Por Emma Le Bozec

“Lo que no se hace sentir no se entiende                                                   

 y lo que no se entiende no interesa”                                                    

Simón Rodríguez                

Es ésta la situación más compleja y difícil que tendrán que enfrentar los equipos docentes. Ahora más que nunca habrán de preguntarse por el sentido de la práctica educativa, esperemos que la respuesta evite el lugar común del apostolado, y lo ubique en el terreno de lo socioeducativo, para poder construir el presente y el futuro de niñas, niños y adolescentes. Si entendemos a la práctica educativa como una relación entre seres humanos en la cual entran en juego algunos conceptos básicos y distintas formas de hacer, ese sentido sólo puede aclararse al analizar que “No se puede aprender de alguien en quien no se cree” y que es necesario “compartir, no invadir”. Esto es extensible al vínculo entre colegas, para evitar el “aislamiento” de la práctica docente.

No criticaré acá las prácticas educativas actuales, porque no se puede caer en la descalificación del trabajo que, contra viento y marea, viene dando buenos resultados. Sin embargo, debemos reflexionar acerca de que, como la mayoría de lxs alumnxs tienen el dominio de algunos saberes, eso los hace sentir que podrían prescindir de la labor docente, pues en sus hogares pueden sortear cualquier tipo de curiosidad consultando al Google desde el celular. Ésa es la trampa que nos desafía hoy, más que nunca, porque existen varias cosas para las que el “motor de búsqueda” no sirve. La más importante e irreemplazable de esas actividades es la de relacionarse entre humanos/ as, tanto entre pares como entre adultos que enseñan o que cumplen otras funciones dentro del ámbito escolar, y conforman vínculos asimétricos con lxs niñxs y adolescentes. Para eso no hay Google que alcance, pues sigue siendo la socialización la reina de la labor educativa y lxs docentes ejercen el rol de mediadores. Como si eso fuera poco, además, deben enseñar los contenidos de todas las áreas, de una forma sistematizada con la que el buscador no puede competir. Para ello, es imprescindible comprender que “no hay prisa”. Nada sería más erróneo que la fea costumbre de “correr tras los contenidos del currículum escolar”.

Me puse a imaginar con qué panorama se van a encontrar educadores y educadoras, incluso quienes han llevado adelante por años prácticas educativas exitosas. Pensemos que si al regreso de las vacaciones, fue siempre arduo y dificultoso retomar el ritmo escolar, ahora lo será más aún. Se trata de tener en cuenta que lxs alumnxs con “trayectorias fragmentadas” no son unxs pocxs, sino que ahora todxs lo son. De manera que nada es más importante que crear el ámbito propicio para aprender y lograr la atención de todes. Por tanto, es imperioso definir a les alumnes como “sujetos deseantes”, lo que permitiría evitar el desgranamiento, que ya venía ocurriendo antes de la pandemia, y poder sostener a todes les estudiantes. Como resultado, nos vamos a encontrar con un panorama de mayor inequidad, ya que “la pandemia macrista” la ha profundizado con el abandono del programa “Conectar Igualdad”, por el cual lxs estudiantes dejaron de recibir las netbooks (también se dejaron de reparar). Una buena noticia es que el director de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), envió una carta al Consejo de Niños y llevó su propuesta al gobierno, que terminó aprobada como una nueva ley. Es una evidencia de cómo la palabra de lxs niñxs puede entrar en la política de adultos. La conexión a Internet no puede ser la “suerte” de algunxs pocos, debe ser un derecho, y hoy en pandemia es una necesidad.  Además, el Estado dejó de distribuir libros a las escuelas y valiosos materiales didácticos para la enseñanza de las ciencias, que durante los gobiernos de 2013 a 2015 nutrieron las bibliotecas escolares y áulicas, los laboratorios y otros espacios pedagógicos (92 millones de libros, proyectores, televisores, computadoras, CDs, elementos para laboratorios, etc.) 

Sin embargo, lo primero a preguntarnos es ¿Qué significa aprender? Considero que lo más importante es acercar la práctica educativa a la vida. Simplemente pensemos ¿desde dónde se aprende? Entiendo que desde la vida cotidiana. Somos los seres que nos rodean, los espacios, los objetos, los recuerdos, las experiencias personales y grupales, los sueños, las desilusiones, las expectativas… Lo público resulta demasiado abstracto. Se facilita el aprendizaje cuando conceptos y prácticas se acercan a nuestro corazón y a nuestra piel, cuando podemos construir desde lo que sabemos hacia lo que no sabemos, desde nuestros esquemas mentales hacia la incorporación de recursos para interpretar hechos y situaciones. No es igual enseñar cosas distantes que sobre el mapa de nuestra propia casa, del barrio, la ciudad. Las relaciones cercano-lejano son un elemento clave para el aprendizaje. Otra relación clave es la personalización-despersonalización; un discurso personalizado tiene la virtud de tocar las cuerdas más vivas de los afectos y del sentir. Los y las educadores/as son trabajadores del discurso. Su destino es la expresión y su principal herramienta es la palabra, ya sea cuando dan clases, cuando escriben o cuando escuchan. Por eso es necesario crear “textos sociales”, tanto orales como escritos. Es social un texto por donde pasa el sentido, un sentido ligado al aprendizaje. Acá aparece otra relación clave: “el discurso pedagógico”, es decir, las propuestas teóricas, metodológicas y prácticas, destinadas a promover el aprendizaje. Recordemos que poco vale una enorme cantidad de información si no se la puede compartir con agrado con el/la interlocutor/a. Para comunicarse con les alumnes se necesita una ciencia y a la vez un arte. Y así, aparece otro elemento, el de la mediación pedagógica. En educación no se avanza de modo lineal, sino con la sabia estructura del caracol, por eso la mediación pedagógica tiene que ver con una educación concebida como participación, creatividad, expresividad y relacionalidad.                                                                                                         

Otra pregunta obligada sería ¿Cuáles son las instancias del aprendizaje? Aquí sería bueno que analicemos las siguientes instancias: con la institución, con el/la educador/a, con el texto, con el grupo, con el contexto, y consigo mismo. Parece ser que en este contexto de pandemia ésta es la instancia que se va a devorar a las demás. Habrá que incorporar a esta tragedia contextual nuevos vocablos: burbuja, clases virtuales y presenciales, zoom, protocolo, barbijo, distancias, lavado frecuente de manos, alcohol en gel, etc., etc.

No obstante, el juego pedagógico no puede prescindir de lo lúdico, de la alegría de construir… porque ya debemos dejar de lado los abrazos, los besos, las caricias, algunos hábitos entre compañeros y compañeras y hasta aprender a convivir con los miedos y los cuidados. Por consiguiente, es importante establecer acuerdos mínimos entre lxs participantes de un proceso educativo. Asimismo, en los niveles inicial, primer y segundo ciclos de la primaria, hay que incluir a los padres y las madres. La educación no es sólo un problema de contenidos, hay que construir el texto, la expresión, lo lúdico, saber esperar, no forzar a nadie, partir siempre del otro o la otra, compartir, no invadir, el sentir y el aprender, la creatividad, trabajar intensamente pero sin tensiones. Todo esto requiere de un ambiente educativo donde no haya prisa, y donde se dé lugar a lo imprevisible. ¿Acaso hay algo más imprevisible que el cambio de Fase 1 a Fase 2 o a Fase 3, para el retorno a las clases?  Apelo no sólo a educadores y a directivos, también a los padres: se necesita mucha inventiva, mucho amor y paciencia.