Por Alejandro Mosquera

Para hacer un examen de estos días tan duros que nos tocó vivir, es necesario mirarlos en toda su complejidad. Más allá de las justas reivindicaciones de los policías de bajo rango, que son las mismas que la de muchos trabajadores o microemprendimientos, o de los desocupados, vivimos un capítulo de la escalada desestabilizadora de un segmento del poder real y de los grupos que le son funcionales.

Las políticas de desgaste, de debilitamiento del gobierno y la democracia no se consuman en un acto. Intentan diversos caminos con la idea de instalar que no hay gobierno, que la situación es caótica. Por eso sueñan con una evolución de la pandemia que sature el sistema de salud y que entremos en una crisis sanitaria mayúscula. Por eso entonces, promueven que la sociedad rompa el aislamiento, no para “recuperar libertad, sino para tensar la situación creando condiciones para imponer su programa. Crisis sanitaria, más crisis social, más revueltas policiales es la creación o utilización para imponerse a la voluntad popular.

La extorsión es del poder real. Su mensaje es claro: o el gobierno adopta nuestro programa o profundizaremos la agresión. No es nuevo, cada líder popular o dirigente que ha decidido ser fiel al mandato popular lo sabe. Tanto en la historia larga como la más cercana sobran lo ejemplos de quienes se plantaron y quienes aceptaron el chantaje.

Ese es el contexto. Sin embargo, no todo tiene el mismo valor. Que Cambiemos se oponga en el Congreso, que utilice boicotear el quorum para que no se voten leyes que necesita nuestro pueblo, no es lo mismo, ni tiene el mismo valor, que grupos de policías armados rodeen la residencia del presidente o del gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Cuesta creer que las movilizaciones policiales no estuvieran articuladas con estructuras de poder corrupto dentro y fuera de la bonaerense. Cuesta creer que los funcionarios puedan esgrimir sorpresa, que sí pudo tenerla nuestro pueblo, porque estaba anunciado. La sola idea de la sorpresa revela cierta ineficacia preocupante.

Una parte de exonerados, de ex jefes corruptos, de macristas operando la desestabilización, logró conformar momentáneamente una coalición con la tropa, agentes y oficiales de la bonaerense que están pasando extremas necesidades  ¿Cuál fue la política de seguridad que permitió este encuentro peligroso para la democracia?

Fue acertado y justo reconocer que las demandas reivindicativas de los policías de base eran acertadas. Porque sólo eso podía dar capacidad de diferenciar entre, necesitados con formas equivocadas de reclamar, y bandas de corruptos, exespías, y dirigentes irresponsables que fogoneaban el conflicto.

Tuvieron que ponerse Alberto y Axel al frente para resolver el conflicto, era lo que correspondía y lo hicieron.

Es posible y necesario que tamaño conflicto todo derive en negociaciones diversas con los que están demandado. Lo que no parece atinado es utilizar la misma vara para medir a quienes se movilizaron armados a Olivos o adonde reside el gobernador. Eso es un acto de extorsión al poder político y a la democracia.

Una parte del poder real siempre reclama mano dura contra las movilizaciones populares, contra los piquetes, esgrime como argumento que en los paros docentes los maestros usan a los chicos como rehenes, frente a las tomas de tierras reclaman que la propiedad es sagrada y que el estado debe utilizar todo su peso para correr, desalojar, echar a la calle a miles de familias, Eso sí, aplauden que policías armadas/os vayan a extorsionar a los máximos representantes de la voluntad popular.

 

Hacia dónde vamos

Primero hay que diferenciar entre quien reclamó, y quien, utilizando la desesperación de los primeros, pretende conservar negocios sucios o desestabilizar al gobierno. Con estos últimos hay que tener una actitud firme, porque sino la cadena de mando y sobre todo la conducción política de la fuerza se volverá imposible. No es necesario esperar a que actúe la justicia, el poder administrador cuenta con todas las herramientas para actuar correctamente.

