañas, hay una batalla desde los distintos campamentos políticos para “analizar” o “balancear” los resultados de las ocurridas. Desde el gobierno, de los periodistas alquilados o amarillos, y de algunos que prestan oídos a sus operaciones está claro el objetivo: negar la realidad, en todo caso echar la culpa a los radicales y decir que el bajón en votos de Cambiemos solo muestra un corrimiento hacia fuerzas conservadoras o partidos provinciales que al fin de cuenta los apoyan en el Congreso. Y machacar con la idea que la gran perdedora es Cristina.

Sin embargo, las mentiras y las manipulaciones del Gobierno no habilitan para realizar un análisis simplista del proceso que ha comenzado. Y conviene mirar de frente las fortalezas, limites y debilidades del proceso político abierto.

Se va ratificando en las urnas el rechazo que se ha extendido al presidente Macri y Cambiemos. Lo cual es un dato fundamental para entender el contenido principal del rumbo que comienza a marcar las mayorías.  Sin la derrota de la expresión mas salvaje del neoliberalismo, de la destrucción de derechos, del aniquilamiento de la industria y el trabajo nacional, de la entrega de la soberanía es imposible plantearse una alternativa transformadora.

El desgaste del gobierno, la defraudación que muchos de sus votantes o de los segmentos sociales que significaron su base de sustentación, no parecen que varíen a hacia las fuerzas o frentes de PJ y kirchnerismo, sino que se inclinan hacia fuerzas provinciales como el MPN o Juntos somos Rio Negro. Se que muchos compañerxs han visto en estas fuerzas como expresión del neoliberalismo, y así lo han marcado en el debate que se vive como balance.  En mi opinión expresan posiciones conservadoras con extensión y liderazgos territoriales, que en su practica política tienden a acompañar a los ejecutivos nacionales.  Seguramente algunos pensarán que es un problema de matices en la interpretación, en la concepción de esta columna no es así. Es una diferencia de calidad. El futuro del país esta atado a derrotar la Macrismo y las variantes neoliberales en todas las letras que quieran imaginar a sus planes.

La otra orilla para examinar es que los frentes patrióticos concebidos como listas únicas con hegemonía “moderada” traen consigo un problema que la alianza con los K esos moderados se desdibujan, los Kirchneristas se desperfilan. La suma en listas únicas no ha significado la suma de votos que en experiencias anteriores han tenido por separado. Las PASO pueden ser el camino para integrar fuerzas que convergen al Frente Patriótico opositor desde propuestas diferentes, identidades diversas, y conductas diferenciadas en estos años.

Hay que mirar la experiencia del Frente Patriótico Chubutense que con PASO logró integrar diversas propuestas y candidatos y como espacio superaron al actual Gobernador.

Sin una política que aliente el protagonismo de millones de personas, a debatir propuestas sin temor dentro del espacio nacional y popular, sin impulsar un proceso de renovación e instalación de los referentes territoriales, las posibilidades de derrotar a la derecha se alejan.

El frente en su diversidad no debe ser solo la expresión del peronismo, sino del variopinto que son las identidades sociales y políticas de nuestro pueblo. Una conformación amplia, y las PASO, con sistema D’Hont sin piso pueden ser la forma de expresar el contenido común del frente, y a la vez permitir la diversidad, la discusión, el debate de las soluciones para el país y no solo las ingenierías entre dirigentes.

El poder real esta preocupado por la caída constante y sostenida de Macri, y trabaja por planes alternativos a la medida de las grandes corporaciones. El presidente con cara de enojado repite una y otra vez que el jefe es él y que no hay Macrismo sin Macri.  Por el lado popular dar por ganada las elecciones, y que la derrota a la derecha esta asegurada, es un error, pero no de discurso sino un grave yerro político. Le quita riqueza al diagnostico sobre la realidad, e impulsa una bipolaridad que en su momento expansivo roza la no-política esperando todo de Cristina, y en su momento de retracción es depresivo ante las dificultades de la batalla que se libra en nuestras tierras.

Templanza se diría en otras épocas.