por Sergio Corinaldesi

Está a la vista que a muchos argentinos sólo se les revela la naturaleza de este Gobierno mientras atraviesan la experiencia de padecerlo bajo su actual mandato. Para esos mismos argentinos dicha revelación sale a su encuentro, muda o más o menos simbolizada, mediante caracteres ordinarios, sobre todo, prepolíticos.

Aceptando irreflexivamente, sin (auto) crítica, una u otra reveladora presentación, los fulanos únicamente suspenden por un momento la parsimoniosa comodidad consumista que aman tanto como las moscas aman la mierda. Durante esta momentánea situación de padecimiento idiota –i.e., padecimiento sin conciencia política–, nada más que votos puede esperar la Oposición por parte de ellos. Pero hay dos Oposiciones.

Para los opositores, los hay, que quieren gobernar sin cambiar estructuralmente nada, semejante expectativa, sabemos, es más que suficiente, dado que con esos votos, suponen, podrán cumplir ampliamente con su aspiración de volver a ser reconocidos –dentro del Sistema de exclusión y de consumo irracional vigente– como parte de una cadena de cuasiperiódicos relevos. Se los puede ver, en el Parlamento y asomando sus cabezas a medida que este Gobierno empieza a hacer agua.

Es una cadena cuya continuidad sin rupturas, dos ilusiones simétricas, la ilusión de una virtuosa prosecución de lo mismo y la ilusión de una restauradora esperanza de lo otro –propiciada por el cansancio (o la sobreactuación) de lo mismo– buscan, alternativamente y de común acuerdo, asegurar para siempre.

Contrariamente, contra estas dos narcóticas ilusiones que ideológicamente intentan perpetuar el actual estado de cosas ya sea enmudeciendo o enmascarando de manera ordinaria o prepolítica todo fenómeno social problemático, la conciencia encarnada por la otra Oposición, la que sí desea cambiar las estructuras, debe necesariamente concentrar su acción reflexiva y (auto)crítica disolvente y desasimiladora (contraideológica) para, de modo ejemplar, promover –antes, durante y después de las elecciones y sin garantías de éxito– un denodado ejercicio de la misma acción intelectual por parte de sus circunstanciales votantes que los libere definitivamente de su padecimiento idiota y, al mismo tiempo, de su vulgar interés en restaurar su suspendida amorosa vida de moscas que se alimentan ya se sabe de qué.