La seguridad en la provincia de Buenos Aires necesita una transformación profunda para convertirla en una seguridad democrática y comunitaria. La mano dura, la tolerancia cero, son discursos para calmar la desesperación social por la inseguridad, pero no son parte de una política real de seguridad sino de control social. Como henos sostenido desde esta columna, la provincia necesita un Ministerio de seguridad que encarne la capacidad del poder civil y democrático de dirigir la seguridad en beneficio de todas y todos.  No es militarizando a la policía bonaerense que se logra mayor eficacia. Es una fuerza civil armada, disciplinada, pero son trabajadores de la seguridad y no soldados.

Una vez más quedó claro que es una necesidad del país y de la provincia permitir la sindicalización de los trabajadores de la seguridad.  No es una postura de la academia como algunos periodistas de canales no hegemónicos han señalado tratando de decir que es utópica o ingenua esta propuesta. La sindicalización permitiría el desarrollo de la conciencia de ser trabajadores y, por otro lado y más importante, quita la representación de sus demandas de manos de los “porongas” de la bonaerense que vienen utilizando sus poderes administrativos para premiar o castigar según sus conveniencias e incluso, en la participación en negocios sucios.  Esa no es la “academia” es la vida.

El dialogo o el amor después del amor

La solución del conflicto fue de la mano de quitar un punto de coparticipación dado por decreto por Macri a la Ciudad de Buenos Aires. Antes de avanzar me gustaría plantear aquí una duda sobre esta situación que siempre me extrañó: ¿Pagó la Ciudad por todos los bienes, todo el capital humano, tecnológico, armamento, saberes etc. que pagamos todos los argentinos o es que todas las provincias les cedimos gratuitamente parte de la estructura de la federal y además les pagamos los sueldos?

¿Cuándo el turismo interno se traslada por el país cual es la contribución del estado de la Ciudad para toda la seguridad que se tiene que desplegar? ¿Aportan algo a los operativos sol que se hace en la costa para cuidar a los turistas?

No vi en los macristas esta actitud cuando eran menemistas, de enfrentarse a la decisión de echarles por la cabeza a las provincias la educación sin traspaso de recursos.

Sí los vi ponerse firmes, duros, represivos con los maestros, con los jubilados, con los excluidos, con los médicos, con los estatales, con los manteros, con los que viven en la calle, con los que reclaman un pedazo de tierra.

Pero como siempre desde hace años todos se llaman al diálogo y se dicen que son el ejemplo del diálogo. Pero no es cierto.  Al diálogo el poder real de las corporaciones lo entiende como imposición de su programa. La vieja costumbre de darle órdenes a los gobiernos electos. Siempre me recuerdo de aquel relato de Carlos Menem cuando él le dijo a Magneto: Ud quiere ser presidente” y el empresario le contestó: “puesto menor”.  No sé si será verdad, pero qué grafica es la anécdota.

Y Cambiemos, Macri, sus Ceos y Larreta y Vidal representaron eso, el programa del poder concentrado después de doce años de gobiernos populares. Ellos no vinieron a sanear los errores de Néstor y Cristina, vinieron a demoler sus aciertos, y una gran parte por DNU o actos autoritarios.

En países como el nuestro con tanta desigualdad, los conflictos diversos, plurales, son su modo de existencia y vida. Porque si no los hay, quiere decir  que logramos una sociedad tan igualitaria que los disuelve, o que el poder real logró imponer su programa con una derrota estratégica de todo el movimiento popular. Las dos son irreales. Ni la dictadura genocida, con todo el estado articulado para el terrorismo en la aplicación del plan del Consejo Empresario Argentino y la política de seguridad de EE. UU, con cientos de campos de concentración y miles de asesinados, pudo lograrlo. Nuestro pueblo encontró las grietas para pelear.

Hoy en medio de la pandemia, del crecimiento de las derechas en la región, de las políticas de desestabilización, de tanta necesidad de nuestro pueblo, aún con esa enorme particularidad, el tema sigue siendo el mismo. Conflictos habrá, la cuestión es el rumbo. Cada paso puede ser discutido, cuál es el mejor o el peor.

Siempre habrá una razón de estado para tratar de explicar porqué no se hace lo que debe hacerse. Pero deberá hacerse. Cristina terminando su mandato dijo:”le dejamos un país incómodo para los dirigentes”. Tenía razón.

El frente de todos no nació para administrar mejor lo peor que nos dejó Cambiemos, sino para transformar el país, en más democrático, más federal, más igualitario. Todavía estamos en deuda.