Por Alejandro Mosquera

Oficialismo y oposición fueron a rendir examen ante el Council of Américas, la asociación del establishment donde se integran grandes grupos y corporaciones del capital financiero, bancos, de la energía y la tecnología, entre otros rubros. El grupo fundado por David Rockefeller para defender el libre mercado y la gran empresa privada, es decir, para defender sus intereses y socavar la autonomía de los estados de américa latina.

Entre las exposiciones estuvo la de María Eugenia Vidal, que además de pedir inversiones como todos y en tono de campaña electoral como la mayoría, en su renovada alianza con el expresidente Macri sostuvo sin sonrojarse la defensa de los dueños de Vicentín frente al estado que intervino la empresa y amagó con recuperar, vía nacionalización, las deudas que tienen con el pueblo argentino. Con cara dura de “libertaria” defendió a empresarios acusados de estafar al estado, a los productores que son acreedores y al país. Por supuesto que todos sabemos que está comprometida en defender y lograr la impunidad de Macri y funcionarios del Banco Nación por las ilegalidades de prestar el dinero de todos a los propietarios de Vicentín.

Para ser coherente la exgobernadora dejó claro que enfrentará cualquier intento de cambiar la justicia. Es decir, en nombre de la república se sostiene un poder judicial vaciado de independencia, colonizado por intereses de las corporaciones, alejado de los intereses de la Nación. Un poder judicial que en puestos claves está dispuesto a sostener la impunidad de Macri, de los ministros y ceos.

De nuevo la candidata que trata de ganar los votos de la ultraderecha repite el mantra del dogmatismo neoliberal sobre que la inflación tiene que ver con el déficit fiscal, haciéndose cargo así de que la propuesta de Juntos por el Cambio es profundizar las políticas de ajuste del gasto público.

Queda claro que la derecha y ultraderecha no tienen nada nuevo para ofrecer, son las viejas recetas que una y otra vez impusieron en el país y llevaron a desastres para los argentinos y ganancias para un 1% poderoso y concentrado. Se disputan quién porta mejor las banderas de las políticas ortodoxas, hablan en forma altisonante para disimular que son lo peor de la historia nacional. Declaran, una vez más, la guerra contra el estado y la posibilidad de políticas igualitaristas.

El poder concentrado, las empresas poseedoras de medios de comunicación hegemónicos en alianza con la derecha política marcan la agenda pública. Y cuanto más se cierra el Frente de todos en hacer una campaña solo en los medios , sin la potencia y creatividad popular que a la vez de apoyar le va a exigir, más acepta las condiciones de quienes construyen el intento de su derrota.

Todos los días surge un nuevo tema que distrae y evita la real discusión del rumbo del país para poner para que no se discuta el rumbo del país. No es solo para que no se discuta la responsabilidad de Larreta, Vidal, Santilli en la catástrofe económica, social, productiva y educativa del gobierno anterior, sino para que el debate sea intrascendente, que no se recreen las grandes causas que impulsan a los pueblos y las mayorías a ser protagonistas.

Ahora el “problema” nacional es una maestra que discute enojada con un alumno sobre la historia reciente. Puede ser que el tono no haya sido correcto, pero esa maestra (y seguramente su alumno, aunque no comparta), como millones es una víctima de tanta agresión del macrismo a nuestro pueblo. Una víctima que comparte con tantos compatriotas que una parte de la justicia ha sido un instrumento de persecución contra opositores políticos y sociales. Víctima de la época de la posverdad, de la agresión sostenida diariamente contra la subjetivad de los argentinos.

Los estafadores, los industricidas, los endeudadores y fugadores, los victimarios libres hablando en los medios de comunicación, en muchos casos con periodistas que son sus empleados, con jueces y fiscales amigos que los protegen… y una maestra de La Matanza que se enoja, es la investigada. ¿Ese es el país que queremos?