Por Mirta Secondo

 

“El niño tiene 100 lenguajes pero al ingresar a la escuela les roban 99”                                                                           Francesco Tonucci

 

Este escrito se propone rescatar las anécdotas y relatos de quienes han revolucionado la educación, la literatura y el arte, para abrir la pregunta:

¿Cuán abierta al mundo está hoy la escuela?

 Gabriel García Márquez en “Vivir para contarla” nos relata que cuando estaban viviendo en Sucre cerquita del mar Caribe, sus padres decidieron que fuese a estudiar a Bogotá. Se embarcó entonces en el puerto de Magangué en el buque David Arango. Ese viaje tuvo que hacerlo de ida y vuelta durante 6 años por el río Magdalena.

“Cada vez aprendí más de la vida que en la escuela; a veces el buque encallaba hasta 15 días en un banco de arena, y allí una carta sellada del capitán bastaba para llegar tarde al colegio. Los viajes eran lentos y sorprendentes, los pasajeros nos sentábamos en las terrazas para ver pasar los pueblos olvidados, los caimanes tumbados con las fauces abiertas a la espera de las mariposas incautas, las bandadas de garzas que alzaban el vuelo, los manatíes que cantaban en los playones mientras amamantaban a sus crías. En los buques fluviales, los estudiantes terminábamos por parecer una sola familia pues nos poníamos de acuerdo para coincidir en el viaje, se armaban tríos y cuartetos y cantábamos hasta el amanecer”.

 El niño juega con el mundo. Francesco Tonuccci                                                                              

El juego en libertad implica aventura, sorpresa, riesgos y el superar los miedos. Nos habla de las potencialidades que cada niño tiene, que la escuela tradicional no toma en cuenta, porque hay una jerarquización de matemática y lengua.

Recuerda que su maestro siempre les hacía vaciar los bolsillos en clase porque estaban llenos de testigos del mundo, bichos, piedritas, bolitas, hojitas; para evitar distracciones.

Sería bueno que los maestros hagan todo lo contrario, que pidan a sus alumnos que traigan lo que tienen en sus bolsillos a la escuela, de esta forma la escuela se abriría a la vida.

La escuela debería ser el lugar para el descubrimiento de la historia personal y colectiva, donde cada uno encuentre lo suyo.

Porque los que no encajan en la escuela tradicional quedan etiquetados como los otros. El lugar de la escuela; fomentar el pensamiento crítico, trasmitir un método de trabajo y enseñar a cooperar.

La escuela no debería orientar los estudios hacia donde hay una demanda social. Es un error que el niño o el joven renuncie a lo que le gusta  para enfocarse en lo que demandan las empresas, porque dentro de 10 años no sabemos cuál va a ser esa demanda. Y además esos jóvenes pueden cambiar el mundo.

Tonucci ha implementado en las escuelas en las que trabaja que los padres entren no solamente para recibir información, sino para participar directamente, por ejemplo contando su infancia, la historia vivida, o en actividades como, carpintería, huerta, cocina, etc. En las reuniones de padres que habitualmente en las escuelas abiertas a esta propuesta, allá en Italia, se hacen en cenas, se debaten temas de la escuela y de la comunidad y la relación entre ambas. 

“La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra”  Paulo Freire

Paulo Freire nos cuenta que cuando era niño, las letras, los textos que fue incorporando, se encaramaban en el canto de los pájaros, en los árboles en los que se trepaba, en la lluvia, en el sonido del viento, en el color del follaje, allá en su Recife natal. Fue alfabetizado a la sombra de los mangos de la quinta de su casa.

Las palabras de los adultos formaban parte de ese contexto; cuando llegó a la escuela su maestra comprendió que no podía haber una ruptura, sino una continuidad con su lectura del mundo. Es lo que Freire llama la lectura de la palabra-mundo.

En la compresión crítica del acto de leer, en el proceso de alfabetización. “Las palabras deben venir del pueblo,grávidas de su mundo,cargadas de sus experiencias y emociones”

Hay docentes que traen la respuesta sin que los estudiantes le hayan preguntado nada. Si el modelo es autoritario, donde el maestro tiene la verdad, se reproduce el modelo de dominación.

El rol del docente, en cambio debe ser el de promover la curiosidad, ninguno tiene la verdad, es un proceso donde se construye el conocimiento.

Alfabetizar no puede ser a través de una palabra domesticadora sino una palabra liberadora, donde el sujeto adquiera una visión crítica de la realidad.

Freire propone una educación problematizadora.

 En una secuencia del film  “Una vita per i bambini” sobre la vida de María Montessori, primer mujer médica italiana a fines del 1800, nos la muestra cuando ya era miembro de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Roma y comienza a trabajar con los niños del asilo, que estaban etiquetados como “retrasados”.

Ella nota el ambiente en que vivían esos niños: la quietud, la falta de juegos y de afecto. Toma el compromiso de educarlos y lo primero que hace es hacerlos salir del encierro, que tomen contacto con el mundo que los rodea, con la naturaleza invitándolos a verbalizar lo que experimentan; juega con ellos, los conoce. Diseña materiales concretos para trabajar los conocimientos generales y el lenguaje, propone un aprendizaje sensorial del mundo para luego contarlo y escribirlo.

Llegado el momento del examen en un Instituto, el profesor examinador le dice a Montessori que será igual de exigente que con los niños “normales”. Resultado los niños del asilo sacan mejores calificaciones que los llamados “normales”.

El examinador le pregunta a María cómo puede ser posible, a lo que ella responde: “Preocúpese usted por sus métodos de enseñanza con los niños “normales”, no del mío con los que usted llama “retrasados”.

 

Leonardo Da Vinci. El vuelo de la mente de C. Nicholl

Leonardo, pintor, dibujante, escultor, arquitecto, inventor, anatomista, escenógrafo, músico y filósofo se describe a sí mismo como un “uomo senza lettere”, ironizado sobre su falta de educación formal.

Leonardo se siente orgulloso de no haber recibidos de otros la educación en forma de idea preconcebida, se nombra como discípulo de la experiencia.

“El pintor debe salir al campo, sentir el ardiente calor del sol; de otro modo no podría captar los reflejos de los lugares luminosos, ni vería los valles sombreados.”

Leonardo es un hombre de su tiempo y de su lugar, fines del Quattrocento pleno Renacimiento Italiano. Investiga, lee sin cesar sobre filosofía, matemática, física, prosa, poesía, gramática, anatomía.

En sus incios su formación transcurrió en un taller, el de Verrocchio y no en una universidad, la bottega allá por 1460 en Florencia era un lugar de encuentro de artistas, un foro de discusión, un semillero de nuevas técnicas e ideas.