El nuevo escenario se sigue desplegando

Queda muy poco para el 27 de octubre. El oficialismo reconstruye su táctica electoral. Dos premisas claras: 

1. no hablar de la situación social, económica, educativa o sanitaria actual, si hablar de todas ellas en tiempo futuro, prometiendo un mundo feliz por delante, donde los que destruyeron el trabajo, las pymes, el crédito, el consumo, los derechos, ahora “escucharon”. Quieren volver a utilizar las armas que les sirvieron en la campaña del 2015 donde prometieron, mintieron, estafaron el contrato social electoral. También recobrando la mística perdida del sí se puede.

2. Apoyarse en la movilización del núcleo duro de la derecha cultural. Fanáticos, convencidos de que hay que dar la batalla contra peronistas, izquierdistas, piqueteros, putas, choripaneros, planeros, intelectuales, feministas radicales, contra los indisciplinados de una sociedad que sueñan ordenada según sus “valores”. Negacionistas de la realidad. Difundían en los medios adictos que no había colectivos en la importante movilización que hicieron en Belgrano. Siempre subestimaron a nuestro pueblo, nunca entendieron que los sin poder construyen su poder organizándose, el colectivo, la coordinación barrial, el local.

La cultura macrtista adora tomar champagne con los sindicalistas colaboracionistas, pero odian los sindicatos. Dicen que la educación es poder, pero odian a los maestros, en especial a los que sostienen que cuando sus alumnos los ven luchar por sus derechos también aprenden.

Saben en el Macrismo que solo con los fanáticos  no se gana ninguna elección, pero si ellos se desalientan se quedan sin motor y sin soldados. Y la debacle será mayor.

En paralelo se desarrolla otra táctica electoral del oficialismo que es salvar lo que se puede. Aquí la premisa es tratar de borrar los vínculos con el Macrismo y Cambiemos. Se provincializan las elecciones, los intendentes para ser todos de fuerzas municipales.

El resultado de las elecciones de Mendoza dará mas fuerza a esa táctica, ya que los radicales Cornejo y el gobernador electo Rodolfo Suarez, extremaron la táctica y fue exitosa con una diferencia importante.  Eso si, le duró a Alfredo Cornejo la táctica de ocultamiento de Macri hasta saber el resultado electoral. Ya en el acto de festejo del triunfo llamaba a votar a Macri, y sostener que el Kirchnerismo vuelve peor que antes. Como se llamará esta actitud de un dirigente en un país normal. Menos que estafa electoral no creo.

La otra herencia macrista

¿Que nos deja el Macrismo y Cambiemos desde la catástrofe social, económica, cultural que construyeron, pero medida por fuera de la economía y pensada desde la cotidianeidad de nuestra sociedad?

La crueldad de las políticas de ajuste, de recesión planificada, de pobreza y sobre todo de desocupación abierta y encubierta en los monotributos, también agredieron valores y transformaron otros. Es consabido y no vale la pena detenerse a fundamentar, que no es cierto que las crisis económicas y sociales son las parteras de tiempos mejores en conciencia popular. Detrás de ellos no está siempre agazapada la revolución, sino muchas veces, la mayoría, un cansancio social que se emparenta con el agotamiento de las fuerzas transformadoras. 

Parte del legado macrista que actúa como contexto y fundamento de lo que nos ocurre como sociedad, y también de como está transcurriendo la etapa electoral, se muestra entre otras cosas en: la meritocracia salvaje, en los miedos a los otros, y también al miedo a caer desde las clases medias. Miedo a que todo se salga de control en el trabajo, en los gastos familiares, en el trabajo, en la sociedad.

La desocupación en niveles altísimos actúa como factor clave en el precio del trabajo, pero también como disciplinador social y cultural.  Este tipo de incertidumbre sobre el futuro no actúa como posibilidad como señalan los ideólogos del sistema. Es un método de control y manipulación social.

Desde los que tienen todo asegurado o en el gobierno o en sus familias millonarias por herencia nos dicen: hay que amar la incertidumbre.

Porque la incertidumbre de ellos es la dudas sobre que  buen vino tomaran mañana, la de la clase media y los trabajadores es si lo seguirán siendo mañana al mediodía. La incertidumbre popular es la de la ruptura de las redes donde nos apoyábamos.

Mas allá que vivamos el ocaso de Macri, el poder intenta que no lo sea de las políticas neoliberales que ellos sustentaron y mucho menos de los valores culturales que promovieron y que en parte lograron instalar.

Quienes hayan leído antes esta columna sabe que sostuve que la grieta fue un invento del poder y del Macrismo. Por un lado, para dividir mal a la sociedad y legitimar popularmente a la derecha. Y por el otro fue una manera de ocultamiento de los problemas reales de nuestra sociedad. La “grieta” explica todo, incluso tomada por el espacio nacional y popular para fundamentar el hilo histórico entre el país centralista, unitario y portuario, frente al país federal y popular. Sin embargo, la grieta no explica nada, sobre entiende de que estamos hablando para evitar que realmente pensemos el país, sus contradicciones.

Ahora, con el nuevo escenario político y la gran posibilidad de que el peronismo y el kirchnerismo retomen el gobierno nacional y en las principales provincias y con Alberto diciendo en todas partes que quiere superarla, se experimentan nuevos artilugios discursivos con el mismo objetivo que la vieja grieta.

Uno de ellos es hacernos elegir entre conflicto o consenso. Una paridad donde lo malo está en el conflicto en una sociedad cansada de tanto ajuste y crueldad. Y lo bueno, civilizado y acorde con los tiempos que nos tocan vivir es el consenso.

La polaridad de dos conceptos que parecen antagónicos, donde todos diremos consenso salvo los fanáticos, es otra forma de ocultamiento de la realidad. Los conflictos existen en la sociedad, mucha mas en las que se basan en la desigualdad como la nuestra.

Si somos conscientes que en la sociedad hay diversos intereses y que ellos pujan por ser dominantes. Y que siempre las clases y sectores hegemónicos muestran sus propios intereses como los de toda la sociedad, vemos que el nuevo artilugio es mas de lo mismo. Las democracias deben contener el método donde zanjamos que interés priman. Pero si hay un solo camino para el país, y solo se puede optar entre ser mas cruel o mas sensible en la aplicación de las mismas políticas, todo pensamiento alternativo queda fuera.

Los propios comunicadores del consenso son después los promotores de cualquier idea que no sea parte del camino único naturalizado sea descalificada. Y en muchos casos sus promotores perseguidos como expresión de un peligro difuso.

El consenso entendido como un camino único con alas, con policía del pensamiento, sin revelar los intereses en pugna, no es mas que el discurso dogmático y único del poder.

El bloque popular no es único, es diverso, contradictorio, plural. Esas contradicciones para que no sean antagónicas deben ser articuladas por la política para construir un pacto social entendido como un proyecto de país, de estado y democracia. 

Y la democracia se construye sin pedir permiso.