Por Alejandro Mosquera

El 17 de octubre parece funcionar como un estímulo para retomar iniciativa. Sea virtual o en caravana el protagonismo militante, social, de los miles de agrupaciones que conformar el movimiento produce en si mismo un cambio en el debate y en los conflictos que vive nuestra sociedad.

El Frente de todos y la coalición de gobierno necesitan repensarse en términos de los desafíos de la época que nos tocó vivir. El diagnóstico sobre la catástrofe que no legó el tercer ciclo neoliberal es compartido por la gran mayoría de los componentes del frente, también  los efectos terribles de la pandemia sobre la economía y las relaciones sociales. Sin embargo, la falta de la discusión previa en el Frente de todos del rumbo de la coalición ahora de gobierno no estuvo clara. Sumado a ello que hasta ahora el frente no se convirtió en una fuerza política diversa pero integrada, con formas de discusión y participación en las decisiones.

Hay quienes sostienen que la integración plural, la discusión de rumbo se da en los bloques legislativos y en la relación con el ejecutivo, en la discusión con los intendentes y gobernadores. Y con eso basta. ¿basta? La vida, la práctica, da cuenta que no alcanza, que esa mirada incluso de los bien intencionadas se reduce la batalla por sacar al país del abismo como un problema solo de conducción y no de protagonismo popular. Y sobre todo que no da cuenta de la grave situación que vive la región, de los avances de las ultraderechas en el mundo, y de la política de desestabilización de los regímenes nacional populares por parte de la administración de Trump.

A la vez sacar al país y su gente de las penurias económicas y sociales, encender la economía, disponer de los fondos públicos necesarios para estimular la producción, el mercado interno, crear trabajo necesitan un claro rumbo político, retomar iniciativa, instalar una agenda popular y reconocer que ello conlleva a un conflicto de intereses con el 1% que solo piensa en maximizar su ganancia, aunque ello lleve a proponer el viejo sueño oligárquico de que en Argentina sobra gente.  Es rumbo para concretarse necesita salir del punto de vista político de una visión evolucionista de la acción, el país, el frente, el gobierno necesitan producir saltos que cambien la situación y la percepción de propios y extraños sobre hacia donde vamos.

Hay que defender la democracia y al gobierno frente al ataque de la ultraderecha económica, política y cultural de adentro y de afuera, y también dar la pelea y el aporte por el rumbo.  Sin democracia, sin defensa de la institucionalidad y el gobierno nuevamente esta el infierno neoliberal, y si no hay un rumbo más enérgico en la construcción del país mas igualitario, federal, con desarrollo productivo y trabajo, sin las transformaciones que necesitamos es más difícil la defensa y corremos el riesgo de olvidar en algún momento para que se conquistó el gobierno.

El Frente necesita institucionalizarse, no en el sentido de burocratizarse, sino de crear las instancias de debate y decisión en todos los niveles desde la nación hasta cada barrio. Y allí desatar la potencia revolucionaria de la democracia.  Se nos dirá que ya paso la época donde la convicción de que la organización vence al tiempo era un credo de todes, que esta demodé, que todo se resuelve en el ágora de los medios de comunicación. Que los partidos, organizaciones populares y movimientos dejaron su lugar, que solo son instrumentos electorales, y que la mayoría se expresa por individuos virtuosos u ocurrentes.  Todo para que el pueblo no se organice, para que pierda fuerza la participación colectiva.

El 17 aún en las condiciones actuales es una oportunidad. Por eso marchamos.

Porque nos nutrimos de la historia de las y los trabajadores que para enfrentar a la oligarquía y reclamar la libertad de su líder se constituyeron en sujetos colectivos de la política cambiando así el sueño de las elites de gobernar sin la argentina real.

Porque queremos y tenemos la obligación de defender la Patria, su democracia, la voluntad popular y el gobierno de los intentos de desestabilización, de generar caos y desorganizar la vida social para tratar de imponer su programa en beneficio del 1% más rico y poderoso y el dolor y la pobreza para las mayorías.

Porque defendemos la Soberanía Nacional frente a los que pregonan la posibilidad de desintegrar parte del país cumpliendo el viejo sueño imperial.

Porque queremos recuperar la Soberanía económica, educativa y científico tecnológico.

Porque queremos la libertad de los presos políticos y una justicia independiente de las grandes corporaciones empresariales o mediáticas.

Marchamos porque hay que auditar la deuda externa porque nadie está obligado a pagar una deuda fraudulenta y odiosa.

Porque somos parte de la Patria grande, la defendemos y cuidamos contra las agresiones de afuera y las ultraderechas de adentro. Marchamos por Bolivia, por Chile, por Venezuela, por Ecuador, por Brasil. Por tantos compañeros perseguidos, por tanta valentía, por tanta resistencia.

Marchamos, entre todos, para decir basta de Impunidad de los endeudaron y fugaron ilegalmente miles de millones de dólares. Tanta impunidad de los que destruyeron la producción nacional, la ciencia y la educación. Tanta impunidad de los que diseñaron un sistema de espionaje y lawfare para demoler opositores.

Marchamos porque hay que construir un país nuevo donde no haya pibes con hambre, donde el trabajo sea un derecho de todas y todos. Donde todas y todos tengan un pedazo de tierra para construir su casa o su chacra. Un país más igualitario, más federal, más democrático.