Por Alejandro Mosquera.

El Frente de Todos se apresta a ser gobierno en el medio de una puja en toda américa latina, donde el neoliberalismo ve horadada su base de sustentación social y recurre a la políticas represivas y autoritarias para mantenerse en el poder. A la vez los halcones de EE. UU. buscan demoler las experiencias nacional populares sobre la base de las guerras de inteligencia y sabotaje, del lawfare y condicionar a los nuevos gobiernos democráticos. El golpe de estado en Bolivia es parte de esa cadena de acciones y muestran el carácter de sus promotores.

Las practicas golpistas avaladas y promocionadas por Trump, y los caminos de conspiración contra la democracia de la ultraderecha regional, con la utilización de las fuerzas de seguridad y policiales como ariete del caos y desgaste, y luego la represión, obligan a desechar ciertas teorías ingenuas que proclamaban que se habían abandonado las practicas golpistas en nuestra región. Que las nuevas derechas eran democráticas y republicanas, y que, si bien expresaban políticas neoliberales y de ajustes, eran sostén de una era sin golpismo.

El nuevo gobierno necesita encontrar los caminos para consolidar y agrandar el respaldo en las urnas con un bloque social y político que apunte a garantizar la gobernabilidad y el desarrollo productivo y humano después de la catástrofe macrista.

Defender y asegurar la democracia exige su transformación. Necesita superar las tendencias que imaginaron que la política se refugiaba y expresaba casi exclusivamente el ágora de los medios hegemónicos y en las redes sociales. Una democracia consustanciada con las demandas sociales exige de la participación ciudadana, su organización, una fortalecida sociedad civil.

La gobernabilidad que se pregona desde el poder es la del consenso conservador que sostiene que en el mundo globalizado solo se puede ser neoliberal, que los márgenes para izquierda y derecha solo son para ser más sensible socialmente o mas crueles. Pero ninguna experiencia “sabia” de gobierno puede correrse de las coordenadas fijadas por el discurso único.

Desde el poder le recomiendan al futuro gobierno la máxima moderación, una alianza con el Macrismo del 40% para sostener un programa de colaboración. Y que se desprendan de los sectores mas ligados a la experiencia populista o las distintas vertientes de la izquierda popular. A la vez intentan convertir  cualquier diversidad  necesaria y plausible dentro del Frente de Todos para promocionar e impulsar  la división en su seno.

Por el contrario, nuestro pueblo necesita conservar y extender la unidad. Volverla a forjar todos los días, tanto a nivel dirigencia como en los distintos ámbitos sociales.

Una de las exigencias de la etapa, para defender el gobierno, fortalecer el frente y profundizar la democracia es construir una convergencia de quienes desde miles de agrupaciones, colectivos, organizaciones, movimientos trabajamos por mas igualdad, por la defensa de la tierra y el clima, por una patria grande unida y soberana, por el desarrollo federal y equilibrado del país defendiendo el arraigo como un derecho individual y colectivo, de quienes defendemos el proceso de memoria, verdad y justicia.

Unidad de quienes defendemos el derecho a la igualdad de las mujeres y todas las diversidades. Unidad de quienes creemos que es necesario transformar la justicia para que sea real, independiente y para todos. Unidad de los que sostenemos que los recursos naturales son del pueblo. Unidad de los pensamos que es posible una producción agropecuaria con rostro humano, y que la industria nacional y el desarrollo científico tecnológico es base de la soberanía nacional.

El desafío nacional y de la región nos exige superar las pequeñas formaciones, necesitamos ser mil flores articuladas, construyendo juntas. Y así ganar peso en los rumbos de la etapa que se abre, en la profundización de la democracia, y en la construcción de formas participativas de organización y decisión.

La Corriente que estamos construyendo con partidos, movimientos, agrupaciones, personalidades, nace para aportar en ese sentido. Nace para protagonizar la transformación.  El documento que publicamos en este número de nuestra revista es una excelente base para prologar el proceso de unidad. Es un punto de arranque cuya originalidad está dada no solo por el contenido sino por la forma de la construcción.