por Ruben Lamas

Corren tiempos en que a las mentiras se la llama pos verdad,  a ciertos hechos históricos relevantes se los considera  el último, por lo tanto se deduce que nos encontramos ante el fin de la historia, y por si fuera poco toda clase de profetas berretas, nos ofrecen autoayuda para ser feliz, hacer dinero, superar  enfermedades, resolver conflictos personales, etc. etc.

Semejante aluvión de información, más precisamente desinformación, obviamente entorpece la mirada racional y el buen criterio sobre  el acontecer de hechos cotidianos, que por hallarse naturalizados,  no son  pensados con el debido sentido crítico.

Me refiero a toda la complejidad de los problemas  del medio ambiente a nivel global.

Nuestro sentido común da por sentado y por naturalizado, que el agua potable es abundante, ni siquiera pensamos en ello,  bebemos, nos bañamos, baldeamos la vereda con total naturalidad. Cada tanto así como al pasar se nos habla del cambio climático, de pronto la noticia del día es una inundación o una sequía, o un incendio de campos en lugares remotos, que muestran por televisión animales muertos, cada tanto un barco petrolero derrama su contenido en el mar, una ola polar azota Europa con veinte grados bajo cero, y otras noticias por el estilo.

En realidad el planeta, que  es la casa común que todos los seres vivos compartimos, parece que nos hace ciertas advertencias, que ponen en evidencia  límites de tolerancia respecto de la incidencia del altísimo impacto ambiental de nuestras acciones.

La humanidad en su conjunto, es responsable del cuidado del medio ambiente, en tanto especie supuestamente racional.

La explotación de los recursos naturales, como la pesca, la agricultura, la ganadería,  y la minería, tienen raíces ancestrales en las civilizaciones más antiguas, y constituyen un bagaje  de saberes y culturas difundidas en todo el mundo.

Hoy en día el impacto ambiental  del accionar humano se está haciendo notar, por un lado la población mundial aumenta progresivamente por lo que hay mas bocas que alimentar, y se producen más desechos,  un elemento natural como el agua dulce que solo es un mínimo porcentaje del agua total del planeta, empieza a ser un recurso escaso, y comienza a generar situaciones críticas en lugares donde hasta ahora no se habían registrado problemas de abastecimiento.

Los promedios de temperatura de los océanos se están incrementando por efecto del recalentamiento global, y en esos mismos mares hay islas de plástico flotante constituidas por desechos que no solo contaminan las aguas, sino que además ponen en peligro la fauna marina, cuya pesca escasea en ciertas zonas.

La agricultura, si bien ha mostrado enormes aumentos en los rendimientos por hectárea, plantea varios problemas, por un lado se lleva a cabo bajo la forma de un paquete tecnológico constituido por semillas genéticamente modificadas, inoculo, y agroquímicos con potentes efectos tóxicos, alérgicos y cancerígenos. Estos tóxicos son rociados por doquier afectando a las poblaciones cercanas a los cultivos, en nuestro país este fenómeno reviste características propias de un caso de estudio a nivel global. Como siempre estamos “flojos de papeles” , por lo que hay pocos datos estadísticos, pero el cultivo de la soja que se intensificó desde hace aproximadamente veinticinco años, tiene a estas alturas el efecto acumulado de año tras año de una combinación nefasta de malas prácticas, como son el desmonte de la vegetación nativa, monte y bosque, fumigación, y monocultivo.

Pronto aparecerán las malezas e insectos resistentes, pues las mutaciones son la consecuencia directa de la adaptación a las condiciones ambientales impuestas.

La tierra cultivable como recurso en sí mismo no es inagotable, por el contrario es un bien  mensurable, y debe cuidarse mediante  su explotación racional para que no se pierda.

Las inundaciones actuales en el norte del país arrastran consigo la capa fértil del suelo y  los agro tóxicos residuales, por lo que contaminan las aguas de los ríos, y se observa por ello una gran mortandad de peces.

Las enfermedades emergentes, como el dengue, leishmaniosis, ehrlichiosis, tuberculosis resistente,  la amenaza del retorno de la rabia urbana, se encuentran todas asociadas al cambio climático, y otros factores ambientales.

En definitiva, todo lo antedicho representa un gran desafío desde el punto de vista técnico y político a la hora de tomar decisiones, respecto de que cosas hacer y qué otras cosas dejar de hacer en la búsqueda de métodos de explotación racional de los recursos, tal vez haya que modificar los modos de producción, e inclusive los hábitos de consumo, ¿pero cuantas cosas innecesarias o prescindibles se consumen regularmente? ¿Es una buena práctica, que muchos productos sean descartables?

Quedaría todavía pendiente todo el capítulo de la incidencia del quehacer industrial, pero en definitiva, afrontar estos temas requiere una superación de parámetros pre establecidos, ya que no se trata de una discusión clásica de izquierdas y derechas, aquí se plantea un desafío respecto de la supervivencia de la humanidad, y las otras especies  animales y vegetales que nos acompañan en el planeta, gracias a las cuales hemos sobrevivido como especie.

Por sobre todas las cosas debería imponerse un nuevo criterio de análisis, tal vez la ecuación viable nos obligue a re pensar las cosas, y nos ponga ante un nuevo paradigma donde el logro de los objetivos deseados no se valoren  solo como un resultado económico, sino como la preservación de la vida en su conjunto, como consecuencia del aprovechamiento racional de los recursos.