Por Alejandro Mosquera

 

Sigue el debate sobre el resultado electoral, sobre sus causas y también sobre los efectos que producirá. No habrá balance sin intención porque la disputa por el balance es parte esencial del conflicto social, económico y político que vive el país.

Es posible aún con esa salvedad establecer algunos parámetros que nos ayuden después de los festejos a mirar de frente de la realidad para encarar una modificación del rumbo del gobierno del FdT que implicará debate y puja.

Quiero resaltar solo dos.

  • La levantada en muchos distritos del país, incluso en los que se perdieron, del Frente de Todos, tienen una diferencia esencial con lo ocurrido con las PASO, el centro del dispositivo paso a manos de miles y miles de personas de a pie, a la militancia y los dirigentes intermedios dando la batalla. No es un hecho menor o solo para un discurso de agradecimiento que se hace cuando se conocen los resultados. Es un problema de concepción de la política, de saber donde esta la fuerza transformadora de las propuestas populares.

Si el Frente de todos no se abre para el protagonismo, el debate, la discusión, la creatividad del movimiento nacional y popular no tendrá la fuerza para corregir el rumbo.

  • El triunfo contundente en las PASO de Juntos por el Cambio visibilizó con mucha fuerza la posibilidad del retorno del neoliberalismo al gobierno, porque el poder lo siguen teniendo. Y la política de control de precios de alimentos y tardía la de medicamentos, permitió construir una causa de la batalla que estábamos dando. Mostró el conflicto distributivo con lo peor que esta ocurriendo además de la pandemia, que es la inflación y la baja en la capacidad adquisitiva de salarios y jubilaciones. Porque fue tan importante porque el FdT después de 2 años de gobierno no mostraba una causa que merezca ser peleada ya que avanzaba el desencanto.

La difícil situación económica, los niveles de pobreza, indigencia y desempleo son el contexto esencial del resultado, pero también la perdida de lo simbólico y subjetivo, es decir la causa de origen del FdT que además de derrotar a Macri era construir un Nunca Mas al neoliberalismo.

El resultado, la levantada aún en la derrota permitió superar los planes desestabilizadores de algunos pequeños pero poderosos sectores. Permite afirmar a propios y extraños que “hay 2023”, como hace unos años se construyó la proclama “hay 2019” frente a las presiones derrotistas y colaboracionistas de algunos dirigentes del movimiento nacional, hoy se puede afirmar que sigue la lucha.

Qué va a realizar la derecha y ultraderecha es importante, pero es sabido. El problema central es cual es la respuesta del movimiento popular, cual será la actitud del gobierno y del FdT.

¡Volverá a primar el club de los adoradores de la correlación de fuerza que siempre explican porque no se puede hacer los que es urgente y necesario? ¿logrará el FMI la “unidad nacional” alrededor de su programa? ¿o primará el protagonismo ciudadano para transformar en un sentido popular la gestión?

El presidente en su discurso del miércoles reconoció el error estratégico que significó no permitir las PASO entre las distintas líneas y partidos que integran el Frente. También llamó a un debate abierto de cara a la sociedad entre las distintas vertientes de la coalición de gobierno, exponiendo entonces que fue injusto que quienes criticábamos ciertas decisiones e impulsábamos propuestas de transformación sin querer imponerlas al resto de los integrantes del Frente, si no que pedíamos ámbitos de discusión,  no éramos funcionales a la derecha como algunos sostuvieron. Que la censura o la autocensura no se corresponde con la vitalidad e innovación que requiere la crisis argentina y la confluencia de diversas crisis en el mundo.

Se acepta entonces que quienes reclamamos la institucionalización del frente mucho antes de sospechar ni siquiera la posibilidad de una derrota proponíamos una estrategia acertada para la organización y participación de nuestro pueblo. Que las PASO deben ser para poder contrastar propuestas y que es el pueblo del Frente quienes al votar esta eligiendo los rumbos y los representantes sin poner en peligro la unidad.   Si se cumple no es un detalle menor, sino trascendental, porque entonces ya no serán los medios los que elijan los candidatos que con el solo argumento de que ellos eligen a que voces y caras dan a conocer en un sistema cerrado de frente, está claro que los “permitidos” serán los mejores candidatos. Discutir abiertamente, con un sistema amplio de representación y de integración de los que compiten le da potencia a la coalición y la transforma. El compromiso social, el programa, la conducta, la organización, la militancia tendrán otro peso.

Para enfrentar al polo de las derechas y ultraderecha se necesita de una unidad amplia y diversa, para cuidarla y promoverla se necesita que el frente sea de todes no solo en los discursos sino en la construcción del programa, en la metodología de toma de decisiones y desde allí las acciones comunes en todo el país.

Eso si, si no se atiende las demandas sociales, sino enfrentamos que la mitad de la población vive en la pobreza, si no promovemos un shock distributivo, si no enfrentamos el programa y condicionalidades del FMI, si anteponemos la deuda externa a la deuda interna, si nos subordinamos a las estrategias de EEUU, si no frenamos la inflación y cuidamos el alimento de los argentinos, sino recuperamos soberanía nacional, soberanía fiscal, productiva, educativa y científica;  si predomina en el Frente y el gobierno el club de los adoradores de la correlación de fuerza, no habrá internas abiertas que pueda resolver el problema de la distancia que se profundizará entre el gobierno y nuestra base social.

Reconstruir un bloque popular necesita de un programa, de un rumbo estratégico, de un horizonte.

Como hemos sostenido muchas veces en esta columna: no elegimos el tiempo que nos toca vivir, pero si las batallas que queremos dar.

Es tiempo de seguir luchando.