por Alejandro Mosquera

¿Qué se discute en la campaña? Hay una disputa entre los dos polos principales para situar cual es la agenda publica hacia las PASO primero y luego hacia octubre.

El gobierno opera sobre el sentido común modificado en años de transformación social y tecnológica y en el territorio ganado en estos años de su gobierno. Mas allá de lo evidente de los discursos de sus principales espadas lo lógica interna y coherente es estimular el miedo en la sociedad. Miedo a volver al pasado, miedo a ser Venezuela, miedo a que el proyecto colectivo del Frente signifique perder la individualidad, miedo a Cristina, miedo a Alberto, miedo a Dady y Mempo. Miedo al peronismo “no republicano” …

 

Ayudados por el poder mediático, consultores y encuestadores, elige el oficialismo la cancha de la moderación, de disputar el centro como lo políticamente correcto e inteligente. Se sostiene que los núcleos duros de cada polo están sólidos y sordos a cualquier debate que cuestione su opción política. Por lo tanto, queda disputar el tercio de los desconfiados e independientes.  Casi como un cassette se repite en todos lados sin distinción ideológica. La “trampa” es que una vez aceptada la cancha donde se juega el partido tanto por la oposición como por la sociedad, se naturaliza el escenario y desde allí se siente fuerte el oficialismo para demostrar que el Frente, el peronismo, el nacionalismo popular no representan esa moderación. Ello exige entonces un nuevo ciclo de demostración de la inteligencia para pelear el centro, mas moderación, menos CFK, menos potencia transformadora de las fuerzas populares. Y el ciclo vuelve a comenzar.

Construida la cancha pretende que discutamos la paz cambiaria, la inserción en el mundo y los apoyos de Trump y el FMI, como si fueran una fortaleza, especulando que nadie que vaya al gobierno va a ser critico de los EE. UU. o del Fondo o de los neoliberales europeos.

Rechaza la discusión de la economía, pero no de los economistas bajo sus reglas y bagajes conceptuales, incluso la estimula. Por supuesto bien separado de las necesidades reales de nuestro pueblo, de sus sectores productivos y del trabajo, de las familias y la catástrofe social, educativa y sanitaria que nos dejan.

Insiste en que discutamos la grieta y obligar a responder que se la quiere superar, aceptando el enfoque que ellos construyeron y muchos del campo popular aceptaron. Varias veces hemos repetido desde esta columna: la grieta es una estrategia discursiva para ocultar los reales conflictos que vive nuestra sociedad. Ni siquiera expresa los sectores en pugna, sino que los desdibuja.

Cada error no forzado de este lado será utilizado al máximo para disciplinar al conjunto. Ese es el efecto buscado cuando se ataca a Zaffaroni, Mempo o Dady. Por supuesto que sus ideas pueden o no compartirse, esa no es la cuestión, el mensaje que se construye es que “ser inteligente” es moderar la potencia del discurso popular y resistente de estos años. Intentan obligar a que las formulas discutían sobre eso y no sobre la realidad social y las propuestas para salir de los efectos devastadores de la política oficial.

El proceso hacia las elecciones y sus resultados están construyendo un nuevo escenario, también nuevos actores. Dentro de cada polo se van gestando espacios políticos que se articulan de modo diferente a los preexistentes. El Frente de Todos no es una ampliación de Unidad Ciudadana, es otro frente y en su diálogo interno, en sus pujas, en su coherencia, se ira revelando su capacidad tanto para triunfar como para gobernar.

La disputa para ganar las elecciones, derrotar al neoliberalismo y construir un país mas justo y soberano no es solo una cuestión de las elites, dependen del protagonismo social, de su organización, de su comprensión de la etapa y de la construcción de la relación de fuerza para hacerlo posible.

“Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo; Organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”. (Antonio Gramsci)