La polarización creciente hacia las elecciones de este año, con el derrumbe de la vereda del medio, profundiza y evidencia el debate sobre la unidad. Que por supuesto es muy amplio e imposible de reducir a un artículo. En nuestro caso se pueden leer diferentes columnas que hemos escrito en La barraca. Hoy solo quiero referirme a algunos criterios que están en debate en estos días.

Por un lado, es necesario remarcar que la unidad no solo es un problema de sumatoria de dirigentes sino de lograr expresar un proceso de convergencia plural, diversa que anida en nuestro pueblo. Un primer tema que conviene mirarlo de frente es la idea que el problema principal de la ecuación unitaria es el programa, y que, por lo tanto, la línea divisoria se encuentra allí, así el programa para la unidad no es las coincidencias básicas para desalojar democráticamente a Cambiemos sino en la necesidad de profundizar el rumbo de transformación. Hasta aquí parte del debate necesario. Sin embargo, muchas veces la concentración únicamente en el programa trae como contrapartida debilitar o secundarizar el problema de lograr la unidad como si fuera un hecho que ya se derrotó a Cambiemos.  Por mas que todas las encuestas sostienen que CFK sigue creciendo y que Macri sigue en baja, la elección, si todo sigue igual, va a ser pareja y se definirá ajustadamente.

Otro de los problemas que se presentan es la amplitud de la unidad. Si la cuestión es derrotar a Macri ¿entran todos si “vinieran”? Pero si se trata de derrotar una política de cuño neoliberal y de sometimiento al capital financiera y entrega de la soberanía. ¿están incluidos Larreta y María Eugenia Vidal? O por el contrario los gobiernos de la provincia de Buenos Aires, la Ciudad, o Morales en Jujuy y otros son parte indivisible de las políticas que han llevado a la catástrofe al país, y vencer es dar la batalla por derrotarlos en la Nación y en sus provincias en las elecciones y abrir una etapa de gobiernos populares.

La contracara son las versiones de “mi limite es…” que termina siendo una versión individualista que elude discutir una estrategia de triunfo y se contenta con ser testimonial o en el peor de los casos subordinando todo a la conveniencia de grupo donde el limite ya no es ni político ni programático, sino expresión de tácticas menores de internas dentro del espacio nacional y popular.

Es evidente que pensar la unidad como ingeniería de dirigentes y táctica electoral ha ganado mucho lugar en el movimiento popular, es parte de la idea donde el ágora donde se discute y se siembra el futuro es casi exclusivamente son los sets televisivos. Para esta columna derrotar a los neoliberales y defender luego la soberanía popular y la democracia necesita del protagonismo de millones. Por supuesto que necesita de movilizaciones y marchas, pero también de una politización del debate, de un protagonismo de grandes mayorías, de [email protected] vecinos/as, de [email protected] trabajadores, de [email protected] estudiantes, del movimiento de mujeres.

Tiene que crecer la política en manos de millones rompiendo la trampa de una democracia delegativa extrema que expropia la política de los ciudadanos de a pie. Y por ese camino rinde culto a la no-política que es el mejor teatro de operaciones para el poder real y sus medios hegemónicos.

Continuará…