Por Noé Jitrik 

Cuando se supo que la Argentina había votado junto con la canallería latinoamericana contra Venezuela cundió una sensación de malestar que tenía todo el sabor de la decepción. No era necesario haber idealizado a Alberto Fernández y al programa del FdT para experimentar dolor, enojo y sorpresa, por lo menos, claro que sentimientos no compartidos por esos vacíos de corazón y de mente que, por simplificar, llamamos “macristas” o “macroideos” y, con mayor espíritu analítico, derechistas. El mensaje que surgía de la posición argentina para los dolidos no sólo era inesperado sino peligroso, venía acompañado por el fantasma de la entrega; para los otros tranquilizador, apartaba al otro fantasma, Venezuela, casi único programa de esa corriente que carece de programa y de ideas. Las explicaciones posteriores dan un poco de pena o de vergüenza ajena, es difícil sacarse de los oídos el ruido de la caída de una construcción. ¿Se condenará de manera equivalente a quienes, como si fueran blancas margaritas, cometen toda clase de fechorías y pisotean los derechos de todo tipo? Después de votar contra Venezuela estamos junto a los Bolsonaros, Duques, Piñeras, Morenos, Añiez, comiendo la misma comida y en la misma mesa en la que Trump hace de dispensador: ¿podremos rechazar el menú? La caterva, en fin, que espera anhelante lo que vaya a pasar en Bolivia para, otra vez, neutralizarlo, reducirlo, anularlo. Sepulcros blanqueados, decía el profeta Mateo, llenos de huesos y podredumbre, hipócritas.

Leo una nota publicada por Clarín sobre la cuestión de los jueces que fueron nombrados a dedo por Macri para todo servicio. No salgo de mi asombro: mencionan la inconstitucionalidad del propósito del Senado de revisar esas designaciones y hacer que tres de ellos regresen a sus puestos primitivos pero, increíblemente, ninguna mención a cómo fueron designados, luminoso ejemplo de desvergüenza informativa que se completa señalando que no se sabe quién, el gobierno o Cristina, que para Clarín está detrás de esa antirrepublicana maniobra, tiene sin duda la aviesa intención de impedir que esos probos jueves la manden a la cárcel, indiscutible destino, para ellos, al que se la debe, indiscutiblemente, para el diario, enviar. Con lo cual, además de engañar al honorable público, le hacen un flaco favor a esos tres jueces, que quisieran que los defiendan no porque ya tienen una sentencia preparada sino por ser justos, ecuánimes y conscientes de su sagrada función, imparciales y serenos, cosa que no pueden ser porque están jugados con el macrismo que carece de todas esas virtudes. Para amigos como ésos preferiríamos a los enemigos, puede ser que se digan. Y, por añadidura, cómo harán, ¡qué problema!, para seguir pegoteados con ese emplasto llamado macrismo cuando a diario aparecen hechos que describen un gobierno de delincuentes que no tuvo límites para saquear recursos del país, “pro domo sua”.

Que haya jueces que se hayan encharcado no debe asombrar, sucede en ese ámbito; tampoco que los “medios”, así los llaman, lo hayan hecho y lo sigan haciendo, para esos “medios” su razón de ser no es la ilustración del pueblo, o del público, que no es lo mismo, sino su propio temor a que les toquen el bolsillo; lo sorprendente es que haya gente, personas, seres que cuando abren la boca expelen lo que esos jueces dicen o lo que esos medio difunden. Se lo creen, parecen obnubilados y son capaces de arriesgar la salud, por no decir la vida, para que el gobierno no rescate a los agraviados por Vicentín, para que no trate de limpiar el sistema financiero, para que los ricos no tengan que oblar ese modesto impuesto, para que no se intente corregir los vicios del Poder judicial, para que no se  socorre a los necesitados que son millones. Amaestrados, no quieren, a falta de argumentos, que este país sea Venezuela y, sobre todo Cristina, el oscuro objeto del deseo, del deseo destructivo quiero decir.

Eso me lleva a hacer un anuncio solemne: se acaba de crear una “Quinta Internacional”, las cuatro precedentes están a lo sumo en el recuerdo de algunos melancólicos. Esta parece tener un porvenir brillante: es la “Internacional de los imbéciles”, que aparecen, los imbéciles, en las más diversas escenas nacionales y mundiales lo cual justifica la creación de la Internacional. El lenguaje oficial es el balbuceo, el objetivo básico es defender la riqueza de los ricos, el programa inmediato es atacar el principio distributivo, el ideal es proteger al pueblo de las infecciones intelectuales. Debe haber muchas imbecilidades más, oponerse al barbijo, reunirse en los bares preparados para imbéciles, leer La Nación, Clarín, Infobae y escuchar a Majul, Leuco, Morales Solá y otros de esa especie, curiosos engendros.

Por si faltaba algo vinieron los incendios; ya existían, en el Delta y un poco aquí y allá pero para Córdoba una espléndida oportunidad; en estos momentos, casi noventa mil hectáreas han sido afectadas. Me pregunto cuántos animales habrán muerto, cuántos pájaros, desolación. El fuego no llegó hasta nuestra casa: me pregunto qué habría sentido si se ensañara con el algarrobo cuadricentenario que nos protege de toda depresión. Al parecer no hubo prevención pero qué quiere decir esta palabra: el pre supone no sólo un antes sino una vigilancia, los incendiarios compulsivos o los fríos y calculadores, hijos de una voracidad capitalista que el fuego imita, que quitan flora y fauna para cosechar y hacer dinero rápido, o quieren construir barrios caros. O bien, prevenir es cuidar los equipos, formar gente, crear conciencia. ¿De qué o de quién hablo? Es como en un velorio aconsejarle al muerto que se cuide.

Y, entretanto, el encierro continúa y uno se levanta al amanecer, ya estamos en primavera y el sol llega cada día un poco más temprano, deseando una novedad alentadora, menos infectados, menos muertos, y renovadas esperanzas de que esto de lugar a nuevos modos más humanos de vida. ¿Sucederá?

Entretanto prosigue el drama, o tragicomedia, política, atizada por los incendios. Muchos, yo entre ellos, deseamos y esperamos que el gobierno de algunos pasos adelante y resuelva, por su lado o por el del Congreso, varios temas fundamentales: la contribución de los millonetas, la reforma del Poder Judicial, la designación del Procurador General, Vicentín, el Correo y algunos más. Creo que si lo resuelve pronto la pandemia retrocederá. Pensamiento mágico se dirá, qué tiene que ver: tiene que ver, tenerlos en suspenso hace pensar que la “oposición” avanza o que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. No quisiera que las esperanzas de una derrota del macrismo, mezcla de trampas y matufias, se alejen, confieso que estoy apurado, si el macrismo es una mala hierba hay que quitarla de raíz, hay que evitar que se convierta en una planta. Claro que no mediante incendios